REGIÓN
ACCIDENTADO INICIO DE LAS SESIONES ORDINARIAS EN EL CONCEJO
Anochecer de un día agitado
Ocho de los trece concejales dejaron sus bancas antes de que el intendente pudiera dar su discurso, argumentando no querer participar de “un acto de campaña” electoral. Balbarrey habló para un auditorio exclusivamente oficialista, en el que se destacaban algunos candidatos del bielsismo, y pasó revista de sus tres años de gestión. Luego, dio una suerte de vuelta olímpica rodeado por una multitud de simpatizantes. Y aprovechó cada momento para pegarle a la oposición: “Siempre criticando y buscándole la quinta pata al gato”.
24.03.2007 | 08:18 hs. · Autor: Ezequiel Nieva · Fuente: Notife
La apertura del período de sesiones ordinarias del Concejo Municipal se transformó en un grotesco acto de campaña: el intendente Martín Balbarrey aprovechó la ocasión para denigrar a la oposición y posicionarse como candidato en su búsqueda de la reelección. Lo que debió ser una formalidad –el discurso de Balbarrey hacia los concejales– derivó en varios escándalos: la salida de los ediles que no comulgan con el intendente, primero, la seudo vuelta olímpica que dio Balbarrey junto a los militantes y, por último, una rueda de prensa en la que volvió a exhibir un discurso belicoso y proselitista.

Todo comenzó cuando caía la tarde. En la remodelada plazoleta de la Municipalidad, un numeroso grupo de simpatizantes de Balbarrey animaba la previa con bombos y cantitos. Mientras tanto, los concejales comenzaban con los cabildeos. Para ese entonces, era casi una certeza que el intendente iba a aprovechar el acto de apertura de las sesiones para apuntalar su candidatura. Por eso, los ediles se reunieron a los apurones y tomaron una decisión: abandonar el recinto antes del discurso.

Claro que, antes, se sentaron en sus bancas y dieron el quórum. Entonces, el presidente del cuerpo, Rubén Meahuod, avisó que las sesiones extraordinarias se desarrollarán los jueves a las 20 y, luego, convocó a los presidentes de bloque para que icen la bandera. Acto seguido, la banda de la Municipalidad ejecutó el Himno Nacional: un breve momento en el que todos coincidieron, aunque la tensión se podía respirar en el ambiente, entre el ruido de adentro y los bombos de afuera (la mayoría de la gente se quedó en la plazoleta y pudo ver, proyectado en la pared del Concejo, el discurso del intendente).

En la barra superior se ubicaron, de un lado, casi todos los integrantes del gabinete de Balbarrey, y del otro, un grupo de “privilegiados” que se convirtió, con el correr de los minutos, en la hinchada del oficialismo. Acabado el himno, el concejal radical Julio Schneider pidió la palabra y anunció, sin más, que la oposición no iba a consentir que el intendente convirtiera un acto institucional en un discurso de campaña. Schneider, que habló en nombre de los radicales Carlos Pereira, Jorge Henn, Leonardo Simoniello, de la socialista Marta Fassino y de la arista Noelia de Chiementín, fundamentó la retirada argumentando que no iban a participar en calidad de cómplices  “de un acto de campaña”.

Los seis concejales opositores se levantaron de sus bancas y salieron del recinto. “Un helicóptero”, bromeó uno de los militantes encaramados en la barra superior. Mientras sus pares emprendían la retirada, los representantes del bloque Santa Fe es el Centro (que responden al liderazgo de otro –posible– candidato, Oscar “Cachi” Martínez) pidieron la palabra y repitieron, casi con las mismas palabras, el breve discurso de Schneider. Y también repitieron la salida. Ya con Rafael López y Marcelo Ferreira afuera, el recinto quedó “pelado” de concejales. Sólo cuatro siguieron las palabras de Balbarrey desde sus bancas: los justicialistas Jorge Kiener, Liana Moragues, Nicolás Piazza y María Lastra.

