A QUILMES NO LE ALCANZA CON UNA COPA Y QUIERE DOS
Una noche redonda para Quilmes. A puro coraje, con decisión, coronó un triunfo en el José Amalfitani después de 26 años. Vélez intentó pero no supo encontrarle la vuelta y cedió un invicto de diez partidos (desde aquel 0-3 ante Newell’s en octubre de 2003) de local.
En las cuestiones de forma para crear y generar juego, quedó bien marcada la diferencia entre ambos equipos. Vélez transitó por la autopista del juego asociado, con un enganche definido como Batalla y un volante central, Cubero, por momentos patrón de un mediocampo que prevaleció sobre Meléndez y el movedizo Braña. También con las subidas de Sena y Bravo, que intentaron abrir la cancha por los dos flancos. Todos con el Norte de su brújula futbolera apuntando a Zárate. Así Vélez se ubicó un escalón arriba en intención, aunque la buena tarea de Cubero no encontró fieles laderos. Quilmes se movió por las colectoras, sin pagar peaje. Fiel a su estilo hizo circular muy poco la pelota por el medio y apostó a que Ceballos se convirtiera en un pivot por excelencia, bajando cada pelota que le cayera cerca. Y, como bien le dio resultados en otros partidos, que Carrario la conecte de cabeza.
Ese arranque prometedor, con el tiro libre de Zárate al minuto de juego —su fortísimo derechazo lo desvió Pontiroli estirándose hacia su izquierda— o aquél ingreso de Sena por derecha —a las espaldas de Saavedra— cuyo remate conjuró el arquero, fue lo mejor de Vélez. Pero con el correr de los minutos se acentuó su falta de consistencia en el juego. Es que Quilmes trabajó el partido con sus mejores armas: el orden, el trajinar de sus volantes y la firmeza de sus defensores.
También hubo un espacio para la polémica, cuando Bravo (ganó claramente la posición) se dejó caer tras apoyarle Braña la mano en su hombro. Sobre el final de la primera etapa, afloró esa posibilidad que siempre deja abierta Quilmes: el juego rápido y sorpresivo. Como en esa jugada que bien pudo marcar la diferencia y premiar su practicidad ofensiva, aprovechando el hueco que Cubero dejó cada vez que se adelantaba, aunque Garnier esta vez se acordó tarde de servirle el pase a la dupla Carrario-Ceballos.
En el complemento, Vélez intentó por los mismos medios, pero sumó más hombres en ataque. No le dio el resultado esperado, porque Batalla no generó tanto juego y los delanteros no tuvieron la determinación para cerrar las jugadas. En Quilmes creció la figura de Braña, que le ganó el mano a mano a Cubero, y con mayores espacios manejó el ritmo hasta convertirse en el estandarte del equipo. En un tiro libre de Benítez, la pelota le cayó a Alayes que amortiguó con el cuerpo ante De Souza y Cubero, y la tocó a la derecha al gol. Vélez chocó con la buena defensa de Quilmes (Pontiroli se lució al tapárselo en dos tiempos a Valdemarín) y Quilmes reguló hasta cerrar un triunfo histórico.
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