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Lunes 15 de marzo de 2010 - 02:15
UNA TRAGEDIA QUE SE INVESTIGA
Contra el pacto de silencio
Los padres de la niña de 12 años muerta en un campamento scout de la Parroquia San Pablo el último verano impulsan la investigación penal de los hechos. Se constituyeron como parte interesada en los tribunales de Córdoba. Aportaron pruebas y testimonios que revelan negligencia e impericia. Denuncian una campaña de hostigamiento en su contra. Acusan a las autoridades eclesiales de ocultar la verdad y demandaron al Arzobispado de Santa Fe por daños y perjuicios.
25-04-2008 | 13:18 hs.
Autor: · Fuente: Revista Entre Líneas

María Candelaria tenía 12 años cuando un torrente de agua y barro la arrastró por una quebrada hacia el río Santa Rosa, en las sierras de Córdoba. Eran las 18 horas del sábado 5 de enero. Por la mañana había arribado a la Casa de Descanso del Seminario Arquidiocesano “Los Algarrobos”, para participar del campamento de verano que todos los años organiza el Grupo Scout 213 de la parroquia San Pablo de nuestra ciudad. El establecimiento es propiedad del arzobispado de Santa Fe y se encuentra ubicado junto al arroyo “El Quebracho”, cerca de la localidad de Santa Mónica, en la zona del Valle de Calamuchita.

Esa tarde una intensa tormenta de lluvia, viento y granizo se abatió sobre el lugar, afectando directamente al contingente que había levantado sus carpas en una zona de cañadas y quebradas. Fueron veinte minutos de miedo y desconcierto. Los chicos estaban desparramados y el agua en torrente que bajaba de la sierra dificultaba el reagrupamiento del grupo que buscaba guarecerse del meteoro.

María Candelaria formaba parte de la Patrulla Panda. Su carpa estaba ubicada al costado de una cañada de tres metros de profundidad en un sector atravesado por varias zanjas secas de 50 centímetros. Cuando comenzó la tormenta buscó refugio en la zona baja, creyendo que en ese lugar, estaría protegida del viento y el granizo. El aluvión la sorprendió con otras cuatro nenas de su grupo. Al quedar aisladas del resto del campamento debieron cruzar por sus medios el curso de agua que crecía minuto a minuto. Todas lograron pasar al otro lado, menos María Candelaria, que no pudo aferrase a la rama que le acercaron para ayudarla. La corriente fue más fuerte y se la llevó. En otro sector del campamento, una rama cayó sobre la carpa de los Lobatos (el grupo de los más pequeños) y aplastó a Juan Cruz, de 10 años, que perdió la vida prácticamente en el acto.

Las crónicas periodísticas del momento se ajustaron a la versión lanzada por los responsables de la agrupación scout y el cura de la parroquia San Pablo Marcelo Frank. Según este relato, la muerte de los niños fue inevitable, ya que, se trató de un fenómeno meteorológico impredecible y de una intensidad pocas veces vista, que dejó poco margen de acción para evitar la tragedia.

Sin embargo, para los padres de María Candelaria la realidad de los hechos es bien distinta. A partir de una pesquisa personal, la colaboración de peritos y el testimonio de funcionarios policiales de Córdoba, lograron reconstruir las últimas horas de su hija en el campamento scout y concluir que su muerte pudo ser evitada.

Contacto directo

En las primeras horas del domingo 6 de enero, Francisco Alquati y Erika Bär, llegaron al lugar del campamento acompañados por el comisario inspector Rodríguez de la comisaría de Santa Rosa de Calamuchita. En el lugar les informan que su hija había sido arrastrada hasta el Río Santa Rosa por una fuerte corriente de agua originada en las intensas lluvias producidas en la cumbre de la sierra y que un grupo de cinco bomberos estaban realizando un rastrillaje sin resultados hasta ese momento.

De la charla mantenida con el comisario, los padres de Maria Candelaria se enteran que los dirigentes del grupo scout no habían informado a las autoridades (policía, bomberos, o defensa civil) de la instalación del campamento. También supieron que el auxilio llegó por casualidad, ya que nadie dio aviso de lo ocurrido.

