ACUSAN A LA EX URSS Y A BULGARIA POR EL ATENTADO CONTRA EL PAPA EN 1981
Una pericia fotográfica de la Policía científica italiana relanzó ayer en forma sensacional la llamada “pista búlgara”. El Corriere della Sera de Milán, publicó la foto en la que se ve al jefe de base de la Balkan Air en el aeropuerto romano de Fiumicino, el búlgaro Serguei Antonov, observando de cerca, mezclado entre la multitud, al papa Juan Pablo II auxiliado por sus ayudantes sobre el jeep blanco en el que estaba recorriendo la Plaza de San Pedro durante una audiencia, instantes después del atentado.
El extremista de derecha turco Alí Mehmet Agca, que entonces tenía 23 años, disparó dos veces contra el Pontífice con una pistola Browning calibre nueve en la tarde del 13 de mayo de 1981. Agca, un fundamentalista musulmán y activo pistolero de la organización turca Lobos Grises, fue capturado y después de un tiempo comenzó a hablar de la “pista búlgara”, afirmando que agentes de los servicios secretos de Bulgaria lo habían contactado para garantizarle una vía de fuga tras el atentado.
Entre ellos el terrorista turco mencionó a Serguei Antonov, funcionario de la compañía aérea Balkan Air. Antonov y otros búlgaros fueron arrestados y procesados, pero liberados más tarde por falta de pruebas. Todos volvieron a Bulgaria.
La Policía científica realizó dos peritajes sobre la foto en la que aparece una persona similar a Antonov y en ambos casos se estableció una “total compatibilidad” entre el rostro del jefe de base búlgaro en el aeropuerto de Fiumicino y la imagen.
Miles de instantáneas tomadas por peregrinos, turistas y los fotógrafos del Vaticano fueron examinadas por la Policía italiana y los servicios secretos de varios países occidentales, entre ellos la CIA y el FBI, de EE.UU. a la búsqueda de los cómplices de Alí Agca.
Serguei Antonov fue arrestado por la Policía del antiterrorismo italiano, la DIGOS, el 25 de noviembre de 1982 y desde entonces lo bautizaron “el hombre con los bigotes”.
El turco Alí Agca despistó varias veces a los investigadores haciéndose el loco. “Soy Jesucristo”, gritaba en el proceso. Primero acusó a los búlgaros y después se autodesmintió. Actualmente se encuentra encarcelado en una cárcel de Turquía. Fue liberado hace tres meses por cumplimiento de varias condenas, pero luego volvió a la cárcel y según fuentes judiciales no saldrá hasta 2012.
Durante el año 2000, cuando se celebró el Jubileo Extraordinario convocado por el papa Karol Wojtyla, el presidente de Italia Carlo Azeglio Ciampi concedió el perdón a Alí Agca tras discretos pedidos del propio Pontífice. Agca fue expulsado a Turquía tras 19 años y un mes de cumplir una condena a cadena perpetua por el intento de magnicidio.
La comisión parlamentaria presidida por Paolo Guzzanti, investiga el llamado “informe Mitrojin”. Vassiliev Mitrojin era el jefe del archivo de la Lubianka, la sede central y sombría cárcel de la KGB soviética, uno de cuyos dirigentes cuando se disolvió la URSS, en 1991, era el actual presidente Vladimir Putin.
Mitrojin copió durante años con un sistema cifrado los informes secretos que revelaban los nombres de muchos espías soviéticos, incluso italianos. La comisión presidida por Guzzanti, un conocido periodista que de la izquierda pasó a militar en las filas del partido del premier Silvio Berlusconi, estudia la desaparición de una parte de los informes de Mitrojin sobre las actividades soviéticas en Italia.
Ayer la comisión concluyó sus trabajos y reveló varias conclusiones, entre otras sobre la compatibilidad de las imágenes con Serguei Antonov, lo que prueba que los agentes de la Bulgaria comunista estaban presentes en la Plaza San Pedro durante el atentado de Agca. Guzzanti declaró que el juez Marcel Brugiere, “máximo experto europeo de terrorismo, me reveló que poseía certidumbres objetivas de que el GRU, el servicio secreto militar soviético, recibió del Politburó del Partido Comunista y del jefe del Kremlin, Leonid Breznev, la orden de eliminar al Papa”.
Horas después que del informe de 36 páginas de la comisión parlamentaria presidida por Guzzanti, los servicios secretos para el exterior de la Federación Rusa desmintieron “toda implicación del espionaje soviético” en el atentado contra el papa Juan Pablo II.
El vocero Boris Labusov dijo que la versión “es absurda”. También Bulgaria, que era el aliado más fiel de la URSS en la época comunista, desmintió ayer “toda vinculación” con el atentado.
La “pista búlgara” está considerada la única lógica para explicar el atentado. La mafia turca y los Lobos Grises de extrema derecha se paseaban impunes en Sofia, donde no se movía una mosca sin que lo supieran la Policía y los servicios secretos del régimen comunista. El cuartel central de los turcos era el hotel Vitosha. Al parecer fue la mafia turca la que recibió el encargo de los búlgaros, que actuaban en representación del Kremlin soviético, y dio el “contrato” de matar al Papa a los Lobos Grises, uno de cuyos pistoleros era Alí Agca.
Los dirigentes de la URSS temían que el Papa polaco encabezara la lucha contra los comunistas en Polonia y no se equivocaban: la acción de Juan Pablo II ayudó en forma decisiva al debilitamiento y la disgregación del bloque del Este. En 1989 se derrumbó el Muro de Berlín y a fines de 1991 se disolvió la Unión Soviética, poniendo fin a 74 años de regímenes comunistas en Europa.
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