Pasó hace 7 años y a los 7 minutos del primer tiempo. Agarró la pelota en la mitad de la cancha, tirado a la derecha. Empezó a serpentear hacia el centro con la pelota atada a su zurda. Vestido con la camiseta albiceleste, el pantalón blanco y las medias blancas, fue dejando en el camino rivales vestidos de amarillo cuales conos de entrenamiento. Apenas vio el hueco para pegarle al arco, lo hizo con un zurdazo seco e inesperado. La colgó del ángulo y salió corriendo a festejar.
28 de junio de 2005 en Utrecht, Holanda. Semifinal del Mundial Juvenil, Argentina 2 - Brasil 1 con un gol sobre la hora marcado por Pablo Zabaleta, capitán y líder indiscutido de aquel plantel.
Tras la derrota inicial contra Estados Unidos, el hoy lateral del seleccionado mayor mostró su personalidad en dos charlas. La primera con un chico rosarino que, increíblemente, había sido suplente en el estreno. Ya había debutado en la primera de Barcelona y estaba destinado a ser la figura del torneo.
Sin embargo, el entrenador Francisco Ferraro eligió a Pablo Vitti y a Gustavo Oberman como delanteros. Recién lo puso en el comienzo del segundo tiempo con el partido 0-1. Marcó diferencias con el resto pero el resultado no cambió. 11 de junio de 2005, hace exactamente siete años.
El pibe había quedado muy desilusionado con aquella decisión del DT. El capitán sintió que debía intervenir. Le habló a solas y, palabras más palabras menos, le dijo: "Todos queremos que seas titular, incluso el que salga para que entres vos. Quedate tranquilo que vas a jugar". Pero Zabaleta fue más allá. En nombre de todo el grupo le pidió una reunión a Ferraro para pedirle exactamente lo mismo. "Es distinto y tiene que jugar", fue el respetuoso mensaje de esos jóvenes de 20 años al técnico, que recibió otro con el mismo contenido pero mucho más duro de Julio Grondona, el presidente de la AFA.
Tres días más tarde, fue titular. Marcó un gol y Argentina le ganó 2 a 0 a Egipto. El segundo lo hizo? Zabaleta. Ahí empezó todo. El resto es historia conocida. No hay manera de contarla. El hombre ha goleado al diccionario. El mundo lo mira asombrado. 82 goles en 69 partidos en esta temporada. Ridículo. Te hace reír. Te empuja a compartirlo con tu familia y tus amigos. Por mensaje o por teléfono, te obliga a usar esa frase que, lejos del insulto, es eterno agradecimiento a Mamá Celia. "¿Viste lo que hizo este hijo de p??"
Sus rivales lo abrazan después de recibir tres, cuatro o cinco goles. Se pelean por esa camiseta que transpiró para reducirlos a la nada misma. Eso hizo Neymar. Sus compañeros lo admiran y lo han hecho líder. Zabaleta, el importante contenedor en aquel 2005, lo abrazó, lo besó y le dijo algo al oído.
Apenas terminado el show, se sacan fotos con él en el vestuario y las suben inmediatamente a las redes sociales. Fede Fernández, Mascherano, Lavezzi y Kun Agüero, que se quedó con su camiseta, mostraron orgullosos su recuerdo vía Twitter. Ya había marcado dos goles picando por el medio, bien habilitado por Higuaín y por Di María. Pero no alcanzaban para ganarle a Brasil. A los 38 minutos y 47 segundos de la parte final, agarró la pelota en la mitad de la cancha, tirado a la derecha. Empezó a serpentear hacia el centro con la pelota atada a su zurda. Vestido con la camiseta albiceleste, el pantalón blanco y las medias blancas, fue dejando en el camino rivales vestidos de amarillo cuales conos de entrenamiento. Apenas vio el hueco para pegarle al arco, lo hizo con un zurdazo seco e inesperado. La colgó del ángulo y salió corriendo a festejar. Como hace siete años. Pueden comprobarlo con el video pero créanme: Lionel Messi lo hizo en siete segundos.
