POR TEMOR A LOS ATAQUES
Ocho de cada diez rosarinas evitan salir solas de noche
La inseguridad en el espacio público es una preocupación de todos, pero parece afectar más a las mujeres: a la posibilidad de sufrir un arrebato o un robo, se suma la de ser víctima de un ataque sexual.
04.06.2010 | 06:51 hs. · Fuente: La Capital
En los barrios, la mayoría ha tenido que trazarse estrategias que van desde "cuidarse de cómo ir vestidas" hasta directamente evitar salir solas. De hecho, una encuesta realizada a 718 mujeres de los distritos sur, oeste y noroeste en el marco del Programa Ciudades Inclusivas y Género revela que el 82 por ciento no pisa la calle sin compañía después de que cae el sol.

Lo que podría pensarse como una actitud paranoica tiene su explicación. Por ejemplo, el hecho de que 8 de cada 10 chicas de entre 15 y 19 años admitieron haber vivido algún tipo de violencia sexual en el último año. Tomando todas las edades, esa experiencia alcanzó al 58 por ciento de las encuestadas.

En esa categoría de violencia no sólo entran los ataques más duros, como violaciones, abusos y manoseos, sino también otro tipo de agresiones que incluso hasta a las propias mujeres les cuesta reconocer como tales: por ejemplo, que uno o más hombres las sigan, les muestren los genitales, las apoyen en el ómnibus, o les digan o griten piropos obscenos.

Pero que una ciudad o un barrio sea especialmente inseguro para la mujer no sólo implica que ella tenga riesgo de recibir una agresión sexual, sino que aumente la chance de ser blanco de cualquier otro tipo de ataque por su propia condición de género: de robo, arrebato y hasta homicidio.

"Y eso que el gobierno local lleva años desarrollando políticas para fortalecer la igualdad de oportunidades y frenar la violencia de género", señaló Paola Blanes, miembro del equipo de Ciudades Inclusivas y Género que en Rosario lleva adelante desde 2006 Cicsa-Coordinación de la Red Mujer y Hábitat para América latina, junto al Area de la Mujer.

El programa (como el de Ciudades sin Violencia hacia las Mujeres, Ciudades Seguras para Tod@s) es financiado por el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer y se desarrolla en tres sitios de América latina (Rosario, Bogotá y Santiago de Chile) y tres de Asia, Africa y Europa.

Por tres. En Rosario, los distritos donde el programa está en marcha con intervenciones participativas son el oeste, el noroeste y el sur. En esa última zona, el domingo próximo habrá una jornada para presentar el programa (ver aparte).

Como su objetivo es que la población femenina se sienta libre y tranquila para transitar y gozar del espacio público, las intervenciones apuntan a lugares de los distritos que las mujeres perciben como especialmente inseguros.

¿Ejemplos? Plazas y hasta simples esquinas virtualmente copadas por grupos de varones que se juntan para consumir drogas o alcohol; áreas del barrio sin luz, sin mantenimiento, con malezas o excesivo follaje; vías y puentes; áreas industriales o descampados; posibles escondites como autos abandonados, basurales y hasta garitas de colectivos.

A esos factores físicos se suman otros menos tangibles, pero igual de conspiradores: ómnibus que tardan o nunca pasan, taxis que no ingresan a ciertos barrios, falta de señalización (paradas de colectivos y hasta nombres y números de calles) o mantenimiento deficiente del barrio.

La lista sugiere que cualquier espacio cotidiano puede volverse un lugar peligroso para las mujeres. Lo paradójico es que, cuando ellas vuelven a ocuparlos, cuando se reapropian de la calle, cuando se "empoderan en el uso y disfrute de la ciudad", los riesgos disminuyen para todos.

Por eso en cada uno de los distritos también se fortalecieron las redes de mujeres: promotoras territoriales de una ciudad no violenta, sin las cuales los programas serían letra vacía. La meta es ir incorporando "perspectivas de género incluso en el planeamiento urbano", afirmó Blanes.

"Son procesos de largo aliento, que arrancan con intervenciones mínimas e implican una construcción lenta y un sostenimiento permanente", explicó otra integrante del programa, Silvina Gonnet.

Y las constructoras son, justamente, mujeres. Como Sara González y Silvia Oviedo, por ejemplo, integrantes de la Red de Mujeres del Sur, que dicen estar "orgullosas" de lo que hacen. Básicamente, caminar el barrio, charlar con sus pares y respetar sus tiempos sin apurarlas jamás. Sobre todo, recordarles que no están solas.
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