A DÍAS DE LA VISITA DE RATO, EL FMI ELOGIA A MENEM
A sólo una semana de la visita del titular del Fondo, Rodrigo de Rato, y cuando prosigue la tirantez por la suspensión del acuerdo, la organización financiera publicó un sorprendente documento sobre el sistema bancario argentino.
El estudio —elaborado por técnicos del Comité Monetario del FMI— se titula “Performance y consoldación bancaria: la experiencia argentina”. Y analiza el impacto de las fusiones, privatizaciones y extranjerización del sistema bancario argentino que se produjo entre diciembre de 1995 y diciembre de 2000.
El estudio elogia “el creciente rol de los bancos extranjeros en la segunda mitad de los 90” y destaca que los depósitos banca rios se mantuvieron, e incluso aumentaron, durante las crisis de Asia (1997), Rusia (1998) y Brasil (1999). Y concluye, después de analizar esos 5 años, que “sobre todo, encontramos un positivo y significante efecto de la consolidación bancaria sobre la performance del sistema”.
Llamativamente, el estudio se detiene a fines de 2000, lo que es como contar una película habiendo visto sólo la primera parte omitiendo lo más importante: su final dramático.
Es sabido que después de esa fecha se produjo una impresionante fuga de depósitos y una salida de capitales que desembocó en la mayor crisis de la historia argentina.
El sistema bancario, que recaudaba depósitos en pesos y prestaba en dólares, no pudo seguir afrontando una mayor fuga. Y aparecieron el “corralito” y el “corralón”, algunos bancos extranjeros abandonaron sus operaciones en la Argentina, los depósitos y créditos se redujeron drásticamente y toda esa crisis tuvo un costo fiscal directo del orden de los 15.000 millones de dólares. Y graves pérdidas sobre los ahorros en dólares de los depositantes.
El documento tiene una sola referencia política. Y es para decir que “sólo con la reelección del presidente Carlos Menem en mayo de 1995 y la consecuente introducción de las medidas de reformas” fue que el sistema bancario pudo revertir la crisis del Tequila y recuperar su rol en la economía. Pero nada dice sobre que esas reformas no impidieron la debacle de 2001/2002.
También menciona que en 1995 “la firma del nuevo acuerdo con el Fondo y otros esfuerzos asociados también contribuyeron a restabelcer la confianza”, en lo que puede entenderse como un tiro por elevación a la suspensión del actual convenio con el FMI.
El documento no lleva la firma ni compromete al Directorio del FMI. Pero a las autoridades máximas del Fondo no se les debe hacer pasado por alto que publicar ese documento en su sitio de Internet reaviva una polémica sobre una historia reciente cuyas heridas aún no cicatrizaron. Y sobre todo porque traza un balance que se trunca en el tiempo, justo cuando se puso a prueba la solidez de ese sistema bancario reformado.
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