OPINIÓN
Con la raqueta, David es Miguel Angel
09.08.2010 | 09:47 hs. · Fuente: La Nación
En 2006, una derrota con Marcos Baghdatis marcó un punto de inflexión en su carrera. Era el N° 4 del mundo. Había terminado el año anterior con el espectacular triunfo ante Federer en la final del Masters de Shanghai. Sin entrenamientos y casi de vacaciones, aceptó jugarlo debido a la gran cantidad de deserciones por problemas físicos. Después de dar el golpe, descansó y reacomodó su calendario. Arrancó directamente en el Abierto de Australia. Más allá de un susto inicial, se metió tranquilamente en semifinales. Su rival fue un sorprendente chipriota, que presentó su personalidad divertida, un juego muy parecido al suyo y una imponente novia en su palco. Como claro favorito del duelo, impuso las condiciones. Se quedó con los dos primeros sets y se encaminaba a su segunda final de Grand Slam (Wimbledon 2002 contra Hewitt).

Sin embargo, la revelación del torneo cambió los planes y llevó al match al quinto set. Volvió a tomar las riendas y se puso 4 a 2 en el decisivo. No pudo ganar un juego más. 3-6, 5-7, 6-3, 6-4, 6-4 y final para Baghdatis. Roger Federer (en ese momento 4-6 en el historial personal) no sufrió a su némesis en la instancia definitiva y levantó el trofeo. Nunca estuvo tan cerca de pelear por el número 1 como en aquel primer semestre de 2006.

Llegó al tercer lugar con semifinales en Miami (Ljubicic), Roma y Roland Garros. Las dos derrotas ante Federer sobre polvo de ladrillo (en París abandonó por lesión) le pusieron el límite a su ranking. Terminaría aquella temporada como top ten y con una estupenda actuación ante Rusia en la final de Copa Davis. Pero en la segunda mitad "apenas" metió semifinales en Madrid (otra vez Rogelio ) y en Shanghai (Blake). Sin descanso ni pretemporada por la Davis y exhibiciones, arrancó fundido el año 2007. En sus primeros diez torneos, desde Chennai hasta Wimbledon, no pasó de cuartos (Barcelona). La temporada norteamericana sobre cemento tampoco le trajo buenas noticias. Se cayó de la clasificación hasta un inédito 26º puesto, el más bajo desde junio de 2002 antes de final en Wimbledon contra Hewitt.

Parecía que su mejor momento en el circuito había pasado. Parecía. En julio, y después de 16 meses sin coach, decidió convocar a Martín Jaite. Hizo algunos ajustes en su juego, como la tirada de la bola en el saque y más variantes para su drive. Su convencimiento y su tenis de máxima pureza se encargaron del resto. Volvió con todo en los todavía Masters Series de carpeta bajo techo. No sólo los ganó. En Madrid se cargó completito el 1-2-3 (Federer, Nadal y Djokovic). En París, repitió la dosis ante Federer en octavos y ante Nadal en la final con una paliza de 6-4 6-0. Estuvo durante toda la temporada 2008 en el top ten, con títulos en Buenos Aires y Estocolmo. Pero ya sabemos cómo terminó ese año, con la final de Copa Davis perdida ante España. Ya se ha escrito todo sobre aquel lamentable fin de semana.

Los protagonistas han aceptado sus responsabilidades. La frase es siempre la misma: "Hicimos todo mal". Si bien esta herida no le cerrará del todo hasta que levante la ensaladera, lo peor llegaría meses más tarde. Ya con Luis Lobo como entrenador, jugó el primer semestre de 2009 con un insoportable dolor de cadera que arrastraba del año anterior. Aun disminuido, ganó el torneo de Sydney y lo tuvo match-point a Nadal en Indian Wells. Pero tras una derrota en Estoril contra Paul Capdeville, decidió someterse al cuchillo. Estimulado por la muy buena recuperación de Lleyton Hewitt ante una intervención similar, dio todos los pasos para volver a competir. Más abierto y relajado, reapareció a fin de año en la Copa Argentina. Sin duda, las dos adversidades (Mar del Plata y la operación) y los consejos de su coach influyeron en su cambio de actitud. Se quedó con el trofeo, superando en la final 6-4 6-4 a? Marcos Baghdatis, quien también se estaba reponiendo de una lesión. Sin embargo, los problemas musculares no lo dejaron arrancar en 2010. Ya en Auckland, un desgarro abdominal lo sacó del torneo y del Abierto de Australia. En el ATP Buenos Aires, se desgarró el aductor contra el español Gimeno Traver. Ganó ese partido, pero no pudo presentarse al siguiente.

