Susana Alicia Molinas abrió las audiencias en el marco de la tercera jornada del juicio que se sigue a Horacio “Quique” Barcos, un ex agente civil de inteligencia del Ejército acusado de secuestrar, privar de la libertad y torturar a Amalia Ricotti y a su entonces marido –hoy fallecido- José Alberto Tur. El hecho investigado ocurrió el 16 de mayo de 1978 y se extendió hasta el 31 del mismo mes.
Molinas era muy amiga de Alberto, a quien conoció en la segunda mitad de los años sesenta. Se vincularon por la actividad gremial en el sector docente. Solo los distanció el terrorismo de Estado y sus esquirlas. En los años duros se veían poco, pero la amistad no se perdió con el paso del tiempo y la obligada distancia.
La mujer recordó un capítulo que había sido abordado en audiencias anteriores pero que no había sido profundizado. La afinidad de Molinas con Alberto se extendía a toda la familia del secuestrado. Lo que le permitió enterarse que los padres de Tur vendieron una casa en la zona oeste de la ciudad (en adyacencias al Hospital de Rehabilitación Vera Candioti) al entonces coronel del Ejército Rodríguez Zía, que la compró para su hijo. La venta tiene algunas particularidades: la escritura está fechada el mismo día en que secuestraron a Alberto y a Amalia. Peor aún, no se depositó ni un solo peso en la cuenta de los Tur ni tampoco el coronel pagó de contado. La Casa habría sido una moneda de cambio por la libertad de la joven pareja que estaba a merced de Barcos y sus compañeros de ruta. “El papá de Alberto me comentó una vez que ‘la libertad de mi hijo no fue gratis’”, dijo Susana Molinas esta mañana a los jueces del TOF.
“Muy agradable, muy honesto”
Elena Mucchiutti está actualmente jubilada pero compartió con Tur la pasión por la docencia. “No conocía su actividad gremial, pero como persona era muy agradable, muy honesto y los chicos lo quería mucho. Cuando recuperó la libertad, me pidió que le leve el sueldo a la casa. Lo ví en la cama, muy débil, como si estuviera golpeado. No se levantó en ningún momento aquella vez. Lo que recuerdo bien es que me dijo ‘saben todo de todos’. A mí la situación me sensibilizaba porque tengo una hermana desaparecida, en Córdoba”, relató la mujer.
El militante y el espía
Narciso Rubén Gómez, histórico dirigente de la Asociación del Personal de la Universidad del Litoral (Apul), también declaró este viernes frente a los jueces del Tribunal Oral Federal. Su estilo campechano y directo tuvo trazos risueños, como contestar a una pregunta “me quedé en el molde”, pero también brindó información precisa sobre la figura de un personaje controvertido: el ex Personal Civil de Inteligencia del Ejército Luis Frillocchi.
Fue Gómez el que utilizó el término “controvertido” y lo justificó: “Frillocchi formaba parte de la conducción de Apul, yo lo conocí a mediados de los ochenta, por la actividad gremial. Formó parte de un grupo de personas armamos una agrupación a finales de los ochenta para disputar la conducción gremial, pero perdimos. Después, en 1992, logramos ganar con Rubén Nuñez como líder. Frillochi dejó de ser la cabeza de lista porque era controvertido, había firmado una solicitada de apoyo a la libertad de (el ex líder montonero, Mario) Firmenich y por eso no era bien visto. Siempre dijo que había sido de la juventud peronista y de Montoneros. Con el paso de los años, se alejó del grupo que formábamos con Nuñez, renunció a la comisión directiva porque decía que “el rojo de las cuentas del sindicato se debía a una especia de desfalco, cuando en realidad se trataba de una posición que teníamos en el gremio de otorgar créditos a compañeros que necesitaban comprar cosas, así se aumentó el rojo, no pudimos girar más al descubierto”. (Más información de Frillocchi en nota madre).
Narciso Rubén Gómez es un empleado administrativo de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Esperanza, una ciudad ubicada a 40 kilómetros de la capital santafesina. Allí también vive Gómez, desde siempre, salvo un período muy pequeño en el que se empleó en la Cervecería Santa Fe.
Fue muy amigo de Alberto Tur, el maestro que fue secuestrado junto a su mujer Amalia Ricotti en mayo de 1978. Tur militaba en Ctera y Amalia trabajaba en la empresa Meiters Aparatos cuando Horacio “Quique” Barcos los secuestró en plena Avenida 27 de Febrero la noche del 16 de mayo, frente al edificio de Radio Nacional bajaron los captores, entre ellos el PCI Barcos. También formó parte de la patota Un tal “José”, según narró Ricotti a los jueces en la primera audiencia del juicio.
El recuerdo del compadre
Gómez dijo que conoció bien a Alberto Tur porque era muy amigo de él. “Lo conocí en 1974, a través de mi mujer que militaba en el gremio del Departamento Las Colonias, ahí también estaba Alberto. A Amalia también la conocí en ese momento, incluso nos fuimos los cuatro – por las dos parejas- una vacaciones de verano.
Todos nos enteramos de lo que había pasado Alberto y Amalia, pero él se fue a México un tiempo después de ser liberado, fue a visitar a un hermano. Al regresar me comentó lo que había pasado, que lo habían torturado a él y a su mujer, que además había sido violada. Me dijo que en la tortura le preguntaban por todos nosotros, los dirigentes gremiales a o amigos, que se enteró de cosas mías por boca de los verdugos.”.
Gómez fue echado de su cargo administrativo en la UNL tras el golpe de Estado, espacio que recuperó a finales de 1984.
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