MIENTRAS LA DIRIGENCIA TITUBEA...
En situaciones como la que hoy atraviesa Santa Fe, hay una frase que se escucha en boca de casi todos los dirigentes: “No hay que politizar la crisis”. En las antípodas de ese discurso ingenuo, uno de los organizadores del escrache a Balbarrey defendió a la política como herramienta y aseguró que, tras la inundación de 2003, la mal llamada clase política aprendió “nuevas estrategias para sacar provecho de las crisis”.
De Platón en adelante, es como mínimo ingenuo utilizar el término “política” en sentido despectivo. Pero nuestros políticos, todos nuestros políticos, lo hacen a menudo. Cuando estallaron los reclamos derivados de esta segunda inundación, desde el oficialismo se ensayaron las excusas habituales (“no hay que politizar la crisis”), olvidando infantilmente que todo es política, incluso el acto de negarla.
Una de las tantas conclusiones que se pueden sacar a partir de la sucesión de hechos registrados en las últimas dos semanas pone de manifiesto la “conciencia política” de quienes ayudan (y también protestan): los voluntarios, jóvenes y adolescentes, tantas veces criticados por sus mayores por la supuesta falta de compromiso. Ellos no reniegan de la política; por el contrario: la reivindican como la herramienta más útil a la hora de producir los cambios sociales necesarios.
Esta crítica al discurso de la dirigencia ya había sido manifestada en
una carta redactada por los voluntarios expulsados del Club de Regatas. Y en el escrache al intendente Martín Balbarrey, nuevamente, fue puesta en juego por Federico, uno de los manifestantes-organizadores. “Esto es política”, definió, en medio de la marcha. “Nuestra posición es clara y es política: estamos en contra de esta gente que se dice responsable y que se lava las manos. Por eso los repudiamos: porque nos están haciendo mal”.
–¿Por qué eligieron venir a la casa del intendente? –Para identificar a la persona que se está queriendo salvar políticamente. Balbarrey está aprovechando la situación para hacer campaña política con sus punteros. Y todo el cuerpo político está tratando de salvarlo, porque él es responsable.
Luego, Federico se refirió a
las sucesivas expulsiones de voluntarios por parte de “enviados oficiales”: hechos que ocurrieron la semana pasada en el Predio Ferial y en el Club de Regatas. “Nuestra primera medida fue no concurrir más a esos lugares monstruosos, donde lo único que se hace es hacinar a la gente. Nosotros tratamos de trabajar en los lugares más chicos para tener una mejor percepción y lograr el efecto que queríamos: que la gente tuviera una mínima independencia para poder tomar sus propias decisiones”.
Tras ese alegato, cargado de política, el manifestante se permitió una lectura lúcida sobre la acción de los gobiernos provincial y municipal. Federico calificó como “muy estratégica” la respuesta oficial, y explicó: “Así como nosotros aprendimos muchas cosas de la última inundación, ellos también aprendieron: aprendieron nuevas estrategias para sacar provecho de las crisis”.
–¿Por ejemplo? –Por ejemplo, aprendieron cómo manejar a la gente para que se quede en sus barrios y no salga a reclamar, cómo manejar los centros de evacuados más grandes y cómo moverse con los voluntarios que se acercan a ayudar. Por supuesto: no quisieron aprender a darle bienestar a la gente y a que no se inunde la ciudad. Pero las estrategias políticas y el provecho electoral, eso lo aprendieron.