En cambio, las sillas adicionales reservadas para los invitados especiales parecían no alcanzar, motivo por el cual algunos tuvieron que quedarse de pie o, incluso, escuchar desde afuera del recinto. Hubo “invitados” para todos los gustos. En representación del gobernador Jorge Obeid se acercó el secretario de Gobierno, Walter Gálvez. También estuvieron, entre otros, el secretario de Promoción Comunitaria de la provincia, Juan Carlos Forconi; el senador por el departamento La Capital, Juan Carlos Mercier; los dirigentes de Apyme y de la Acav, Mario Galizzi y Carlos D’Angelo respectivamente; el director provincial de Vialidad, Carlos Ferulglio; y el titular del Centro Comercial, Tomás Vallejos.

La presencia de Mercier –candidato del bielsismo para renovar su banca en el Senado– fue uno de los argumentos esgrimidos por la oposición cuando tildaron la movida como “un acto de campaña”. Y algo de razón tenían, porque a mitad del discurso del intendente ingresó raudo –venía de Casa de Gobierno, donde estuvo reunido con Obeid– el candidato a vicegobernador del sector liderado por Rafael Bielsa, Carlos Galán. El industrial no figuraba en el listado de “personalidades” que el locutor leyó antes de que Meahuod diera por iniciado el período de sesiones ordinarias.

El mensaje del intendente (ver nota relacionada) fue del todo previsible, al menos en la primera parte. Enumeró los logros de sus tres años de gestión. Defendió la licitación de los terrenos y del edificio de la ex Estación Belgrano (en ese momento aprovechó para cargar contra “la máquina de impedir” que el año pasado se opuso al proyecto oficial), dijo que Santa Fe dejará de lado su perfil burocrático para transformarse en una ciudad productiva (en consonancia con el actual discurso del gobernador) y volvió a insistir, como lo viene haciendo desde su asunción, en la importancia de la “articulación entre el sector público y privado”.

Tras el repaso, se permitió un anuncio: dijo que en las últimas semanas mantuvo reuniones, en Buenos Aires, con los representantes de las principales empresas de telefonía, a quienes tentó para que se instalen en la ciudad. Balbarrey no abundó en detalles sobre esas gestiones, pero prometió que “en pocos días” dará a conocer el publicitado plan Santa Fe 2010. También celebró la sostenida baja de los indicadores más preocupantes –desempleo, pobreza, indigencia–, que en la capital provincial, no obstante, continúan por encima de la media nacional.

Acabado el mensaje formal, el intendente se permitió algunas apreciaciones (o despreciaciones, si se permite el neologismo) sobre el cuerpo legislativo en general y sobre la oposición en particular: “Espero que el Concejo salga de su actitud de crítica destructiva y que se generen consensos. El Concejo tiene que apoyar [sic] y controlar la gestión [del Ejecutivo], no impedirla, como ocurrió esta noche”. Y cerró el acto con una frase que sonó, hasta para los sordos, a frase de campaña: “Vamos a seguir”.

Pero eso no fue todo. En la plazoleta seguían, inamovibles, los simpatizantes de Balbarrey. Tras una entrevista con la televisión local, el intendente cruzó del Concejo a la Municipalidad por la puerta interna y, desde su “casa”, salió hacia la gente. Se produjo entonces una situación que nadie dudaría en calificar como acto proselitista. Un allegado le enjaretó un sombrero de paja; adherida, tenía una cinta con la siguiente leyenda: “Balbarrey intendente. Un equipo de primera”. El secretario de Gobierno, Pablo Abraham, lo secundaba: también se calzó un sombrero. Otros funcionarios se acercaron; alguien le propuso a Horacio Ruiz, secretario de Asuntos Hídricos de la Municipalidad, que llevaran en andas al intendente. “¿Quiénes lo llevamos?”, quiso saber Ruiz (sin dudas, el más robusto del gabinete), quizás sopesando mentalmente el esfuerzo: Balbarrey no es lo que se dice delgado.

