A RACING LE VOLVIÓ EL ALMA AL CUERPO EN EL ÚLTIMO SUSPIRO
De pronto le volvió el alma al cuerpo a todo Racing. Porque ya se iba el partido, y era derrota, la primera en el torneo. Y parecía perdido, confundido, contrariado, el equipo de Angel Cappa, porque veía cómo se le esfumaban tres puntos después de haber ido en ventaja y con una producción colectiva aceptable, en un partido ciertamente entretenido. Hasta que Mariano González sacó ese derechazo alto, postrero, inatajable. Y acomodó el resultado en el estante de la justicia. Fue 2 a 2. Y estuvo muy bien puesto el reparto.
Central, con simpleza, perseverancia y efectividad, había torcido la pulseada en el complemento. Parecía que le sacaba el invicto al equipo de Angel Cappa. Después de haber estaba 1-0 abajo en el primer tiempo, se había puesto 2-1 con esos tres argumentos: Simpleza en el traslado, con Gustavo Barros Schelotto (autor del 1-1) como pieza clave. Perseverancia para ir a buscar en el complemento y atormentar a su anfitrión, con la movilidad del Yerbatero Claudio González (autor del 2-1) como arma principal. Y efectividad para desnivelar en un partido de ida y vuelta, con llegadas de peligro aquí y allá.
Pero Racing no bajó los brazos tampoco. Y que le haya salido el tiro del final también fue un premio. Resulta que antes, en el comienzo, había sido más que su rival. Que el gol siempre viene bien para el que lo convierte no es ninguna novedad. Pero en este caso, a Racing en general y al chileno Mirosevic en particular, aquel golazo que sacudió el resultado y la fría noche de Avellaneda cuando empezaba a apagarse el primer tiempo, les llegó en el momento ideal.
Para el equipo de Angel Cappa representó una buena dosis de justicia ya que hasta ese momento había manejado mucho más tiempo la pelota que Central. Pero también le dio tranquilidad, si se quiere, porque en ataque había exhibido similares capacidades que su rival. Entonces, el hecho de haber podido desatar el nudo ofensivo con ese golazo de Mirosevic (tras una pared con Casas), levantó al fin de cuentas la autoestima del local, que incluso pretendió estirar la diferencias en esos siete minutos finales de la primera parte.
Pero también el gol le llegó en un momento justo a su autor, que había estado en duda: después de haber probado martes y miércoles Cappa con Molina en su lugar, Mirosevic, resignado, había dicho que estaba preparado para ser suplente.
En fin, Mirosevic jugó desde el arranque y abrió la cuenta en la tercera llegada de riesgo pergeñada por su equipo. Hasta el 1-0, estaban dos a dos en arribos peligrosos. Y los dos primeros habían sido generados por los visitantes, pese a no ejercer el control de la pelota. Central, en el comienzo, era más claro, más simple para trasladar y también para llegar. Primero fue un centro de Belloso que cabeceó Claudio González, tapó Cuenca y la pelota dio en el travesaño. Después tuvo que aparecer otra vez Cuenca para tapar con el pie izquierdo un tiro del Equi González.
A Racing le faltaba profundidad, capacidad de definición. Pero seguía manejando la pelota y los tiempos de un encuentro entretenido, con un tránsito rápido en el medio, ahí en donde suelen congestionarse los partidos. Con Rimoldi y Galdames integrando el doble 5, con Mirosevic arrancando desde la derecha y con Mariano González del medio hacia la izquierda pero esencialmente con libertad para hamacarse y abastecer desde donde creyera más conveniente a Estévez y Casas.
Al pisar la media hora de juego se lo perdió Estévez quien, sólo ante Gaona, remató apenas desviado. Después Mariano González combinó con Casas y éste disparó por encima del travesaño. Hasta que la tercera, la de Mirosevic, fue la vencida. Después llegaron los dos goles de Central y el empate definitivo de Racing. Quedaron a mano, 2 a 2 como en el torneo anterior. Y fue lo más justo.
Este contenido no está abierto a comentarios

