A la pesca
La “picicultura”, palabra de pronunciación difícil, puede contribuir a que pronto haya comida fácil, en un sitio donde más del 20% de la población está desocupada y un 10% es beneficiaria de planes sociales que alcanzan para poco.
Daniel Castellini, secretario de desarrollo del municipio de Clorinda es contundente. Dice que su ciudad “va camino a ser una ciudad fantasma”. No puede prosperar el comercio en un lugar donde se comprar a la mitad de precio en el país de al lado que, casualmente, queda a 50 metros. Y en esa coyuntura, bien cerca de la Argentina que no miramos y del Paraguay que contagia, está Puerto Pilcomayo. Y los pescadores de Puerto Pilcomayo.
Los depredadores de las corporaciones se han llevado todo el pescado y los pescadores no quieren correr esa suerte de ser devorados. Ahora, para la resistencia, apoyados por un plan nacional y con el trabajo de gente de la zona, encuentran una salida posible, un resquicio: la instalación de jaulas en el río para retener los peces y sacarlos cuando la naturaleza manda.
En eso andan. Castelini dice que “es necesario inculcar la cultura del trabajo”. No dice que eso va contra el asistencialismo tan de moda. Pero se entiende. De ahí que estén acompañando el proyecto pero no llevándolo a cabo, ya que eso es menester de los pescadores. El tiempo dirá si estas formas de micro economías regionales para la subsistencia no son el camino. Por ahora, varios sitios ya las implementan abrazando la idea de probar de otra medicina diferente a la que nos quisieron dar en los ’90.
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