"6, HOLOCAUSTO", POR TELEFÉ
Esta es la historia de seis amigos, de seis sobrevivientes del Holocausto nazi, dirá, palabra más palabra menos, el nieto de uno de ellos en la apertura misma de 6, Holocausto (Telefé, domingo a las 23.30), un telefilme del que se vio la primera parte y que concluirá la próxima semana, producido por Insignia y escrito y co-dirigido por Agustín Rolandelli y Maxi Gutiérrez.
La propuesta era tan audaz, a priori, como fallido su resultado final. Adentrarse en el calvario de media docena de sobrevivientes de campos de concentración (nazis) y en sus diversos destinos posteriores en distintos países, con un formato que mezcla documento, testimonio y ficción, desarrollado por una productora independiente, resultaba una apuesta interesante, aunque no desprovista de riesgos. Riesgos que, más temprano que tarde, terminaron por esterilizar cualquier interés de la propuesta.
Porque más allá de algunos momentos de la actuación de Pepe Soriano, en el rol de un polaco judío ex prisionero en Auschwitz, y de los testimonios, siempre desgarradores, de los otros sobrevivientes, no hay nada que sostenga mínimamente la historia. Ni la problemática familiar del triángulo que integran abuelo (Soriano), hija (Ana María Picchio) y nieto (Juan D’ Andre), ni la “misión” que le encarga el abuelo al nieto de tomar contacto con aquellos cinco compañeros repartidos por el mundo, ni la esquemática y cuasi escolar relación de hechos que, según el relato, dieron forma a la persecución de los judíos por el nazismo.
La forma de relato escogida, en paralelo entre lo “local” (la relación abuelo-nieto, con la madre siempre en el medio) y lo “internacional” (la recorrida del nieto por los distintos países recogiendo el testimonio de los sobrevivientes), si bien podría resultar interesante, al menos formalmente, termina sucumbiendo.
En ninguno de los dos planos la historia progresa. Ni la relación familiar, jugada casi en un tono de comedia costumbrista judía con todos los clichés del caso (abuelo tradicionalista, idische mame, nieto confundido), ni menos aún el periplo casi turístico de Gabriel, el nieto, por Uruguay, México o Cuba. Donde se lo ve tomando fotos, cual turista japonés, mechando con información de manual escolar de la segunda guerra (con imágenes de archivo convencionales) y asistiendo a los diversos testimonios con una impasibilidad llamativa. Y para peor, con los contraplanos de su rostro hechos en otro momento, por lo que nunca condice su expresión con lo que se está oyendo.
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