A DOS AÑOS DEL ÚLTIMO GRAN MOTÍN: ANTECEDENTES DE UNA TRAGEDIA ANUNCIADA
Cuatro muertos y 48 heridos, entre policías y detenidos, durante febrero y marzo de 2002, fueron la antesala sangrienta del Motín más violento que recuerdan los internos, hasta la trágica tarde noche de ayer: el del 15 y 16 de marzo de 2003.
Si bien hubo otros que terminaron con varios muertos -como en febrero y marzo de 2002-, el de hace dos años tuvo una connotación especial. Todo arrancó el viernes 14 cuando dos internos fueron asesinados con chuzas durante un recreo en los pabellones 2 y 5. El sábado por la tarde, unos 300 presos de los pabellones 10 y 12 comenzaron la revuelta que finalizó recién el domingo al mediodía, tras casi 20 horas en las cuales el penal quedó en poder de los detenidos. Un interno (Manuel Ariza, quien estaba en el calabozo de autodisciplina) murió. El penal quedó destruido en un 95 por ciento y en la actualidad el pabellón 5 sigue en reparaciones.
“Nunca estuvo claro porque arrancó ese motín. Normalmente, ¿qué hacen los presos? Un petitorio en el que piden que se mejoren las condiciones de vida, que la comida sea mejor y que los jueces los atiendan más rápido. Pero este arrancó por un problema en un pabellón y al no solucionarlo rápidamente se extendió a varios pabellones”, explica Víctor Hugo Tato Cacharelli, auxiliar de la dirección de la prisión y maestro en la escuela de la cárcel.
Tato Cacharelli es un referente tanto para los guardiacárceles como para los internos y eso se palpa al transitar por los pasillos. “A nosotros siempre nos trata de igual a igual”, dice un interno.
La prisión quedó casi destruida aquel marzo de 2003. “En ese motín se destruyó mucho porque los que iniciaron el alzamiento eran internos muy duros. Fueron los del fondo del penal, los que por cuestiones de seguridad no accedían a muchos beneficios. Se destruyó la capilla y la biblioteca de la escuela primaria porque la mentalidad de estos muchachos era «como yo no llego a ese lugar y no tengo acceso a eso, no es para nadie». «A mí no me dejan ir a la Iglesia, te rompo los santos y vos tampoco vas a ir a rezar»”, sintetizó el cordobés Priotti, quien fue uno de los mediadores de aquel motín.
Pero fue a partir de esa revuelta que se logró que los internos de los pabellones duros -como el 7, 9, 11 (ala norte), 8, 10 y 12 (ala sur)- pudieran elegir delegados para que participaran en las mesas de diálogo, que es el ámbito en el que se discuten las inquietudes que se le pedirán a las autoridades del la cárcel. “Antes no se les permitía porque se decía que era inseguro mover a los internos de esos pabellones”, dice un detenido. Hoy cada uno de los pabellones tiene dos delegados que surgen de la votación en una asamblea.
Los por qué de un motín son infinitos y cualquier problema puede terminar encendiendo la mecha de uno. “Uno de los problemas acá es que en los pabellones duros meten a los primarios con los tipos de mala conducta. Al segundo de entrar al pabellón le dicen «dame las zapatillas o peleá». Y qué va a hacer un pibito nuevo, asustado, que recién entra a esta cárcel. ¿Te va a pelear? No. Entonces, ¿sabés qué pasa? Los dejan desnudos y se tienen que alojar en los pabellones laterales. El primario tiene que estar con el primario y no con el reincidente”, explica otro interno detrás de la reja. Los pabellones más conflictivos son el 3 y el 7 (de santafesinos) y el 10 y el 12 (de rosarinos).
Carceleros demasiado jóvenes
El bajo promedio de edad de los presos nuevos no es lo único que resalta a primera vista. Los guardiacárceles también son muy jóvenes y en algunos pabellones duros podía verse a guardias con edad de sub20 controlando un pabellón como el 12, donde se han producido varias muertes. “Acá hay de todo. Tenés empleados que cumplen con su función y lo hacen de la mejor manera posible. La pregunta es si los nuevos pueden tener una buena capacitación en sólo tres meses. La ley habla de personal idóneo y altamente capacitado. Y si alguien puede tener la capacitación necesaria para sacarme el delito que tengo desde la cuna con un curso de sólo 90 días, me parece que es una mentira muy grande”, contó otro detenido.
“¿Sabés lo que pasa? Nosotros no le importamos a nadie. Somos un número y la rehabilitación es una mentira para que la sociedad se quede tranquila. Vos te rehabilitas porque te cansás, no porque en la cárcel te ayuden. Es como dice el tango «el ladrón se hizo decente porque no tiene a quien robar»”, explica Priotti utilizando la letra del conocido tango “Al mundo le falta un tornillo”, de Enrique Cadícamo y José María Aguilar que cantaran tanto Julio Sosa como Carlos Gardel.
El Perro Barrios, finalmente, se hizo cargo de dar respuesta a uno de los pensamientos más escuchados en las calles al referirse a los detenidos: además de que delinquen hay que mantenerlos. “Eso se ve desde distintos puntos de vista. A muchos no les interesa y otros quieren esforzarse para demostrar que no son como dice la sociedad. Y estudian, hacen grupos de teatro y todo lo que se pueda para demostrarle a la gente de afuera que acá hay presos, pero que fundamentalmente hay seres humanos”.
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