Inundaciones y otras tragedias
Los santafesinos sabemos mucho de inundaciones. Y mucho más sobre las miserias que se esconden detrás de ellas.
Los santafesinos tenemos un doctorado en absorber excusas de funcionarios, y podríamos hacer un manual de teorías periodísticas intencionadas, a los efectos de proteger a los funcionarios de sus responsabilidades.
Afortunadamente los años nos fueron enseñando que la única solución real a los problemas, pasan por gobiernos que asuman como suyos los inconvenientes; y obras de infraestructuras que eviten la reiteración de los inconvenientes que traen las aguas de los ríos o de las lluvias.
Dolorosamente, y pagando un precio muy alto en vidas, traumas y daños económicos millonarios, Santa Fe ciudad ha pasado de ser un ejemplo de todo lo que no se debía hacer, para pasar a ser un ejemplo de cómo la intervención del estado, y la concientización ciudadana puede evitar que las tragedias se repitan.
Las últimas grandes lluvias que sufrió la ciudad en el último verano dejaron en claro que faltan obras en el norte de la ciudad, donde las lluvias siguen impactando con fuerza, y que las mismas pasaron a ser prioridades para las dos gestiones, la municipal y la provincial. Y que a pesar de algunos desencuentros, finalmente ya han sido licitadas.
Es probable que la ciudad siga teniendo dificultades en los próximos meses, según anuncia la llegada de “El niño”, pero está claro que serán mucho menores a las que sufrimos en 2003 y en 2007. Incluso menores que las de este año, porque los gobiernos no ponen excusas a la hora de hacerse cargo, y porque desde que asumieron no pararon de tomar las medidas que hacían falta: planificación de obras, mantenimiento del sistema de bombeo, limpieza constante de los reservorios, realización de defensas, optimización de los planes de contingencias y sobre todo, un fuerte trabajo de concientización social que permitió convertir al problema, en un asunto que nos ocupa a todos.
Las imágenes que nos ofrecieron en los últimos días los acontecimientos en el Norte de la Provincia de Buenos Aires y en el Sur de nuestro territorio, nos permiten comparar situaciones, y advertir cómo se repiten los comportamientos y las miserias, cuando las gestiones no se hacen cargo de los problemas.
Un gobernador viajando a descansar en el Adriatico mientras su provincia se inunda, una gestión nacional que invierte el triple de presupuesto en televisar el fútbol que lo que invierte en realizar obras hídricas, la repetición de las mismas escenas dos años después sin que se advierta ningún tipo de intervención por parte del estado, la “guerra” entre particulares que ante la ausencia de reglas eligen abrir canales para derivarle el agua a otros, la construcción sin control de barrios privados en lugares naturalmente destinados para reservorios, la falta de políticas que permitan a los productores no caer en el monocultivo que destruye la capacidad de absorción de la tierra, y la escena de vecinos saliendo por las suyas de situaciones que lindan con la muerte, muestran la contracara.
Las inundaciones no sólo traen agua, sino que despliegan un enorme caudal de miserias que son en general la consecuencia de la ausencia de estado.
Las excusas de los funcionarios ya no funcionan. La gente cada día entiende más las razones de estos problemas, y exigen con mayor conocimiento medidas que las resuelvan.
El desborde del Río Luján, es una buena metáfora de la Argentina. Y al mismo tiempo, es la demostración cabal de que las soluciones a los problemas reales, no pasan por cambiar símbolos de lugar, ni en acusar cada día a un enemigo distinto por los problemas que tenemos a cargo.
Santa Fe, puede contar cómo cambió su historia hídrica, aún cuando le falta mucho por hacer. Lo demás, es relato.
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