SANTO TOMÉ
ENCUENTRO DE GIGANTES
EE.UU y Rusia negociarán un nuevo pacto global
Barack Obama se reunirá el lunes con su par Dmitri Medvedev para negociar una reducción de armamento estratégico en Europa. Del lado norteamericano hay desconfianza. Rusia condicionó el acuerdo.
04.07.2009 | 18:03 hs.
· Fuente: Crítica
La antagónica relación entre Estados Unidos y Rusia tiene su origen a principios del siglo pasado, cuando la mayor economía del mundo se hizo gigante en el periodo de entreguerras y la Unión Soviética surgió entre las ruinas de una guerra europea que se hizo mundial y que llevó a la Rusia zarista a una guerra civil que mató a millones de campesinos dando origen a un nuevo modelo político-económico.
Casi cien años después la relación ha mutado y la abstracta Guerra Fría ya es parte de la historia. Sin embargo, Barack Obama no dejará de sentir desconfianza en su figura y cierta reticencia cuando arribe este lunes a Moscú para negociar un nuevo tratado de reducción de armamento estratégico ya que el actual acuerdo expira a fin de año.
La predisposición que ha mostrado Obama para cambiar radicalmente sus políticas exteriores no logran limar las diferencias que existen entre los dos países desde la gestión de George Bush, quien no tuvo reparos a la hora de enfrentarse al gigante del este de Europa en temas como el plan estadounidense de desplegar un escudo antimisiles en el centro del viejo continente, las ambiciones de las ex repúblicas soviéticas de Georgia y Ucrania de ingresar a la OTAN o el plan atómico iraní.
Un antecedente positivo que genera cierta esperanza de que se concrete un acercamiento entre las naciones es la predisposición que mostraron tanto Obama como su par ruso, Dmitri Medvedev durante la cumbre del G20 que se llevó a cabo en Londres en abril pasado. Pese a esto, el portavoz de exteriores en el Consejo de la Federación, Mijail Margelov ya adelantó que "es demasiado pronto esperar una mejora inmediata en las relaciones".
En esta primera visita de Obama como Jefe de Estado, se concretará la declaración de intenciones de ambos países de renovar el Tratado de Reducción de Armamento Estratégico (SMART). Pero más allá del hecho simbólico, se sabe que llegar a un acuerdo requerirá de duras negociaciones. El Gobierno ruso condicionó el nuevo trato a que Washington renuncie a su sistema antimisiles, algo que "no será aceptado por Obama ni por el senado estadounidense", adelantó el experto militar moscovita Pavel Felgenhauer.
El premier Medvedev quiere tener participación directa en la toma de decisiones sobre la seguridad del viejo continente y por eso buscará convencer a Obama de adoptar un nuevo plan de seguridad europeo "desde Vancouver a Vladivostok" que elimine la imagen de perdedor de la Guerra Fría que recae sobre Rusia desde principios de la década del noventa.
El deseo del titular del Kremlin es que su país sea tenido en cuenta como socio o, al menos, como rival, pero que reciba un trato igualitario a los Estados más importantes del mundo. Esta intención se dejó entrever en las políticas de fortalecimiento de relaciones con naciones antiestadounidentes como Irán, Venezuela o Cuba que adopto el Gobierno ruso desde la asunción de Medvedev, impulsado a la presidencia por su antecesor Vladimir Putín en mayo del año pasado.
Casi cien años después la relación ha mutado y la abstracta Guerra Fría ya es parte de la historia. Sin embargo, Barack Obama no dejará de sentir desconfianza en su figura y cierta reticencia cuando arribe este lunes a Moscú para negociar un nuevo tratado de reducción de armamento estratégico ya que el actual acuerdo expira a fin de año.
La predisposición que ha mostrado Obama para cambiar radicalmente sus políticas exteriores no logran limar las diferencias que existen entre los dos países desde la gestión de George Bush, quien no tuvo reparos a la hora de enfrentarse al gigante del este de Europa en temas como el plan estadounidense de desplegar un escudo antimisiles en el centro del viejo continente, las ambiciones de las ex repúblicas soviéticas de Georgia y Ucrania de ingresar a la OTAN o el plan atómico iraní.
Un antecedente positivo que genera cierta esperanza de que se concrete un acercamiento entre las naciones es la predisposición que mostraron tanto Obama como su par ruso, Dmitri Medvedev durante la cumbre del G20 que se llevó a cabo en Londres en abril pasado. Pese a esto, el portavoz de exteriores en el Consejo de la Federación, Mijail Margelov ya adelantó que "es demasiado pronto esperar una mejora inmediata en las relaciones".
En esta primera visita de Obama como Jefe de Estado, se concretará la declaración de intenciones de ambos países de renovar el Tratado de Reducción de Armamento Estratégico (SMART). Pero más allá del hecho simbólico, se sabe que llegar a un acuerdo requerirá de duras negociaciones. El Gobierno ruso condicionó el nuevo trato a que Washington renuncie a su sistema antimisiles, algo que "no será aceptado por Obama ni por el senado estadounidense", adelantó el experto militar moscovita Pavel Felgenhauer.
El premier Medvedev quiere tener participación directa en la toma de decisiones sobre la seguridad del viejo continente y por eso buscará convencer a Obama de adoptar un nuevo plan de seguridad europeo "desde Vancouver a Vladivostok" que elimine la imagen de perdedor de la Guerra Fría que recae sobre Rusia desde principios de la década del noventa.
El deseo del titular del Kremlin es que su país sea tenido en cuenta como socio o, al menos, como rival, pero que reciba un trato igualitario a los Estados más importantes del mundo. Esta intención se dejó entrever en las políticas de fortalecimiento de relaciones con naciones antiestadounidentes como Irán, Venezuela o Cuba que adopto el Gobierno ruso desde la asunción de Medvedev, impulsado a la presidencia por su antecesor Vladimir Putín en mayo del año pasado.
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