CUATROCIENTOS AÑOS DE HISTORIA
Crisis
21.06.2012 | 07:59 hs. · Autor: Eliseo Veron · Fuente: Perfil

Con motivo del Día del Periodista se multiplicaron las reflexiones y las discusiones sobre lo que una mayoría –creo– ha calificado, en uno u otro momento del debate, de crisis de la profesión. No hay que olvidar que la noción de “crisis”, en su uso corriente, implica un lapso de tiempo a la vez intenso y puntual, o al menos claramente acotado. Lo importante es desatar el “nudo” de la situación que el periodismo atraviesa hoy en día, porque allí convergen factores con temporalidades muy distintas. Un factor reciente es internet, pero otros remontan mucho más lejos. Hay que hacer historia, y lo intenté este último lunes, cuando tuve el placer y el honor de dar una charla organizada por la Tarjeta Naranja en la ciudad de Córdoba. Dicho sea de paso, constaté con agrado que muchas de las preguntas formuladas después de la charla y también en entrevistas para varios medios cordobeses tenían su origen en cosas dichas en esta columna de PERFIL.

Hay que hacer historia, y son ya cuatrocientos años: se suele considerar que Relation fue el primer newspaper conocido, impreso en la ciudad de Estrasburgo a partir de 1605. A lo largo de los siglos XVII y XVIII los “papeles de noticias” se fueron multiplicando y estabilizando, como herederos de la retórica panfletaria por un lado, es decir con una vocación primera de denuncia, o como órganos oficiales del poder de turno por otro lado, como La Gazette en Francia, fundada en 1631: en ambos casos, inseparables de la cosa política. “Los periodistas –dice Jeffrey L. Pasley en su investigación sobre los primeros años de la república norteamericana– en una época fueron políticos y (…) algunos de ellos se contaron entre los más prominentes candidatos, funcionarios y operadores de los partidos de la Nación. (…) A partir de 1790, ningún político soñaba con montar una campaña, lanzar un nuevo movimiento o ganar en una nueva área geográfica sin un papel de noticias. Durante la mayor parte del siglo XIX, las facciones partidarias lucharon furiosamente por controlar los papeles de noticias claves” (“The Tyranny of Printers”, Newspaper Politics in the Early American Republic, University of Virginia Press, 2001). La información bajo su forma escrita dominó el espacio público durante mucho tiempo. Hacia fines del siglo XIX comienza una erosión del territorio de los papeles de noticias, que no se detendrá y que se acelerará progresivamente: el cine se apropia de los grandes relatos, la radio del contacto y el tiempo real, la televisión de las imágenes de la cotidianidad. En la segunda década del siglo XX, los papeles de noticias empiezan a despegarse de la vieja tradición de la militancia política, en busca de un terreno propio: se comienza a formular la ideología de la objetividad, la toma de distancia, la distinción capital entre hecho y opinión, como discurso axiológico de la profesión. Hacia fines de los años ochenta del siglo pasado, este discurso empieza a su vez a ser puesto en duda: predominó entonces durante sesenta años de una historia que tiene cuatrocientos.

Entrados en el siglo XXI, gobiernos de distintos países (Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Francia con Sarkozy, Italia con Berlusconi, Hungría…) provocan enfrentamientos fuertes con los medios de información, reclamando una relación directa con el pueblo sin pasar por la mediación, sesgada por sus propios intereses, de los grupos de comunicación que controlan los medios informativos y que, por lo tanto, controlan a los profesionales que trabajan en ellos. Para defenderse, la profesión no parece tener a mano otra cosa que el discurso ideológico sobre la verdad, los hechos y la objetividad. Una “epistemología equivocada”: fue una de las frases que más les gustó a los medios de información cordobeses, al comentar mi presentación.

Los mencionados gobiernos populistas buscan arrastrar a los medios de información opositores a ese campo político que nunca debieron pretender abandonar: ustedes, dicen, defienden sus propios intereses y la función informativa es un disfraz. No, no hay disfraz: todo discurso sobre la sociedad tiene una dimensión política. Pero en democracia el espacio público es un espacio plural, que valoriza y respeta las diferencias de opinión, sin que ninguno de los enunciadores de la información deba renunciar a su punto de vista. Y los gobiernos de un Estado democrático están para administrar esas diferencias, no para bendecir a los que los adulan y buscar la destrucción de los que se oponen. Los gobiernos populistas perturban hoy profundamente al Estado democrático: no son la causa directa de la situación del periodismo, pero además representan una crisis mucho más grave.

Tamaño 1 Tamaño 2 Tamaño 3 Tamaño 4 Imprimir