De vuelta a los entrenamientos, sintió que "estaba quemando la bola" en las prácticas y se fue a Estocolmo en un viaje de superhéroe para la serie de Davis. Le salió perfecto. Ganó el dobles con Horacio Zeballos y logró el quinto punto ante Vinciguerra. El físico volvió a ponerle un stop tras una buena actuación en Montecarlo (derrota ante Djokovic en cuartos). Otro desgarro, esta vez en el isquiotibial izquierdo. Se perdió Barcelona y Roma. Iba a regresar en Madrid, pero no se recuperó a tiempo. Por la misma razón pasó por alto Roland Garros y Wimbledon. Eligió volver a competir sólo cuando estuviera al ciento por ciento de su condición física. Se dio cuenta de que no le alcanzaban esos golpes de orfebre para rendir en el alto nivel.

Estuvo en el Mundial viendo al seleccionado argentino y decidió hacer una mini pretemporada sobre carpeta bajo techo. Otra vez Davis, su obsesión. Voló a Moscú y cocinó en brochette y sets corridos a Davydenko (6º) y a Youzhny (14º). Con estos dos tremendos golpes, puso a Argentina en semis y subió del 153º al 111º lugar. Estaba 19º antes de la operación. El ranking protegido por lesión sirve para entrar en ocho torneos sin necesidad de pasar por la fase de clasificación, pero no permite ser cabeza de serie. Vas a la bolsa del sorteo y te puede tocar cualquier rival. Invitado por la organización, llegó a Washington como 117º del mundo, el puesto más mentiroso del circuito. Debutante en el Legg Mason Tennis Classic ganado por Del Potro en 2008 y 2009, arrancó fácil contra el estadounidense Ram (6-4 6-0). En segunda, sacó 6-1 6-3 al suizo Wawrinka, bestia negra que lo había superado en los últimos cinco duelos entre 2006 y 2008. Prolongó la conexión suiza con un 6-1 6-0 a Chiudinelli, amigote de Federer. Ya en cuartos, resignó su único set del certamen ante el francés Simon. Luego, lo dominó con autoridad. Ver el game de saque con el que cerró ese partido es obligatorio. El croata Marin Cilic ya lo conocía. Era un nene de 17 cuando lo había bautizado tenísticamente en una serie de Davis modelo 2006. Cuatro años más tarde y top 15, volvió a sufrirlo. Doble 6-2 y con baile.

Llegó así a su primera final en los Estados Unidos contra un adversario muy familiar. Jugó de día tras cuatro partidos nocturnos. Ofreció una clínica en el primer set. A ese extraordinario revés de dos manos (impresiona cómo pasa la izquierda para darle aceleración al golpe), le agregó una derecha picante y pesada para hacer daño desde los dos lados. En el segundo parcial, sintió el esfuerzo acumulado. Un par de juegos largos lo cansaron un poco más. Su rival levantó el nivel. Estuvo 3-2 y saque, pero no lo pudo cerrar. Terminó en el tie-break , tras levantar un set point en el 5-6 con un tremendo drive cruzado. Y allí dio otra lección de cómo jugar los puntos importantes. Revés paralelo, saque ganador, combo de saque y revés paralelo, cambio de dirección tras largo peloteo. 5-0 en 2 minutos. Al final, fue 7-4, tras servicio a la T y derecha cruzada. Undécimo título de su carrera.

Es el primer tenista debajo del Top 100 que gana un torneo en este año. Quedará 45º y seguirá siendo el jugador con ranking más mentiroso del circuito. Ahora irá al Masters 1000 de Toronto, donde en primera le toca el español Ferrer (12º) Disfruta, pero no se conforma. Tiene juego, inteligencia y personalidad para volver al Top 10. Con la raqueta es Miguel Angel. Ojalá esta victoria ante Marcos Baghdatis marque otro punto de inflexión en la carrera de David Nalbandian.
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