“¿A quién le afecta la cotización del dólar?”, planteó Kicillof en su primer acto de campaña
Respondió preguntas de vecinos en el parque Rivadavia y sostuvo que no hay faltante de divisas.
Micrófono en mano, Axel Kicillof hablaba de cara a unas 200 personas. Tras atravesar un torbellino de vecinos y militantes que se agolparon para saludarlo, respondió preguntas de la gente, en el corazón del parque Rivadavia. El sol calentaba la tarde y regalaba una postal perfecta para su debut como candidato. Pero algo de la charla no le cerraba y, después de la tercera pregunta seguida sobre el mismo tema, reaccionó: “Les pido a todos que reflexionemos. ¿A quién le afecta en su vida cotidiana la cotización del dólar? ¿Cuántos son los que están en esta rosca?”, interpeló, con tono cómplice, a su público.
La escalada del dólar paralelo estaba instalada en el centro de la agenda pública y el ministro de Economía se había chocado con el tema varias veces en el día. Le había pasado durante una recorrida previa por el Mercado del Progreso, en Primera Junta, y en su primer contacto con los periodistas, en el parque Rivadavia. “Ayer anunciamos un aumento del salario mínimo que afecta a once millones de trabajadores y no paran de preguntarme por el dólar”, se quejó, entre aplausos de los vecinos, convocados por el kirchnerismo de la comuna 6.
En el contacto previo con los periodistas, Kicillof respondió también a las declaraciones del jefe de la CGT, Antonio Caló, que había advertido que el salario mínimo no alcanza para vivir dignamente. “Podrá ser bajo o alto, pero cuando asumió Néstor era de 200 pesos. Aumentó 30 veces, nada aumentó tanto”, dijo. Entre forcejeos con chicas que hacían fila para sacarle una selfie, el ministro dejó además definiciones sobre su futuro político. Ratificó que va a asumir como diputado y, sin entrar en detalles, soltó pistas sobre su agenda en el Congreso: mencionó la necesidad de avanzar en mayores regulaciones al sistema financiero y en una reforma impositiva.
Lo escoltaban el “Cuervo” Andrés Larroque y Victoria Montenegro, compañeros de la lista de candidatos a diputados que encabeza el ministro. También estaban el secretario de Comercio, Augusto Costa, y el viceministro, Emanuel Álvarez Agis. Van a compartir las escapadas de campaña, programadas para la hora del almuerzo, explicó Kicillof, vestido de oficina. Serán actividades de contacto directo con la gente. Cerca del candidato están convencidos de que es el mejor antídoto para revertir la imagen adversa que, según creen, le construyeron los medios enemistados con el Gobierno. “No hay muchos ministros de Economía que puedan caminar libremente por la calle”, reforzó Osvaldo Balossi, el comunero kirchnerista que ofició de maestro de ceremonia.
Como si fuera una clase pública, Kicillof explicó el mecanismo del contado con liquidación, sostuvo que el mercado ilegal del dólar era “diminuto” y, para ahuyentar el fantasma de una devaluación, afirmó que hay divisas suficientes para las importaciones y la compra minorista. “Alguien tiene que decir a qué intereses obedecen las campañas que dicen que la Argentina se va al demonio”, prosiguió, justo antes de que una señora, de calzas negras y labios pintados de rojo, irrumpiera a los gritos y se acercara al ministro con el dedo índice en alto. Él la miró alarmado, pero enseguida se dio cuenta de que estaba de su lado. “¡Vayan a ver cómo están los hospitales de la ciudad! ¿Saben el dólar dónde nos lo metemos?”, dijo la mujer.
Rápido de reflejos, Kicillof dijo: “Tiene razón la señora. Importan más los hospitales que lo que cubre Clarín”. Volvieron a aplaudirlo, como cuando atacó a la oposición.
“Cristina nos llenó de entusiasmo y eso, como estoy en el barrio lo voy a decir, les da por las pelotas”, se despachó, bien callejero. Sin opositores a la vista, el idilio con el público estaba asegurado.
La siguiente pregunta vino con un piropo. Fue de una jubilada, ataviada con un pañuelo de colores, que, ubicada de espaldas al ministro, lo consultó sobre sus planes para diversificar la matriz productiva. Antes de responderle, Kicillof se disculpó por no hablarle mirándola a la cara. “No importa. Desde acá te cuido las alitas”, le contestó ella. Todos rieron. No iba a ser el último piropo de la tarde. Al dejar el parque, otra jubilada le frotó la espalda y le soltó: “¡Qué ojos lindos que tenés!”.
Fuente: La Nación Digital
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