“A MI MAMÁ LA HACÍA ENTRAR CON DROGA”
Coria llegó ayer a la mañana con otros siete religiosos que procuraban llevar a los presos ayuda espiritual y material (desde yerba y azúcar hasta ropa y elementos de limpieza, ya que muchos detenidos perdieron sus pertenencias en el caos del lunes pasado).
Mientras esperaba que lo dejaran entrar, cosa que finalmente no sucedió, Coria contó cómo se fabrican las armas blancas en el presidio y cómo él mismo convencía a su madre para que ingresara con pastillas en su cuerpo.
“Las facas se hacen con pedazos de chapa que se sacan de la tarima (cucheta de cemento). También de las ventanas se sacan fierros. Las lanzas se hacen con palos de escoba y cosas punzantes atadas con una soga. Las sierras se consiguen porque no te olvidés de que acá hay carpintería. Con una sierra después cortás cualquier cosa”, empezó Coria, quien reveló que había delinquido por primera vez a los 19 años.
“Hay requisas, pero estos elementos se esconden en la cloaca, en la canaleta, en el techo. Siempre hay un lugar para esconderlos. Tenés 24 horas para pensar dónde”, aseguró.
“A mí no me cambió el régimen penitenciario. A mí me cambió Dios. Yo estaba perdido, porque a mi mamá la hacía entrar con droga al penal, porque cuando no tenía me cortaba con una gillete. Ella me traía pastillas, sobre todo Rohypnol, pero yo le decía que eran para dormir, para poder estar tranquilo acá adentro. Pero después empecé con la cocaína, la marihuana, con todo lo que por acá entra y circula”, reconoció.
“Esto también lo hacía en las seccionales, donde he llegado a quedarme desnudo para darle mi ropa al policía que me consiguiera droga”, agregó.
“Lo de rosarinos y santafesinos es una apariencia más de las que acá se arman los propios presos. Si sos ladrón, si sos rastrero (quien roba pertenencias a otro detenido), si sos cafiolo, si sos caño. Acá, por ejemplo, el que está por hurto es un gil. Entonces te tenés que hacer respetar y te empezás a pelear, y si te peleaste una vez después no podés bajar de categoría. Pero son todas apariencias, argumentos estúpidos que se crean para sobrevivir en este mundo que es un infierno”, advirtió Coria, biblia en mano.
“Yo creo que lo del lunes vino por un montón de amenazas que se fueron juntando, que tienen que ver sobre todo con las cosas que se sacan unos a otros, con los rastreros”, concluyó, feliz de poder contar su testimonio porque eso le demuestra que las personas que creen en Dios pueden cambiar.
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