PUNTO DE VISTA
El encanto de un liberal
17.08.2010 | 19:43 hs. · Autor: Ernesto Tenembaum · Fuente: El Argentino
En estos días, para quienes disfrutamos –y sufrimos– el debate abierto sobre el rol del periodismo, ha sido un placer y un desafío escuchar y leer a Robert Cox, en diferentes entrevistas realizadas, por ejemplo, en los canales 7 y Todo Noticias. Cox, como se sabe, fue el director del Buenos Aires Herald durante la dictadura militar, desde donde denunció todas las atrocidades que ocurrían en la Argentina. No tenía familiares desaparecidos. No participaba de ninguna organización política perseguida. Incluso había sido implacable frente a los crímenes de la guerrilla. Igual se jugó la vida por informar. Eso no quiere decir que tenga razón en todo lo que dice, pero le da una estatura moral que, mamita mía, ¿no?

Lo que sigue es un extracto de algunas de sus opiniones.

Dijo Cox: 

- Perón era un dictador populista. No había libertad de prensa durante su gobierno. También era un dictador el peruano Velasco Alvarado, lo es Fidel Castro y lo quiere ser Hugo Chávez.

- La concentración de medios debe ser regulada por ley. En muchos lugares de Estados Unidos quien es dueño de un diario no puede ser dueño de una radio.
- Es muy preocupante que un gobierno arme una red de medios adictos.
- Un periodista no debe trabajar para el Estado. Un periodista es el puente entre el pueblo y el gobierno. Cuando trabaja para el Estado, el Estado lo controla y pierde su rol.

- Me he llevado una gran desilusión con muchos amigos de izquierda que combatían dictaduras de derecha pero justificaban a las de izquierda.

- Papel Prensa es un ejemplo de lo que no se debe hacer. Un diario no puede estar asociado al Estado.

- Magdalena Ruiz Guiñazú fue una mujer muy valiente durante la dictadura. Y lo fue toda su vida. Hubo excepciones al comportamiento de los grandes medios: una fue el diario Río Negro, de la familia Rajneri, otra La Opinión y otra la actitud del diario El Día de La Plata.

- Chávez quiere ser dictador en Venezuela y seguir en el poder por muchos muchos años. Cerrando los diarios, controlando los diarios. Él quiere ser dictador. Los medios venezolanos fueron usados en contra de un gobierno. Ahora, después, puede ser que por venganza... pero nadie puede estar contento con lo que pasa en Venezuela. Hay dictadores populares. Para mí es un tipo de dictadura popular. Lo mismo ocurrió bajo Perón.

- Muchas personas estaban esperando la revolución en Cuba para ver un país nuevo, democrático, libre. Sigue. ¿Cuántos años hace que sigue en el poder? Tuve una gran decepción con amigos míos de la izquierda. Cuando llegó un dictador de izquierda en Perú, Velasco, ¡estaban contentos!

- La democracia es importante. Hay que cuidarla. Lo que está pasando en Venezuela no es democrático.

- Yo estuve en Cuba y me siguieron todo el tiempo. Tuve otra decepción. Había presos políticos. En esa época, Castro prohibía salir de Cuba a los chicos para verse con sus parientes. Y hablaba con amigos de izquierda y veían todo color de rosa. Eso es dictadura, democracia es libertad para todos. Democracia es libertad.

- En la Argentina hay libertad de prensa.

- Algunos periodistas creen que hay un problema con la libertad de expresión en la Argentina. Hay muchos periodistas que manifiestan miedo. Hay problemas con los avisos oficiales. Es un gran problema. Es parte del problema. Hay algo psicológico. Hay miedo. Es muy diferente a otro tipo de miedo pero hay miedo.

Hay un sector del pensamiento de izquierda que, desde hace varias décadas, utiliza el adjetivo “liberal” con cierto desprecio. Según el contexto en que se use, se lo asimila a gorila, europeísta o ingenuo. En estos planteos, la democracia liberal es un modelo europeo que no tiene por qué ser respetado por el resto del mundo. En ese sentido, la definición de democracia variaría según el país del cual se trate. No se trata –hay que decirlo– sólo de la izquierda. Cada vez que alguien pretende defender la violación de los derechos humanos, apela a argumentos similares. Si el castrismo tiene presos políticos o establece un sistema de censura agobiante, la culpa es del bloqueo. Si Estados Unidos bloquea Cuba o invade Afganistán o larga una bomba sobre Hiroshima, eso se justifica por las amenazas contra su seguridad nacional. Israel viola los derechos humanos por culpa de Hezbollah y viceversa. Y, de paso, hay que decirlo, como todos los sistemas del mundo son imperfectos, ¿quién tiene derecho a criticar a quién? Los nazis argumentaban que no había peor racismo que el ejercido por Estados Unidos contra los negros. Los asesinatos de la guerrilla se justifican por los bombardeos del ’55 y los de la dictadura por los de la guerrilla. Hace muchos años, hubo un debate entre el entonces canciller Dante Caputo y el periodista Bernardo Neustadt. La Argentina acababa de romper relaciones con Sudáfrica por el apartheid. Neustadt le recriminaba que tenía relaciones con países comunistas.

En general, quienes simpatizan con regímenes que violan los derechos humanos siempre encuentran motivos para relativizar los hechos: hay una amenaza, hay otros peores.

La libertad, para ellos, es una cuestión relativa.

El encanto de los liberales –digamos, el inglés Robert Cox o la argentina Magdalena Ruiz Guiñazú (para insistir en la reivindicación de alguien injustamente ensuciado por criticar al Gobierno)– consiste en que son muy difíciles de ubicar. Frente a pensamientos muy lineales que, en última instancia, reducen gran parte de su construcción a la pregunta: “¿Y vos en qué vereda estás?”, un tipo como Cox responde que en ninguna.

Es un hombre a la intemperie.

Según el contexto, lo pueden acusar de hacerle el juego a la derecha, al comunismo, a Estados Unidos, al chavismo, a los multimedios o a los gobiernos.

Un hombre molesto. Y solo.

Simplemente, se deja guiar por principios. La prepotencia es prepotencia. La corrupción es corrupción. Y el abuso de poder es abuso de poder. Un preso político es un preso político. La censura es la censura. Y un asesinato es un asesinato. El culto a la personalidad es siempre el mismo. No importa si algunas de estas cosas se las hace en nombre de la izquierda, de la derecha, de la conducción del Estado, o de una corporación mediática.

Si uno lo lee de nuevo parece un programa progresista: denunciar la prepotencia, la corrupción, la censura, el culto a la personalidad, las violaciones a los derechos humanos.

Es progresista pero no siempre ha sido de izquierda, porque para muchos militantes e intelectuales, desde 1917 en adelante, la libertad es una cuestión relativa. Desde siempre, los conceptos de democracia y libertades públicas han sido problemáticos para sectores importantes de la izquierda.
Son relativos.

O meros elementos culturales.

En cualquier caso, para las personas democráticas, uno de los grandes desafíos consiste en ser coherente con esos principios.

No siempre es sencillo.

Por desgracia, no todo el mundo puede ser como Robert Cox.
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