ABRAZOS Y BANDERAS AL RECIBIR A LOS ARGENTINOS EVACUADOS POR LA GUERRA
Noemí Made de Aoun no sabe cuándo volverá a ver su marido, que es libanés y se quedó trabajando en Beirut. “Vine sola con mis hijos. Cuando esto termine voy a volver, tengo mi vida allá”, aseguró esta salteña que vive en el Líbano desde hace nueve años, al aterrizar ayer en Ezeiza con sus tres hijos, de tres, cinco y siete años, que tienen doble nacionalidad. La mujer es parte del grupo de 12 argentinos llegados en un avión que la Fuerza Aérea chilena envió para sacar de la zona de fuego a unos cien latinoamericanos.
Había cierto revuelo ayer después de las dos de la tarde en el sector de arribos del aeropuerto de Ezeiza. Familiares y amigos esperaban ansiosos, algunos con banderas del Líbano, otros con cámaras de fotos, a estos argentinos que quedaron envueltos en la guerra que se desató hace doce días cuando las milicias del grupo shiíta Hezbollah capturaron a dos soldados israelíes y provocaron la dura respuesta militar de Israel.
“Es tremendo, no sabés qué hacer, cómo esconderte. Los israelíes bombardearon todo: carreteras, puentes, nuestras calles, todo. No hay ningún lugar seguro”, contó Noemí minutos después de bajar del avión. Su hijo menor, Maroun, cruzó la puerta por donde llegan los pasajeros sentado sobre un par de valijas y cubierto por una bandera del Líbano, y generó aplausos y lágrimas de quienes los esperaban. Mateo, el hermano de Noemí, vino desde Salta a buscarlos y fue el primero en abrazarlos.
“Hace nueve años que vivo en Beirut y nunca había visto algo así. Todo empezó de golpe, nadie lo esperaba. Una noche nos despertamos con el ruido de los bombardeos.”, relató la mujer. En medio de los estruendos decidió armar sus valijas y sumarse al contingente organizado por la Embajada argentina para salir. El operativo fue coordinado con el gobierno chileno, que envió el avión que partió desde Damasco, la capital Siria, y trajo a chilenos, argentinos, uruguayos y brasileños.
Lo más duro fue el viaje en ómnibus hasta Damasco. “En el micro habían puesto una bandera grande de Argentina y otra chilena, para evitar que nos dispararan. Fuimos por un camino más largo y en mal estado, porque la ruta principal fue destruida por los bombardeos”, contó a Clarín Valeria Petese, una abogada de 27 años que vivía en Beirut desde hace cinco meses con su novio libanés.
“Yo estaba tramitando la residencia para buscar trabajo. Ahora no sé si podré volver. Si todo se tranquiliza quiero ir. Si no, veremos si mi novio puede venir”, señaló. Y contó que “aunque las bombas caían lejos de donde estábamos, se oían como en la puerta de casa. Es como un terremoto, horroroso”.
De todo el grupo de recién llegados, la que tuvo la “hinchada” más grande fue Paula de Mouzaffar. Hijos, nietos, sobrinos, sobrinos nietos y primos esperaban a esta mujer de joviales 85 años, que viajó al Líbano a comienzos de junio para visitar a familiares y pensaba quedarse dos meses. “Decidió venir porque dijo que estaba comiendo los alimentos de los libaneses, tomando el agua que ya escaseaba”, contó su hijo, José.
La mujer, de pelo gris y abrigo negro, estaba cansada. “Hay que sacarle el sombrero a Chile y a la Embajada argentina en el Líbano que nos ayudaron a salir. No se puede creer lo que está pasando. Todos mis familiares allá me decían ”te tenés que ir””, contó.
Ya son más de 50 los argentinos evacuados del Líbano en estos días, según el jefe de Gabinete de la Cancillería argentina, Agustín Colombo Sierra, quien recibió al grupo en Ezeiza. Pero no todos llegaron al país. Varios se quedaron en Siria o Europa.
El embajador del Líbano en la Argentina, Hicham Hamdam, también estuvo en el aeropuerto. “Estamos muy preocupados, están muriendo muchos civiles. Lo más importante es parar el derramamiento de sangre y la destrucción. La ONU tiene que intervenir”, reclamó.
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