ACUSAN A SENADOR PROVINCIAL POR ENCUBRIR TORTURAS EN 1977
La fiscal federal Griselda Tessio intenta determinar qué responsabilidad le cabe al senador provincial por el departamento Garay, Duilio Pignata, en la detención y tortura de cerca de quince hombres, en mayo de 1977, durante un operativo policial que se hizo en Helvecia cuando el legislador era interventor de esa comuna.
El caso, que no es nuevo, se originó en un operativo represivo que ordenó el entonces gobernador Jorge Aníbal Desimoni, con la participación de un comando policial que, enviado desde la capital provincial, intervino la zona, detuvo y torturó personas.
Las investigaciones por violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar avanzan con notable vigencia en momentos que, por un lado la Corte Suprema de Justicia de la Nación tiene que resolver la supuesta inconstitucionalidad de las leyes de obediencia debida y punto final, mientras que por el otro el juez español Baltasar Garzón ha solicitado la extradición de más de cuarenta militares argentinos.
En ese marco, la fiscal Tessio escucha a los testigos, cuyos testimonios podrían complicar la situación de Pignata -aspira a la reelección en las elecciones de 7 de septiembre-, cuyo nombre apareció en el comienzo mismo de las indagatorias y sobre quien recayeron duras acusaciones por su actuación como funcionario durante los años de plomo.
Los testimonios
“Siendo Pignata interventor de la comuna de Helvecia ocurrieron las torturas en la comisaría, de lo que el actual senador estaba al tanto y, sin embargo, nada hizo por intervenir y evitar esta situación”, declararon ahora Rebeca de Bassi y Angela de Bonazza, cuyos maridos fueron víctima de aquellos apremios.
Además, ayer, dos ex policías de Helvecia -el ex integrante del servicio de inteligencia de la UR VII Daniel Valdéz y el ex agente Antonio Ruoppulo- y el médico veterinario Ovidio Antonio Bassi, coincidieron en la misma imputación al declarar en la Fiscalía Federal Nº 1.
Ruoppulo, el único que accedió a hablar con la prensa, dijo que presentó documentación “de toda esta lucha de 27 años” en la cual los distintos gobiernos de la provincia “hasta el día de hoy no habían dado respuesta alguna al reclamo de mi reintegro a la policía de la que fui obligado a renunciar por no haber estado de acuerdo con la aplicación de torturas y apremios ilegales a detenidos”.
El ex policía relató que “una comisión policial, ordenada por el gobernador Desimoni, fue a Helvecia en la primera semana de mayo de 1977. Hubo procedimientos y nadie conocía de qué se trataba, ni los efectivos policiales de Helvecia”.
Ruoppulo aseguró que “los dos más notorios” integrantes de la comitiva “eran un oficial de apellido Abdala y José Nicolás Pidernik, quien actualmente está a cargo de la unidad regional del departamento Las Colonias”.
Siguió contando que se hicieron varios operativos, “supuestamente por contrabando de cueros”, y se detuvo a entre 12 y 15 personas. “Unicamente los efectivos venidos de Santa Fe los interrogaron y cinco días después los llevaron a Santa Fe. Todo sin decir nada ni dar explicaciones”.
Amenazas
El denunciante confesó que estaba “inquieto y preocupado” porque entre los detenidos “había tres sobrinos míos”. En ese momento dijo que cuando escuchó gritos de los detenidos pensó que “estaban siendo castigados por lo que fui a ver al interventor de la comuna, Duilio Pignata, para decirle lo que estaba ocurriendo en la comisaría. Me respondió: «Renunciá o también te vamos a hacer boleta»”.
“No dudé en hacerlo -prosiguió- dado lo que estaba ocurriendo y porque, cuando fui en busca de una reacción para defender a la gente que estaba detenida y era torturada, lo que recibí como respuesta fue una amenaza de muerte de quien era la máxima autoridad de la comuna. Y en esa época, como se sabe, las amenazas de muerte eran para tomarlas en serio”.
Dos de los detenidos fueron Antonio Bonazza y José María Bassi. Según sus viudas, ambos murieron posteriormente a causa de las secuelas físicas o psicológicas.
Ellas denunciaron en sede judicial que, “como la mayoría de los detenidos, fueron torturados con picana eléctrica y los gritos se escuchaban hasta a una cuadra de la sede policial”, por lo que “Pignata no podía desconocer lo que pasaba porque, además, almorzaba con los torturadores en un comedor de su propiedad”.
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