A BOCA NO LE VA BIEN EN EL CAMINO DE IDA
En La Paz, en ese sitio que asusta con sus 3600 metros de altura sobre el nivel del mar, Boca empezará a jugar hoy otra final internacional, una más en su riquísima historia. Claro que jugará la mitad de su sueño, un sueño de ida, que no sólo se presenta complicado por los matices que decoran a ese rincón boliviano tan temido, sino por lo que dicta la historia. Es que Boca, afrontando la primera parte de una final como visitante, registra cuatro antecedentes, con un 33,33 % de eficacia: ganó un partido (1-0 a Cruz Azul en 2001), empató otro (0-0 con Deportivo Cali en 1978) y perdió los dos restantes (2-3 con Santos en 1963 y 0-2 con Olimpia en 1979). Lo que no resulta tan negativo es el cierre de la serie, incluyendo las revanchas en la Bombonera, donde acumula un 50% de alegrías: las Libertadores levantadas contra colombianos y mexicanos contrastan con las resignadas ante brasileños y paraguayos.
“Preferimos jugar de ida. Es lo mejor definir en la Bombonera”, sentencia cualquier jugador del Boca actual. Es una mirada lógica, que coincide con protagonistas de la historia azul y amarilla. “Cerrar en la Bombonera es fundamental”, asegura Mario Zanabria, campeón de todo en aquel inolvidable Boca de Juan Carlos Lorenzo. “Siempre jugar afuera en la ida es mejor, porque podés regular, y después definís en casa”, completa José Sanfilippo, aquel goleador que en las finales contra Santos pegó tres gritos que no fueron suficientes.
El otro punto que genera interrogantes en este partido de ida es, por supuesto, la altura. “Ese es el peor enemigo. Boca debe jugar como lo hizo en Brasil, contra Internacional, con dos líneas de cuatro y corriendo poco. Si Boca sale a correr, pierde. Yo jugué dos veces en La Paz y me sentí muy mal. Una vez, no recuerdo de dónde veníamos, bajamos a cargar gasolina y me desmayé. Con eso te digo todo”, cuenta Sanfilippo. “Yo me sentía muy mal en la altura y nunca me fue bien. No hay fórmulas mágicas. Hay que regular, controlar la pelota y frenar el ritmo, pero no es fácil”, señala Zanabria.
“Yo jugué 45 minutos este año, todo el segundo tiempo, contra Bolívar, y me sentí bien, pero nunca se sabe. Cada uno reacciona de distinta manera”, expresa Guillermo Barros Schelotto, uno de los titulares de esta noche, protagonista de la última experiencia de Boca en La Paz, el 18 de febrero de este año, por la Libertadores, cuando fue derrota por 3 a 1 con una formación que incluyó apenas un delantero: Abbondanzieri; Perea, Burdisso, Schiavi, Crosa; Villarreal, Silvestre, Cascini, Caneo; Donnet; y Tevez. Tanto sufrió Boca que Carlos Bianchi dijo: “Bolívar pudo haber hecho algún gol más”.
Para combatir a La Paz, el colombiano Fabián Vargas no duda y piensa como Sanfilippo: “Hay que jugar como en Porto Alegre. Si logramos eso, nos va a ir bien. El tema será controlar la pelota y no desesperarnos”.
Sin embargo, el testimonio-ejemplo es el Andrés Guglielminpietro: “No jugué nunca en la altura. Así que no sé qué puede pasar”. Justamente la misma sensación rodea a Boca, una sensación de incertidumbre, aunque el nivel del equipo haya crecido en las últimas semanas.
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