Finalmente, no hubo quien pusiera el hombro para pasearlo entre la gente, pero sí hubo tiempo para más discursos del intendente. En la explanada, se dirigió a su público y volvió a “pegarle” a la oposición, pero esta vez con menos diplomacia. Planteó la futura contienda electoral en términos deportivos y concluyó augurando su seguro triunfo. Entonces, bajó. La multitud (“son muchos, quizás miles”, diría más tarde Balbarrey) lo encerró. El intendente absorbió buena parte del sudor de quienes lo rodeaban, hasta que un grupo de “grandotes” pudo rescatarlo; ya más cubierto, recorrió la plazoleta en una suerte de vuelta olímpica, quizás olvidando el viejo saber de tribuna que pronostica mufas varias al que festeja por anticipado.

En medio de una penumbra que era casi oscuridad absoluta, Balbarrey y los suyos completaron la vuelta y emprendieron el regreso hacia la explanada. Ahí se puso brava la cosa, porque solo una de las puertas del Palacio Municipal estaba abierta, o mejor dicho entreabierta. Desde adentro, los dos custodios miraban azorados: la multitud que seguía al primer pelotón (Balbarrey y su círculo protector) aceleró la carrera y trepó la escalinata. El intendente entró corriendo y, con él, algunos militantes, “colados” entre los funcionarios. Los custodios tuvieron que cerrar la puerta empujando a los que no habían podido pasar. Abraham y Ruiz se quedaron afuera, pero solo por un ratito. El secretario de Gobierno exigió –y consiguió– que le abrieran la entrada principal; su par de Asuntos Hídricos prefirió dar un pequeño rodeo y entró por el Concejo.

Ya en hall del Palacio Municipal, el intendente habló con la prensa. Comenzó aludiendo a la decisión de los concejales opositores de salir del recinto para no asistir a su “acto de campaña”. “Están perjudicando a los santafesinos”, opinó. “Tienen que pensar el grande, no tienen que tener una visión tan electoralista”. Balbarrey volvió a usar el concepto “máquina de impedir”; esta vez le añadió la siguiente descripción: “Siempre criticando, buscándole la quinta pata al gato, tratando de impedir que las cosas se hagan”.

Luego, el intendente calificó como un “papelón” la salida de los ediles opositores y se refirió, también, al slogan “Gestión Balbarrey”, que en los últimos meses generó un colorido debate . “Creían que si uno tiene la chance de repetir es porque fuimos vivos en una estrategia comunicacional, y no saben que la ‘Gestión Balbarrey’ significa esta gente que está afuera [en alusión a sus simpatizantes]. No los que están mandando notas o planteando dudas sobre los proyectos, para que fracasen, por eso me parece que tiene que haber una autocrítica. Yo sigo apostando a la ciudad del sí y evidentemente los que se levantaron [de sus bancas] quieren la ciudad del no”, explicó.

–¿Y cuál es la autocrítica del Ejecutivo? –le preguntó Notife.

–Nos faltan muchísimas cosas, pero estamos comprometidos en tratar de cambiarlas –respondió Balbarrey; luego, deslizó una tenue crítica hacia sus funcionarios–: Sobre todo las actitudes. Hay que estar con la gente, hay que escucharla. Porque la verdadera energía para trabajar es resolver la mayor cantidad de problemas.

Y, una vez más, arremetió contra la oposición. “Gobernar es mucho más difícil que pavimentar con una máquina de escribir, como hacen en el Concejo Municipal. O darle una nota a una persona para que vaya a pedir una garrafa, que si después no se la damos nos comemos el costo político. Eso es mucho más fácil, pero es demagógico: es una vergüenza”, dijo Balbarrey. Y cerró con una frase cargada de sentido proselitista: “En los resultados electorales se va a ver quién hizo las cosas bien”.
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Una nota gráfica sobre el acto de apertura de las sesiones del Concejo: Balbarrey lee su discurso ante las bancas vacías de la oposición. Un camarógrafo se sentó a filmar desde el lugar de Leonardo Simoniello.
Una nota gráfica sobre el acto de apertura de las sesiones del Concejo: Balbarrey lee su discurso ante las bancas vacías de la oposición. Un camarógrafo se sentó a filmar desde el lugar de Leonardo Simoniello.

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