OPINION
Eva Joly
No hay demasiadas noticias acerca del programa de los partidos verdes europeos. Se sabe que en Alemania han logrado concitar el interés de los electores y son tomados en cuenta a la hora de las alianzas políticas. Daniel Cohn Bendit es uno de sus líderes.
28.07.2011 | 11:14 hs. · Autor: Tomas Abraham · Fuente: Perfil

En nuestro país, los movimientos ecologistas irrumpen en la escena mediática por medio de denuncias sobre contaminación en las minas, el caso Botnia o el abuso de agroquímicos en los suelos. Pero desconocemos las propuestas sobre la viabilidad de una sociedad cuya organización económica y social siga las reglas ecológicas pertinentes. Por lo general, en países como el nuestro se desconfía del fundamentalismo ecologista porque puede llegar a paralizar políticas de desarrollo de las fuerzas productivas. Eva Joly ha ganado las elecciones primarias del EELV, los verdes franceses, y es candidata a las elecciones presidenciales de 2012. Enfrentará a Sarkozy y competirá con el Partido Socialista. Es la primera vez que una mujer noruega es candidata a constituirse en primera mandataria francesa. Eva Farsh nació en 1943 en la ciudad de Oslo. A los veintidós años viaja a Francia y se emplea para tareas domésticas en la casa de una familia francesa. Costea así sus estudios de Derecho. Se casa con el hijo de esta familia, de apellido Joly, con el que tiene dos hijos. Hoy es viuda. Sus primeras tareas profesionales la ocupan como consultora jurídica de un hospital psiquiátrico. En la década del ochenta, inicia su carrera judicial hasta llegar a ser nombrada jueza de Instrucción del fuero financiero y comercial del Estado francés. Allí, en una pequeña oficina perdida en los pasillos de los tribunales de la inmensa y poderosa maquinaria burocrática, descubre el mayor desfalco de la historia de Francia. Entre los años 1996 y 2003 estará a cargo del sumario por estafas de la empresa ELF, una corporación petrolera estatal que era la primera del país con sus noventa mil empleados, treinta mil millones de euros de facturación, con más de ochocientas filiales en todo el mundo y lazos con las jerarquías del poder de numerosos países. Su vida cambia. Durante siete años, es objeto de amenazas de muerte, espionaje de los servicios secretos, apercibimientos de sus superiores, consejos apremiantes de apartar la vista de legajos que comprometen a las autoridades más altas del Estado y persecución mediática de todos los sectores del espectro político nacional. Está obligada a vivir con dos custodios que habitan su casa y no se despegan de ella. Los más altos magistrados le sugieren no estar de espaldas a las ventanas de los despachos. Claude Chabrol filma una película inspirada en su historia con Isabelle Hupert que no es más que un grato y olvidable culebrón. Escribe La impunidad (la corrupción en las entrañas del poder), que en francés tiene otro título: ¿Es éste el mundo en el que queremos vivir?, un libro publicado en el año 2003 con la finalidad no sólo de testimoniar sobre el tejido enmarañado de su caso sino para protegerse de las temibles consecuencias que le acarrea. Comienza con dos citas de hombres emblemáticos: el historiador Marc Bloch y el escritor Primo Levi. Se prohíbe su venta para mantener el secreto de sumario hasta que la Cámara se expida sobre el caso. Por este motivo, omite detalles del proceso mientras el texto comienza a circular en forma clandestina. Dictada la sentencia, los máximos responsables de la corporación son declarados culpables con condenas en realidad leves. La fiscalía los acusaba de desvíos de fondos por trescientos millones de euros depositados en grandes bancos, en subsidiarias de paraísos fiscales, cuyo destino eran los bolsillos de la gerencia de la empresa y los de los mandatarios de países clientes.

Joly descubre la corrupción estatal y corporativa en el Estado francés. La llama la corrupción de las elites. La palabra elite no es usada en nuestro medio. Nosotros hablamos de clase dirigente. En Francia se le da una connotación aristocratizante. Un miembro de la misma se comporta como un príncipe que tiene un salvoconducto que lo hace más fuerte que la ley. Se trata de la impunidad de los hombres del poder. Descubre lo que llama el lado oculto de la República. Nos rememora a la “República del Silencio” de la que hablaba Jean-Paul Sartre en la posguerra. En el epílogo del libro, el juez español Baltasar Garzón denuncia la concepción privatista y patrimonial del Estado como fuente de corrupción. Considera necesario lo que denomina un “rearme ético” de las funciones públicas. El crony capitalism o capitalismo de compadres –que nosotros denominamos “amigos”– es otra característica denunciada de un sistema clientelar que habilita una construcción de poder y la formación de plutocracias impunes. Durante el juicio, Eva Joly percibe el mecanismo aceitado que articula los intereses económicos con los medios de comunicación, los jefes políticos y los fueros judiciales. Padece las filtraciones de la instrucción por componendas entre abogados del caso y periodistas. Es consciente de que la corrupción de las clases dirigentes da lugar a la exposición de panfletistas baratos y oportunistas y no a una profunda reflexión sobre la corrupción en el sistema. Es testigo, además, del entramado que permite la circulación de información reservada develada de acuerdo a los intereses de grupos y conveniencias de sectores políticos, asociada a periodistas afines. Todo esto se presenta como una suerte de periodismo de investigación cuando no es más que un espionaje pago al servicio de sectores en pugna por reforzar posiciones y debilitar a enemigos políticos.


En el año 2003, deja Francia luego de una estadía de treinta y cinco años y vuelve a Noruega. Se ve liberada de lo que llama el “veneno del miedo”. El ministro de Justicia noruego, Odd Eimar Forum, la nombra consejera en Asuntos Financieros. Comienza una nueva vida a los 58 años. La moral noruega, austera, en una consonancia íntima con la naturaleza, que convierte a sus habitantes en vigilantes y enemigos de cualquier desorden, sea cual sea –guerra, miseria, polución, corrupción–, la rodea de una suerte de estado de gracia. Pero los límites de la Justicia aparentemente no tienen fronteras. En su mismo país, ve esfumarse esta bendición ciudadana cuando apoya la investigación sobre el manejo financiero del hombre más poderoso del capitalismo noruego. En el año 2009 fue contratada por el gobierno islandés como asesora de investigación por el colapso bancario de la isla.

Eva Joly considera que hoy la corrupción no resulta de conductas individuales sino que es un engranaje del sistema del capitalismo globalizado. Desde 1973, con la inundación de los petrodólares, la desregulación financiera y la revolución digital, la corrupción es sistémica. Sólo una globalización judicial puede poner freno, así lo afirma, a una globalización financiera que funciona a base de corrupción concentrada en poderosas manos. De su necesidad habla en el final de su libro, en el que enumera a los magistrados asesinados en distintos países por investigar al sistema y a los personajes del poder que usan el espacio público con fines de enriquecimiento personal y corporativo.

Vuelve a Francia con el apoyo de Cohn Bendit y se presenta como candidata del Partido Verde contra el favorito Nicolas Hulot, una estrella de la televisión. Contra todas las predicciones, gana las primarias el 12 de julio último. Estuvo hace dos años en nuestro país, en donde compartió una disertación con la jueza Carla del Ponte, que fue embajadora de Suiza en la Argentina. Quiero agradecerle a Silvana Codina y a Hermes Binner que me hayan hecho conocer las batallas libradas y las que sigue librando Eva Joly.

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