LO CONFIRMÓ EL INSTITUTO NACIONAL DEL AGUA
Las lluvias registradas en el norte del país no afectarán a Santa Fe
La cuenca del Salado no se verá impactada porque no está conexa a la zona de lluvias y la del Paraná-Paraguay apenas sentirá los aportes del Pilcomayo. Un especialista explicó que puede haber lluvias inesperadas, pese al período de sequías.
31-01-2008 | 06:00 hs.
Autor: · Fuente: El Litoral
Guillermo Berri, doctor en meteorología, profesor del departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos UBA e investigador del Conicet, estudió los efectos del Niño/Niña en los ríos de la zona en un ciclo de cien años. Para el especialista, las lluvias inesperadas de los últimos días se pueden explicar pero no alteran las condiciones generales de un escenario con seguía. El Instituto Nacional del Agua, en tanto, confirmó por otra parte que el impacto de las lluvias en el noroeste no afectará a Santa Fe.
Berri le explicó a El Litoral que "lo que los estudios muestran que en todo el centro, norte y noreste de la Argentina, con La Niña, en general hay precipitaciones por debajo de lo normal; éste es un fenómeno que se asocia con una condición seca pero que puede tener distinta intensidad".
Señaló con relación a las últimas -e inesperadas- precipitaciones, que "hay situaciones que logran escapar a la tendencia, pero en pequeña medida. La Niña está asociada al déficit de precipitaciones y eso se confirma cuando uno analiza históricamente los caudales del río".
"Los caudales, particularmente en noviembre y diciembre, están muy por debajo de lo normal y lo mismo ocurre en marzo y abril", reseñó. En coincidencia con el informe del INA que confirma que no habrá efectos sobre la cuenca hídrica de esta zona, Berri explicó que la eventualidad de lluvias intensas en este escenario, sería "en regiones confinadas" y "la consecuencia sobre el caudal no se vería en la suma total".
El especialista recordó que el fenómeno del Niño o la Niña "básicamente se inicia en la primera mitad de un año calendario, se define a mediados del año y cobra intensidad creciente para alcanzar su máximo a fines del año calendario; luego decae". El proceso se reitera en una secuencia imprevisible para cada ciclo.
Ciclos y excepciones
"Esta Niña se evidenció a mediados de 2007, alcanzó pico con oscilaciones hacia fines de año y las previsiones indican que decaerá en intensidad. Si bien ese fenómeno climático que tiene impacto e influencia notable y condicionante sobre el clima y la atmósfera en grandes regiones del planeta, sus efectos en la región no son constantes y sistemáticos", aclaró, al ser consultado sobre las últimas lluvias en Santa Fe.
Detalló que "en el caso concreto de la precipitaciones y el caudal del río, la Niña muestra un déficit de lluvia durante primavera, con picos a diciembre, pero durante enero y febrero el efecto se diluye, es decir que deja de haber una influencia notoria y marcada que se retoma en marzo y abril".
"La explicación -insistió- es que el efecto originario primario (sequía) se ejerce en la región en forma continua, pero en el momento de máximo calentamiento, en la inestabilidad del verano eso se va compensado y aparecen lluvias" que también están en los registros estadísticos y que "logran escapar" momentáneamente a La Niña.
"Estas lluvias inesperadas fuera del contexto no estarían más que confirmando resultados de ese estudio que analiza 50 a 100 años de datos".
Efectos del calentamiento
"Es algo que todavía no está muy bien estudiado, y constituye el desafío más grande de la comunidad científica", señaló Berri al ser consultado sobre la incidencia del calentamiento dentro de los ciclos Niño/Niña.
"El tema está instalado y las evidencias del calentamiento son irrefutables; tiene un grado de margen e incertidumbre pero va a continuar. ¿Cuáles serán las consecuencias? No es algo que hoy esté definido, porque es algo que se estudia con modelos de cálculo meteorológico y se analizan períodos largos de 100 años. Además los modelos no son herramientas precisas".
Dijo que "los cálculos a nivel local tienen todavía un considerable grado de error" y apuntó que "no podría decirse con razonable grado de certeza cómo serían los efectos. Si hablamos de condiciones generales en regiones amplias, la incertidumbre o error se reduce un tanto; en el caso concreto de nuestra región, los estudios indican que las tendencias continuarían al menos en el futuro cercano 20 a 30 años, con aumento de la precipitaciones que en algunos casos alcanzan al 30 por ciento".
Advirtió que "los modelos dan una condición media, pero un clima puede ser constante o más oscilante. El desafío es comprender mejor no ya el promedio sino el comportamiento de situaciones extremas, si se van a ver magnificadas o no. Y allí estamos un poco en pañales", concluyó.
Los desbordes en el noroeste no afectan esta zona
El Instituto Nacional del Agua que funciona en Ezeiza confirmó a El Litoral que la incidencia de la crecida del Pilcomayo en la cuenca del Paraguay y Paraná es nula, porque el mayor río del subcontinente está muy bajo y porque los caudales aportados son mínimos a pesar de los desbordes en el noroeste .
"Esta crecida es habitual en los veranos; sólo tiene importancia local" especificó el informe oficial. "En Santa Fe no hay que esperar nada raro", dijo el especialista.
También confirmó que entre las zonas de las precipitaciones intensas en el noroeste y la cuenca del río Salado de Santa Fe no hay conexión alguna, por lo que tampoco deben esperarse fenómenos que afecten la normalidad de los cursos de agua que rodean a la capital santafesina.
Previsibilidad
Berri apuntó que "lo importante es que la sociedad tiene una herramienta imbatible para realizar perspectivas a nivel estacional. El fenómeno Niño/Niña se desarrolla en un período prolongado que da horizonte de previsibilidad suficiente. Esto significa que el impacto (de cada ciclo) se produce en el momento pico del fenómeno que es el final del año calendario; eso nos da un período de dos o tres meses para que una vez conocido el fenómeno, se adopten las medidas en torno al escenario probable y se mitiguen según la recarga de sistemas hídricos en torno de las cosechas y los asentamientos humanos".
Sin radares
Si bien hay una estación en Ezeiza y otra en Pergamino, el país carece de un sistema integrado de radares meteorológicos, que "se pueden sembrar en el país y costarían muchísimo menos de lo que se gasta en otros proyectos. Cada uno tiene un costo del orden de los 10 millones de dólares, si hablamos de lo más moderno, actualizado y completo, cada uno con alcances de 400 kilómetros". El sistema permitiría, según explicó Berri, tener un diagnóstico en tiempo real y hacer un pronóstico de corto plazo, en especial ante fenómenos como el de las lluvias "convectivas" (intensas y localizadas) o fenómenos de granizos. También en este caso las variables del clima son inmanejables, pero la herramienta permite establecer alertas de corto plazo y mitigar eventuales efectos.