En medio de la desesperación por encontrar a su hija, Francisco les pide a los dirigentes que lo acompañen a revisar el lugar. La respuesta fue negativa y sin mayores explicaciones lo dejan solo con su esposa. Ambos tenían la esperanza de que Maria Candelaria haya podido salir del agua y en un estado de probable confusión haber caminado hacia cualquier lugar. Por consejo del comisario Rodríguez deciden esperar hasta el amanecer. “Las horas de espera fueron eternas y repito que ninguno de los scout, ni padres y colaboradores presentes se nos acercó siquiera a ofrecer una palabra de aliento o simplemente un vaso de agua, como si no existiéramos, como si fuéramos parias; ni en ese instante, ni durante la búsqueda, ni al enterarnos del terrible desenlace”, cuentan Francisco y Erika desde su blog.
A las seis de la mañana - mientras el comisario intenta convencer sin éxito a los dirigentes scout de salir a buscar a la niña - el matrimonio Alquati, acompañados de un pariente, el agente de policía Romero y uno de los bomberos que hicieron el rastrillaje por la noche, salen a recorrer la zona. Primero bajan por la cañada en donde cayó María Candelaria arrastrada por el torrente. Llegan a la costa del río Santa Rosa y 100 metros aguas abajo de esa desembocadura encuentran huellas claras de zapatillas Topper sobre la orilla de arena húmeda que entran y salen del cauce. Cuando la nena es encontrada sin vida a 1.500 metros de ese lugar llevaba zapatillas de esa marca color celeste. La ropa no presentaba roturas, su cuerpo no mostraba heridas, salvo un par de profundos rasguños en la frente.

La conclusión que atormenta a los padres es perturbadora. María Candelaria pudo haber salido del agua por sus propios medios, pero carente de fuerza y sin ayuda, volvió a ser arrastrada por la corriente. Frente a esta posibilidad, lo que no se hizo después de la tormenta, pudo ser determinante en el fatal desenlace.

Peritaje

Los padres de Maria Candelaria regresaron al lugar del campamento el 24 de enero. Estaban acompañados de la abogada de la familia, Silvia Martinet, y el policía santafesino Sebastián Espíndola. Este último realizó un informe denominado “Análisis de aptitud del sitio de campamento”, que luego fue entregado, junto a otras pruebas documentales y fotográficas, en la fiscalía de Río Tercero donde se investiga este hecho.

Espíndola es Instructor del Centro de Formación de Aspirantes – Subdelegación Santa Fe de la policía de la provincia, cadete de la Escuela de Gendarmería Nacional Argentina y miembro de la Unión de Suboficiales y Aspirantes para la Reserva. El propósito del trabajo fue determinar la aptitud del lugar escogido para la instalación del campamento de enero de 2008 del Grupo Scout “San Pablo”, verificando sus condiciones de seguridad e idoneidad para tal fin, mediante una investigación de campo que conjuga el reconocimiento y la observación del terreno en cuestión, la recolección de información, el estudio de la cartografía del lugar y la consulta con bibliografía especializada basando los resultados en el conjunto de conceptos técnicos de la temática.

El trabajo describe el predio donde se ubica la Casa de Descanso “Los Algarrobos” perteneciente al Seminario Arquidiocesano de Santa Fe. Destaca la existencia de una cañada de una longitud aproximada de 300 metros, con sentido norte sur, y una amplitud entre sus márgenes que va desde los cinco metros en la desembocadura hasta los 15 o 20 metros en el resto de su trazado. Presenta una profundidad promedio de tres metros, con un lecho seco cubierto por pastos, rocas, arbustos y árboles de pequeño porte. En el terreno aledaño existen zanjas naturales de entre 30 y 50 centímetros de profundidad producto del drenaje del agua de lluvia que escurre desde áreas mas elevadas, confluyendo muchas de estas en la mencionada cañada. “Se observa evidencias de actividad de campismo, como ser utensilios, trozos de soga, elementos para el armado de construcciones rusticas, objetos de identificación de grupos, entre otros artilugios abandonados a ambos márgenes de la descripta cañada”, sostiene el informe.

Sobre la base del estudio “in situ” del terreno, el análisis de la cartografía del lugar y considerando las pautas técnicas y los criterios de especialistas en campismo, el informe de Espíndola concluye “que el sitio elegido para la instalación y desarrollo del campamento presenta condiciones inadecuadas y potencialmente riesgosas para la seguridad del mismo”, destacando los siguientes aspectos negativos:

- La proximidad de árboles de gran porte y altura, los que se tornan peligrosos en caso de tormenta o viento fuerte, por el desprendimiento de ramas u ocasionales caída de los mismos.
- La división espacial del área de acampe por un accidente topográfico de consideración, como es una cañada de zona de montaña.
- Su proximidad con un curso de agua mayor y su comportamiento ante la caída de abundantes precipitaciones y tiene como consecuencia crecidas violentas, repentinas y con exuberantes volúmenes de agua.

En conclusión, “las condiciones del sitio escogido para el montaje del campamento por parte de la dirigencia del Grupo Scout “San Pablo”, son inconvenientes y poco propicias” (…) “denotando impericia y negligencia ante la falta del debido cuidado y prevención puestos de manifiesto”.

Lea la nota completa en la edición impresa de la revista "Entre Líneas".


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Maria Candelaria encontró la muerte de una forma trágica que ahora algunos sectores quieren ocultar
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