Llenos de gloria, con distinto futuro
13.09.2010 | 15:09 hs. · Autor: Juan Pablo Varsky · Fuente: La Nación
Tenemos que construir nuestro futuro", dijo Luis Scola en la rueda de prensa. El capitán y sus compañeros ya habían cumplido la última misión: derrotar, ¡por fin!, a España para quedarse con el quinto puesto. Se ganó este meritorio lugar con sus últimos dos triunfos. Ayer se llevó su segundo clásico del torneo. Tras eliminar a Brasil en octavos, sobrevivió a su increíble colapso en el tercer cuarto, donde regaló una ventaja de 25 puntos. "Nos complicamos solos", confesó Prigioni. "Es más divertido ganar por 1 que por 30", bromeó Delfino. Por suerte, el equipo reaccionó a tiempo, con un Scola dominante en el último cuarto (9 puntos y 3 rebotes) y un triple clave de Prigioni. Marcos Mata nunca se olvidará de esta victoria. Sergio Hernández le encomendó la tarea de defender duro al peligroso Navarro y respondió de manera impecable. Argentina ganó siete partidos y perdió contra dos semifinalistas (Serbia y Lituania). Sin Ginóbili, sin Nocioni, sin los bases suplentes Figueroa y Cantero; y sin Oberto durante casi toda la primera fase, completó un muy buen Mundial y llegó hasta el último día de la competencia.

El domingo había comenzado muy temprano en Estambul. Cerca de las 3:30 AM de aquí, Luciana Aymar lloraba de alegría por la consagración de las Leonas. Detrás de ella, Delfina Merino también se emocionaba. Nacida en octubre de 1989, tenía nueve años cuando Lucha jugó su primera copa de mayores en Utrecht, Holanda. Durante muchos años, la vio por la tele. Soñó ser como ella y como Soledad García, a quien le pidió una foto en el Champions Trophy Rosario 2004. Daniela Sruoga siempre recuerda una serie de amistosos en GEBA, donde fue alcanzapelotas. Hoy festejan todas juntas. Ejemplo de renovación, este plantel incluyó jugadoras de cuatro mundiales juveniles. Aymar, Sole García, Alejandra Gulla, Romina Vatteone y Mariana Rossi estuvieron en Corea 97. Mariné Russo, la propia García y Claudia Burkart en Buenos Aires 2001. Belén Succi, Noel Barrionuevo, Carla Rebecchi, Giselle Kañevsky, Rosario Lucchetti y Silvina de Elía compitieron en Chile 05. De Boston 09 apareció Merino.

Ninguno de los cuatro seleccionados salió campeón (2o en 2001 y 2009), pero todos nutrieron al equipo mayor. Más abajo están las Leoncitas, segundas en los Juegos de la Juventud en Singapur. Cuando Lucha diga chau, será imposible reemplazarla. Es única en la historia. Pero el boom del hockey se ha aprovechado con planificación y un excelente entrenador como Chapa Retegui, quien con su trabajo le ha dado valor agregado a su cargo.

El básquetbol presenta un panorama diferente. La Generación Dorada es irrepetible, por calidad y cantidad. En Indianápolis 2002, primer torneo importante de esta camada, jugaron Ginóbili, Nocioni, Oberto, Scola, Leo Gutiérrez, Sconochini, Pepe Sánchez, Wolkowyski, Victoriano, Gabriel Fernández, Palladino y Montecchia. El promedio de edad fue de 25,7 años.

