185 países, incluida la Argentina, estatizarían sus bancos
Los principales líderes de la economía mundial evitaron hablar de “nacionalización” de la banca. Dijeron, en su lugar, que avanzaba la “capitalización”. Tal vez usaron el eufemismo para no convertir esta reunión en Washington en el colmo del absurdo histórico. Pero lo cierto es que las potencias y otros 180 países avanzan hacia la estatización de la banca privada en problemas, como forma de salir de la profunda crisis global.
Así lo dijo por primera vez en público George W. Bush, quien se mostró en la Casa Blanca junto a los ministros de Economía de las siete naciones más ricas del mundo. También el director gerente del Fondo Monetario, Dominique Strauss-Kahn. Los 185 países miembros del FMI aceptaron la necesidad de “asegurar que los bancos puedan obtener capital de fuentes públicas y privadas”. Y Alemania, tal como hizo Gran Bretaña y como se apresta a hacer Bush, se sumaría hoy a quienes estatizan las pérdidas bancarias para evitar un colapso mayor de la economía.
El fin de semana de encuentros de emergencia por la crisis comenzó ayer temprano con el Comité Monetario y Financiero, el máximo órgano ejecutivo del FMI. Hoy seguirá en paralelo en la capital estadounidense y en París, donde se encontrarán los presidentes de la Unión Europea para discutir la misma alternativa: un plan global de nacionalización financiado por los contribuyentes de las naciones ricas.
“Estamos en esto juntos y vamos a salir juntos”, dijo Bush en la Casa Blanca, flanqueado por su secretario del Tesoro, Henry Paulson, y los ministros del G7, que también incluye a Alemania, Italia, Japón, Canadá, Gran Bretaña y Francia. “Los beneficios igual no se verán de la noche a la mañana”, advirtió.
Horas después, Bush repitió lo mismo donde sesionaba el G20 financiero, una institución creada en 1999 y hasta ahora poco relevante, que reúne al G7 y a países en desarrollo como China, Brasil, Sudáfrica y la Argentina. Ahí habló de una “crisis global” y también pidió coordinar esfuerzos.
Vale la pena rebobinar. La crisis se incubó porque los bancos estadounidenses expandieron su negocio durante la era Bush otorgando préstamos hipotecarios a clientes insolventes. Advertidos del riesgo, lo repartieron entre inversores más audaces (como los bancos de inversión) mediante títulos respaldados por esas hipotecas, por los que debieron ofrecer mayores intereses.
Las viviendas se encarecieron porque igual había crédito para comprarlas. Pero cuando la burbuja se pinchó y los deudores dejaron de pagar, el año pasado, los títulos apalancados en hipotecas (que se habían esparcido por todo el mundo) empezaron a caer. La crisis de tornó dramática este año, cuando los gobiernos debieron salvar a bancos centenarios. Y empeoró cuando el mes pasado empezaron las quiebras.
“La arquitectura financiera internacional va a tener que transformarse”, dijo ayer el ministro argentino Carlos Fernández. “Habrá grandes transformaciones en la economía mundial”, coincidió su par brasileño Guido Mantega. Lo que no está claro es que vaya a ser para bien.
El ajustador, ¿se ajusta?
El francés Dominique Strauss-Kahn hizo del autoajuste una bandera de su gestión en el FMI. Vio secarse su fuente de ingresos (los intereses de los préstamos) cuando le devolvieron lo que le debían la Argentina, Brasil, Rusia, Indonesia y Uruguay. Pero el Macro Café del edificio del Fondo sigue subsidiando los platos exóticos que comen sus técnicos: por ocho dólares se consigue una porción para dos de sashimi o de sushi, más barato que en Buenos Aires. Y por cinco una opulenta ensalada Caesar, menos de lo que vale un sándwich en un puesto de la calle 19. El staff protesta porque ya no lo dejan elegir la aerolínea que usan en sus misiones. Pero nunca dejaron de volar en business ni de parar en hoteles cinco estrellas. El nuevo jefe del Fondo también decidió dejar de pagarles el viaje a los ministros invitados a la asamblea anual. Pero el único ajuste real sobre sus propios gastos fue en la cantidad de personal. Se fueron 500 de los 2.500 economistas que tenía. Eso sí: casi todos con suculentos retiros de seis cifras en dólares.
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