A LO GRANDE, BOCA LLEGÓ A LA FINAL.
Lo aplastó. Lo demolió. Pese a la distancia, Boca se sintió a gusto en un terreno que conoce a la perfección. Marchó firme, impetuoso, con el mismo amor propio de esas gestas no tan lejanas. Otra vez el equipo dirigido por Carlos Bianchi quedó a un pequeño paso de la gloria, cuyo resplandor ya ve a la distancia: anoche, en esta ciudad, avanzó a la final de la Copa Libertadores tras la paliza que le propinó a América de Cali por 4 a 0.
El conjunto de la Ribera disputará los partidos decisivos con Santos, de Brasil, y el primer encuentro será el miércoles próximo, en la Bombonera.
Boca no especuló con la ventaja que le otorgó la victoria como local por 2 a 0; asumió posiciones ambiciosas y asfixió en la salida al equipo colombiano, que cayó en un aturdimiento inmovilizador. El espíritu ofensivo, la principal virtud, le trajo réditos inmediatos.
Tevez fue indomable para los defensores de América; desequilibró por todos los sectores y liquidó la historia antes de tiempo con dos apariciones centellantes. Primero, a los 13 minutos, definió con sutileza tras un centro de Delgado, que Battaglia dejó pasar; después cerró con un toque entre las piernas del arquero Zapata un impecable contraataque encabezado por Clemente Rodríguez, luego de un córner en contra.
Las pretensiones de América quedaron sepultadas en apenas 22 minutos. Eso sin contar que el mismísimo Tevez no acertó antes en dos buenas ocasiones. Y que Tierradentro salvó sobre la línea un cabezazo de Villarreal.
Boca se sintió dominador absoluto, pero jamás bajó las revoluciones de un juego sustentado por la sobresaliente actuación de Tevez y por otras tareas casi perfectas; no hubo puntos flojos. América quedó de rodillas, pero de nada sirvieron los pedidos de clemencia. Delgado se filtró entre los zagueros colombianos y, dentro del área, fue derribado por Tierradentro. Schiavi convirtió el penal y estiró aún más una diferencia que era inalcanzable desde hacía rato. Una gélida sensación poseyó a América, que se entregó a su suerte sin ninguna reacción.
El segundo tiempo no fue más que una prolongación del primero. América deambuló por el terreno y penó con todas sus dudas; tuvo un poco más de profundidad, pero Abbondanzieri, Schiavi y Burdisso resolvieron con eficacia. Boca reguló el ritmo y, con una mirada en el futuro, hasta se dio el gusto de reservar a sus principales valores. Sólo quedó tiempo para el penal que marcó Delgado, luego de una infracción de Zapata a Cángele.
Fue una tarea sólo comparable con el triunfo ante Paysandú por 4 a 2, en Brasil, por los octavos de final. Justo lo que Boca necesitaba para enfrentar los partidos cruciales ante Santos, a los que llegará envalentonado por la fuerza que le otorgó la mejor actuación del año.
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