VIEJO PROBLEMA
La ilegalidad no va en tren, va en avioneta
Cómo son los negocios fraudulentos por vía aérea en el norte. La Nación no controla y las fuerzas provinciales no tienen logística para hacerlo.
26.07.2009 | 10:39 hs. · Fuente: Crítica Santa Fe
La avería del tanque de combustible, en el ala de la avioneta Pipper Cherokee 300 robada el lunes pasado del aeroclub de San Francisco, evitó que la nave de seis plazas y valuada en 120 mil dólares, llegase a Paraguay, tal como presumen los investigadores. El piloto debió aterrizar a la fuerza, apenas unas horas después del despegue, en un campo del norte santafesino enclavado en tierras conocidas como La cañada de las víboras, en el departamento 9 de Julio. El tren delantero roto connota que una maniobra de urgencia abortó la fuga. Alejandro Moreno, miembro del aeroclub siniestrado destacó “el conocimiento y la escasa improvisación” del grupo comando que se llevó la aeronave. El guardafauna regional de Tostado Daniel Chersich, conocedor de la zona atravesada por los bajos submeridionales, no dudó en reconocer la región como “la ruta de tráfico de drogas”. En el campo ubicado en las cercanías de la ruta 31, a pocos kilómetros del paraje Fortín Seis, quedaron huellas de un vehículo, apenas a unos pasos de la avioneta precipitada.

Zonas calientes. En la Justicia cordobesa, que investiga el robo de la aeronave en San Francisco, no dudan en que la intención fue sumarla al negocio del contrabando. “Nadie se roba una avioneta para pasear. Para hacerse una idea, sólo en el norte del país hay 1.500 pistas clandestinas, en las que aterrizan entre 120 y 150 aeronaves por día, con una carga de 600 kilos cada una, con cocaína, armas, marihuana, personas o pasta base. El lugar más caliente es el norte de Santa Fe y el sur de Chaco”, dijo a este diario Claudio Izaguirre, presidente de la Asociación Antidrogas de Argentina. “Esto sucede porque la Fuerza Aérea no controla. El norte de Santa Fe, como alguna vez dijo un diputado, es una sola pista”, resumió. Virgilio Palud, ex juez federal subrogante de Reconquista, quien opinó hace dos años en el mismo sentido. “El problema es que los radares funcionan entre 4 y 6 horas, y los pilotos conocen esas ventajas. Es desigual”, reveló un agente de la Gendarmería Nacional con asiento en Corrientes. Izaguirre subrayó: “Las avionetas vuelan bajo, encima del río (Paraná), y los radares no las detectan. Cuando eso sucede no se puede hacer nada, no se las puede derribar como en Brasil, que tiene una ley que lo permite. El espacio aéreo no tiene control en nuestro país, no hay una política de la Nación para evitarlo”, describió ante la consulta de Crítica de Santa Fe.

La policía santafesina no dispone de aeronaves para investigar vuelos ilegales. Es más, todavía no cuenta con un scanner rutero, pedido el año pasado por la ex Dirección de Drogas Peligrosas. La mayoría de los pilotos contratados por los empresarios narcos son brasileros. Si el trabajo es seguro, se trasladan solos, con bidones de combustibles en el compartimento del acompañante y una carga promedio de 400 kilos. Si “la cancha” –como suelen referirse a las pistas– está complicada, suelen llevar un compañero que arroja la mercancía ilegal desde el aire. El peso del pasajero se descuenta de la droga transportada.

Fuentes que trabajan sobre el problema detallaron que las naves preferidas son las tipos Cessna 310, 172 o 182, que tienen una autonomía de 600 kilómetros y pueden aterrizar en no más de 700 metros. Investigadores antinarcóticos locales creen que, para agregar más droga a bordo, algunos aviadores no traen combustible extra y se reabastecen luego en surtidores ubicados en las localidades de La Paz (Entre Ríos) o Esquina (Corrientes).

Negocio redondo. Un funcionario judicial y una autoridad policial coincidieron en resaltar las ganancias del negocio ilegal. “El que quiere comprar marihuana a gran escala tiene que hacer el contacto en Paraguay, la mayoría de las veces en las localidades de Pedro Juan Caballero o Capitán Bado. Los paraguayos vienen hasta el lugar elegido por el comprador, anotan las coordenadas y la factibilidad de aterrizaje. Si se ponen de acuerdo, tienen que pagar el flete de arranque, unos 70 dólares por kilo transportado. Hay que tener en cuenta que las avionetas no mueven menos de 300 kilos por viaje. Cuando aterriza y se entrega la droga, se paga el costo de la sustancia, alrededor de 50 dólares por kilo”. La cuenta cierra para las dos partes. El comprador termina pagando el kilo de marihuana a 120 dólares, pero lo ubica en el mercado argentino por u$s350, y mucho más si la estira con bosta de caballo. La venta por menudeo (porros) es más rentable aún. “Los paraguayos que venden y producen cobran en promedio 50 mil dólares por transacción, de los cuales deducen los gastos operativos, que incluye el pago al piloto, unos 5 mil dólares por viaje. Al puestero del campo donde aterriza la avioneta le paga el comprador, alrededor de 700 dólares por bajada”, revelaron.