"“A partir del 17 de junio de 1976 Paco Urondo se transformó en malas palabras"
— ¿Podrías contarnos algunos detalles acerca de cómo nació el interés de contar la historia de Paco Urondo, que finalizó en aquel relato imprescindible, titulado “Francisco Urondo: la palabra en acción, biografía de un poeta y militante”, única biografía publicada sobre el poeta?—Yo entro a la vida de Paco a través de su poesía, antes que nada soy poeta aparte, o además de periodista, y lo primero que leí fueron unos poemas publicados en una antología publicada en Casa de las Américas, en Cuba, uno de los pocos lugares donde hay publicada una antología de Urondo, allá por los comienzos de los años 80. Y a partir de aquella lectura, de esa voz tan particular, que yo podía leer en los textos, que me imaginaba que era una voz muy profunda y esencial, me di cuenta que era un poeta supremo, que había sido uno de los poetas más importantes de la generación del 60’ junto a Juan Gelman, y en ese momento dije: algún día voy a publicar algo sobre Paco Urondo. Y a partir de aquel momento empecé a investigar, había muy poco material publicado sobre su vida, sobre sus libros, y ante ese silencio, estamos hablando de los primeros años posteriores de la dictadura; porque se daba una situación muy particular: todos hablaban de Paco pero no había nada escrito sobre él. Y así comenzó a gestarse la idea del libro, que me llevó casi nueve años de investigación con más de 40 testimonios recopilados sobre Paco Urondo. Me parecía que era una vida que había que contar, que rescatar, como tantos otros que desaparecieron, y cuando digo desaparecidos no hablo sólo de las desapariciones físicas que llevó a cabo la dictadura, sino que también me refiero a los desaparecidos culturales. Porque a partir del 16 de junio de 1976 el nombre de Paco Urondo se transformó en una mala palabra y creo que antes de esa fecha también, creo que Paco entró en el más cruel de los silencios, y lo que yo veía era una vida intensa, 46 años vividos a pleno, como escritor, como intelectual, como militante, como periodista, como guionista de cine y como funcionario. Yo quería reconstruir un Paco Urondo completo, que muestre todas las facetas de este complejo personaje.— Uno de los elementos más interesantes del libro es la profunda investigación que llevaste a cabo para contar la vida del poeta, con algo más de 40 testimonios. ¿Podrías contarnos cómo viviste esta experiencia?—Cuando empecé a llamar a la gente que a mí me parecía que tenía algo que decir, muchos me decían “debería” volver a pensar en Paco Urondo, por eso hablaba antes del silencio. Hasta ese momento yo me preguntaba por qué nadie había escrito sobre Urondo, digamos ¿Qué pasó entre ellos y Paco?, ¿qué pasó entre ellos y la Argentina?, ¿qué pasó entre ellos y los movimientos a los que Paco perteneció?A mi me interesaba que las nuevas generaciones de jóvenes lo vayan conociendo y más que nada que puedan conocer cómo se vivía en esa época.—¿Qué impresión te quedó cuando realizabas las entrevistas para el libro, en el momento en que les preguntabas a los testigos acerca de la decisión de Montoneros de mandarlo a Mendoza?—Hay algunas cosas que me parecen que todavía no están dichas. Los protagonistas no dijeron todo lo que saben, quizás nunca lo digan. Para la conducción, Paco Urondo era un cuadro muy importante, pero yo creo que tiene que ver con las traiciones y con ciertas condiciones y características propias de Paco Urondo como hombre, lo que va haciendo este cortocircuito entre la conducción y algunos militantes importantes. Si Rodolfo Walsh y Urondo eran militantes imprescindibles para lo que venía como futuro, en el caso de que se ganara esta revolución, ¿Por qué no se los cuidó? Bueno, esto tiene que ver con decisiones que se manejaron internamente en la conducción. La relación de Paco Urondo con la conducción venía muy mal a partir de que los montoneros lo bajaron de grado por infidelidad conyugal. Entonces me parece que esto tiene que ver con el verticalismo, como dice Vertbisky, con cierto grado de moralina mezclado con visiones muy retrógradas de derecha. Como imagen periodística, estas decisiones de la conducción brindan una diáfana fotografía de lo que eran los jerarcas montoneros.Hay un dato que no conté en el libro, que relaciona a Paco con Mendoza, que ya me está dando escalofrío de sólo recordarlo. Cuando Paco se casó con Chela (Graciela Murua) —la primera mujer del poeta—, ellos viajaron al iterior del país con un retablillo de títeres muy influenciados por las actividades que realizaba en Santa Fe Fernando Birri. Y cuando estaban en Mendoza, justo murió Eva Perón y quedaron varados en la provincia cuyana, porque quedó sin efecto un contrato que había hecho con la municipalidad, sin un mango, con nada para comer y se tuvieron que volver. Luego Graciela me contó que antes de que Paco se fuera a Mendoza, mandado por Montoneros, su ex mujer le dijo: ¿te acordás que mal la pasamos en Mendoza?. Y ella en realidad le estaba diciendo: de Mendoza no volvés.
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