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Saturday 4 de July de 2009 - 11:47
UNA CIUDAD DIVIDA EN LA EMERGENCIA
Las dos Santa Fe
Mientras una parte de la ciudad libra una dura batalla contra el agua de lluvia caída en los últimos días, gran parte de la ciudad intenta recobrar su actividad normal.
02-04-2007 | 14:35 hs.
Autor: LUT · Fuente: Notife

Cuando uno evoca muchos de los momentos vividos durante la inundación del río Salado, en abril de 2003, una de las primeras imágenes que vienen a la mente –asociadas al agua- es la de la inmediata actitud de la gente, que durante toda la tragedia hídrica se puso a disposición del otro para entre todos sobrellevar la emergencia.

Todo el país recuerda la masiva concurrencia de adolescentes, jóvenes y adultos como voluntarios en los centros de evacuados; estudiantes coordinando tareas de ayuda, la ciudad poniéndose a disposición de la ciudad. El movimiento urbano se limitaba a las cuestiones que tenían que ver con la crisis hídrica que había sumido a un tercio de la capital provincial en las agitadas aguas del Salado y por semanas la vida cotidiana de todos cambió el voluntariado constante.

Cuatro años pasaron de ello, y la postal de hoy es muy distinta. Decenas de miles de santafesinos están siendo víctimas de la furia de la naturaleza y la imprevisión del sistema, que los coloca prácticamente en el mismo lugar que en abril de 2003. Otra vez el abandono, las casas anegadas, el éxodo, las pérdidas. Con esta imagen repetida, uno podría pensar que nuevamente la maquinaria solidaria de toda la ciudad se pondría en marcha para ayudar en esta nueva catástrofe, que la vida de los santafesinos se paralizaría nuevamente ante la emergencia con el objetivo incontenible de ponerse al servicio del otro. En muchos, muchísimos casos fue así, y en muchos, muchísimos casos, no.

Quien tuvo oportunidad de recorrer las calles de Santa Fe durante la tarde del domingo pudo constatar que más allá de la contingencia, la otra Santa Fe siguió prácticamente su vida normal. Cuando paró la lluvia y el agua permitió a muchos salir del encierro, los lugares públicos fueron colmados de personas que decidieron esta vez, quedarse al margen de este compromiso, como ajenos a lo que 30 mil santafesinos estaban afrontando.

La peatonal San Martín en toda su extensión conservó su fisonomía solo alterada por la falta de luz en los comercios. El paseo, fue una alternativa de recreación para muchos que disfrutaron la tarde en la zona.

En la costanera santafesina, como todos los domingos, se repitieron las interminables colas de autos por barrio 7 jefes y la Avenida Almirante Brown, mientras muchos conductores miraban atentos para tratar de encontrar un lugar donde estacionar los vehículos. Ni hablar de los cientos de personas que caminando o sentada colmó el lugar mientras apreciaba el espectáculo de la Laguna Setúbal y todo el camalotal. Hasta el parque de diversiones en el Puerto de Santa Fe pudo funcionar y divertir a los que decidieron llegarse hasta allí.

Por supuesto también, las iglesias de los distintos barrios que quedaron libres del agua, se vieron colmadas de fieles que ritualmente participaron de la celebración del domingo de Ramos, rezando y orando por una solución para los inundados.

La preocupación, el dolor estaban allí, pero como por una cuestión de supervivencia la actitud que se tomó fue otra. La Santa Fe seca y la Santa Fe bajo agua: dos ciudades a las que esta vez, les costó fusionarse. El porqué es la respuesta a encontrar.

Para muchos, todavía hay heridas y resentimientos del pasado que no lograron superarse, y el mantenerse al margen parece ser la solución. Algunos se animaban y manifestaban su recelo a sentirse nuevamente utilizados por un sistema que demostró no funcionar y por un gobierno que vuelve a cometer los mismos errores. De muchos docentes incluso, se llegó a escuchar que “no estaban dispuestos a hacerse cargo otra vez de la inoperancia de quienes deben hacerlo” y a “cumplir las funciones de aquellos que nos gobiernan y deberían dar las soluciones definitivas a los problemas”. El dolor fue mucho para curarlo y cuando las heridas parecían cerrarse otra vez pasar por lo mismo, después de tanto sacrificio y lucha para que reconstruir lo deshecho. La consternación es la misma, mientras las imágenes de la televisión y los sonidos de la radio hacen regresar todos esos recuerdos del pasado que deberían haber servido para construir una ciudad diferente.

Mientras tanto, los reclamos de los que están peleando con el agua siguen y los de los que no también, esperando las respuestas que tarde o temprano deberán darse sin rodeos.




















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