Jóvenes y talentosos, Carlos Delfino y Walter Herrmann se incorporaron en Atenas 2004 por Palladino y Victoriano. En Japón 2006, ingresó Prigioni por Montecchia. Con los titulares bien definidos, era un momento propicio para promover a jóvenes en los últimos lugares del plantel. Sin embargo, a sus 32 años fue convocado Daniel Farabello como tercer base. El promedio subió a 28,1. Pekín 2008 trajo un recambio para la segunda línea: Kammerichs (28), Quinteros (29) y Román González (30). Los seleccionados Sub 22, sextos en los Mundiales de 2005 y 2007, no alimentaron al mayor, ni siquiera en los puestos de baja rotación (11o y 12o). En el 2009, Argentina terminó quinta, pero tampoco le aportó jugadores al equipo de Turquía, el más veterano del torneo, con 29,8 de promedio. Ningún integrante de los tres conjuntos juveniles participó de una competición importante (Mundial y Juegos). Podría haber sido Figueroa (Sub 22 en 2005), pero se desgarró y quedó afuera. En 1998, Julio Lamas llevó a Manu y a Pepe al Mundial de Grecia con 21 años y sin la certeza de lo que serían después. Con Vecchio, Oberto jugó los Olímpicos de Atlanta a los 20. Hubo una visión de largo plazo. En 2010, ante las bajas de Cantero y Figueroa, Hernández eligió a un jugador hecho como Cequeira (25) que a una apuesta a futuro como Juan Fernández (21), en la Universidad de Temple. Junior Cequeira aprovechó la chance e hizo un buen Mundial. Pancho Jasen afrontó su primer torneo importante con la selección a los 32 años. Carlos Delfino admite: "Creo que estamos unos pasos detrás de países como Serbia y Lituania. Ellos han introducido cambios y nosotros no". También ha aumentado la concentración de minutos en menos jugadores. En Indianápolis 2002, sólo cuatro superaron los 200 minutos de 365 (9 partidos y un suplementario): Oberto, Ginóbili, Sconochini y Wolkowyski. Pero en Pekín 2008, seis hombres asumieron el 82 % de los minutos jugados: Scola, Oberto, Manu, Nocioni, Delfino y Prigioni. Y en Turquía 2010, Delfino y Scola estuvieron en la cancha el ¡91%! de los minutos y anotaron el 57 % de los puntos. Sin dudas, un esfuerzo descomunal. Es evidente que la tendencia se profundizó con las ausencias de Ginóbili y Nocioni, pero más se agranda la brecha entre titulares y suplentes, más se achica la rotación. Sin embargo, la continuidad en el corto plazo está garantizada. El último baile de este equipo inolvidable será Londres 2012. La consagración de Estados Unidos en el Mundial le ofrece al continente una plaza más en el Preolímpico de Mar del Plata 2011. Los monstruos sagrados seguirán cumpliendo años, pero no perderán ni calidad ni competitividad. ¿Y después? Ya suena la alarma. La Liga Nacional ya no ofrece la misma plataforma de lanzamiento que en la década del 90 cuando Manu, Chapu o Pepe llegaron a la selección gracias a un par de temporadas de Liga encima, aun con minutos limitados. El concepto de formar casi no existe. Salvo muy pocas excepciones, los entrenadores sólo piensan en ganar mañana. La creciente contratación de veteranos va en esa dirección y en contra de los chicos. Los clubes pueden emplear a tres extranjeros, con inevitable pérdida de espacio para los nacionales. Se ha descuidado la base de la pirámide, fundamental para potencial el alto rendimiento. Proyectos muy interesantes como Nocedal, Vay, Gaynor se fueron a Europa muy temprano y saltearon la Liga. Tentados por el factor económico, quemaron etapas de formación, no jugaron y se estancaron. En Europa ya no contratan argentinos de entre 22 y 25 años. Compran antes que sean mayores de edad o, en todo caso, buscan materia prima en otros países, más cercanos y baratos. No hay nuestros en el draft de la NBA mientras aparecen serbios, lituanos, turcos, alemanes y brasileños. El puente entre la Generación Dorada y el futuro está roto.

Hay muchas esperanzas en la camada 94-97 con Patricio Garino como líder. Becado por la NBA, el pibe marplatense de 17 años viajó a los Estados Unidos para terminar sus estudios secundarios y luego comenzar su carrera en el básquetbol universitario. El impacto no será inmediato. El árbol recién plantado tardará años en dar frutos. Vale la aclaración. El básquetbol difiere del hockey en su naturaleza. Es un deporte profesional, con los cambios que esto genera en un chico que empieza a vivir de lo que hace. No siempre se sale bien parado de esa transición. El profesionalismo está lleno de proyectos frustrados por malas decisiones. Una disciplina semiamateur tiene menos costos, menos dilemas y menor recompensa económica. Unidos por pasado y presente, llenos de gloria, respeto y admiración, el hockey y el básquetbol tuvieron su quincena maravillosa. Nos conmovieron y nos llenaron de orgullo. Desde hoy, uno mira al futuro. El otro debe construirlo.
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