A DECLARAR A SANTA FE ESPOSADO DE PIES Y MANOS Y BAJO AMENAZAS
Rubén Castaño, el interno que denunció a través de una carta la complicidad del Servicio Penitenciario en la masacre de la cárcel de Coronda, reveló ayer que Ariel Maschio -el otro preso que acompañó con su firma la denuncia- fue trasladado a declarar ante el juez que investiga la causa esposado de pies y manos, y amenazado. “Maschio fue llevado engrillado de pies y manos hasta Santa Fe y antes de declarar le advirtieron que iba a tener que decir lo que ellos querían porque sino lo devolvían a Coronda”, aseguró Castaño. A su regreso Maschio fue colocado en una celda solitaria, con la excusa de preservar “su integridad física”. Por el contrario sus compañeros de encierro, descalificaron el sitio “porque es un lugar donde aparecen suicidados los internos”.
El 17 de mayo Rosario/12 publicó una carta firmada por dos detenidos que estaban alojados en Coronda el 11 de abril cuando tuvo lugar
la matanza de 14 presos. En la misma denunciaban que “el alcaide Ferreyra fue uno de los entregadores del pabellón Nº 1”, porque después de encerrarlos en sus celdas le escucharon decir al grupo de presos que asesinó a sus pares: “Hagan lo que tiene que hacer y después se van”. Castaño y Maschio, se pusieron a disposición del juez de instrucción santafesino Jorge Patrizi para prestar declaración, estando alojados ya en la Unidad Nº 3 de Rosario. Y fue justamente por ese motivo que Maschio junto a otros dos internos fue llevado ante el magistrado el martes de la semana anterior. “En el trayecto los guardias lo iban amenazando además de llevarlo esposado de pies y manos. Y cuando se presentan ante el juez, le dicen ‘miren, acá van a declarar lo que uno quiere, no lo que quieren ustedes, porque sino los vamos a hacer llevar a Coronda’. Por eso el juez les dijo que tenían que decir lo que tenían que decir”, reveló Castaño.
Según el interno, sus compañeros “se quedaron con la mitad de las palabras y no dijeron todo”. Por eso explicó que no iba a viajar a Santa Fe a declarar ante el juez sino que pretendía que se le tomara declaración en Rosario.
El preso denunciante reveló además que después que este diario publicara su carta, “hubo algunos tironeos con algunos guardias, porque se defienden entre ellos”. Por eso pidió estar en un pabellón donde pueda estar con otros presos, donde se siente más seguro que en un calabozo solo.
Castaño denunció además un hecho desconocido hasta el momento: el viernes 8 de abril, tres días antes de la masacre, fueron hallados “dos escopetas del tipo tumberas -de fabricación casera- con 8 cartuchos cargados, además de ganchos, chuzas, una lima y una soga”. “Esto demuestra que se estaba armando un motín, aunque en realidad estaban pensando en la masacre”, aseguró. Y si bien Castaño reconoció que “a lo mejor el arma se puede fabricar con caños y el torno de la carpintería, los cartuchos tienen que haber sido ingresados por los guardias, porque a ningún preso la familia le va a traer un cartucho”.
De igual modo al momento de buscar el origen de la matanza Castaño repitió sus dichos de la carta publicada hace 10 días: “La policía (por el Servicio Penitenciario) tomó una determinación que esa gente molestaba por eso usó la gente del pabellón 7 que fueron quienes prepararon la matanza del pabellón 11 y del 1”.
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