A BOCA NO LE SALIÓ UNA
Boca tuvo su chance, la que tanto esperó, y la dejó pasar. Jugaba mal, es cierto, pero Guillermo Barros Schelotto, quien había ingresado un rato antes, encaró decidido al área y lo tocaron de atrás. Claro penal. Bianchi, desde el banco, hacía señas para que lo pateara Schiavi, pero el mellizo agarró la pelota y por las suyas ejecutó la falta, muy al medio, casi al cuerpo de Olave. Ni ésa le salió a Boca, que volvió a jugar mal, como en todo el verano, y se fue con un híbrido empate (0-0) ante Gimnasia en La Bombonera, en este arranque del Clausura 2004.
Una fórmula conocida
Estaba claro que Gimnasia iba a tratar de sorprender por arriba, el viejo recurso al que siempre suele recurrir Griguol y que tan buenos resultados le dio históricamente. De entrada, apenas, el Grandote Choy, con todo el tiempo del mundo, estrelló un cabezazo en el travesaño, mientras Schiavi y Burdisso se miraban entre sí, sin entender nada.
Boca tardó en reaccionar, porque sus volantes entraron sin saber dónde estaban. Les costó encontrar la manera de cortar el circuito que nacía en los pies de Lobo y terminaba adentro del área, con una pelota llovida, para que Choy se divirtiera en medio de la impotencia de sus rivales. El propio Choy tuvo su segunda chance neta. Centro pasado, al segundo palo, y su cabezazo, de pique al piso y con Abbondanzieri listo para el fusilamiento, se fue pegado a un palo. Más de uno gritó gol.
A esa altura Boca no estaba en la cancha. Deambulada sin destino, con paso lento, soporífero, se repetía con pelotazos para que Tevez y el brasileño Iarley, dos jugadores que no son precisamente altos, se debatieran en saltos con los lungos de Gimansia. Lógico, perdían.
Bianchi multplicaba sus indicaciones. Pedía paciencia, calma y pases cortos. Donnet, Cascini, Vargas y el debutante Cardozo, se pasaron todo el primer tiempo chocando. Para colmo, los laterales (Jerez de un lado y Clemente Rodríguez del otro) no se animaban a solatarse por temor a quedar expuestos ante una réplica de los delanteros de Gimnasia.
¿Tevez? Empezó muy parado, sin movilidad. Pero de a poco se dio cuenta de que el negocio estaba en tirarse unos metros hacia los costados para llevarse la marca. Ahí se sintió mucho más cómodo. Porque recibía sin la presión de su marcador encima y cada uno de sus arranques terminaba en peligro, tanto por derecha como por izquierda. Le faltó, es cierto, el socio que se la devolviera redonda. Iarley intentó, pero tuvo en Goux a un perro de presa, que lo siguió toda la tarde. Eso sí, la primera que se le escapó casi la manda adentro, a dos minutos del final del primer tiempo: Donnet llegó al fondo por la izquierda, despachó el centro y el brasileño la punteó, pero la pelota terminó en las manos del arquero Olave.
Boca debía cambiar, estaba obligado para tratar de torcer la historia. Era necesario que Tevez se pusiera el equipo al hombro y a partir de su gambeta se encontraran los espacios de tres cuartos de cancha hacia adelante. Nada de eso ocurrió. Gimnasia, en cambio, siguió complicando por arriba. Choy, una vez más, metió un cabezazo abajo que el Pato Abbondanzieri manoteó como pudo. Boca no llegaba y los de Griguol, de a poco, se fueron quedando sin piernas. El partido entró en un pozo del que salió cuando el árbitro Sánchez sancionó el penal. Ya fue dicho, el mellizo se puso tapones en los oídos, no escuchó a Bianchi y quiso gritar la victoria, justo frente a su ex club, al que nunca le pudo hacer un gol. Le entró mal y así se fueron a mano. ¿Es justo el reparto? Parecería que sí.
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