Además de Las Leñas
Es común encontrar en las pampas argentinas, o en su prolongación hacia la cordillera, muchos lugares con el nombre “Fortín”. En efecto, en la zona de Malargüe hay varios. Están ligados a los tiempos de los malones, cuando los blancos conquistadores se tenían que defender de los indios. Quedó claro de quien fue la victoria. Y si no, basta leer algunos nombres de las calles.
Una de las dos avenidas más importantes de Malargüe se llama Rufino Ortega. Su más relevante transversal se llama Julio Argentino Roca. También se llama Rufino Ortega un antiguo molino que hoy es museo y una escuela. Rufino Ortega fue un conquistador del desierto que –según historiadores serios- solía comer las nalgas de las indias que dominaba en una extraña costumbre antropófaga.
Como recompensa a tan patriotas actos, Roca le regaló 80 mil hectáreas y 3 mil indios como esclavos para trabajarlas… Pero por fortuna, Malargüe es bastante más que estos miserables. El pueblo está pujando para dejar de ser eminentemente petrolero. Los datos oficiales dicen que el petróleo –vedette de la zona- se acabará pronto porque es un bien no renovable. Por eso ha aparecido la industria del turismo.
Justamente Las Leñas, donde por estos días se cuentan 130 centímetros de nieve, es el lugar más codiciado por esquiadores de varios lugares del mundo. Sólo que ese lugar no es para cualquier bolsillo y Malargüe tiene alternativas. Por ejemplo, una visita al Castillo de Pincheira, a las Lagunas de Llancanelo o a la Cueva de las Brujas. Todos son sitios paradisíacos a la vera de la no menos sugerente Ruta 40.
Y para los amantes de las ciencias también hay. Un observatorio de rayos cósmicos que está solventado por 30 países y que tiene trabajando todo el tiempo a más de 250 científicos acapara la atención de los visitantes incautos que no saben de este lugar, sólo comparable en el mundo a otro de sus características que hay en Utah, en los Estados Unidos de Norteamérica.
Vale quedarse en Malargüe unos días que, de primera impresión, van a resultar pocos. La ciudad de 25 mil habitantes que crece como su economía, a buen ritmo, sabe que por ahora tiene cómo vivir del oro negro, porque lo saca en un radio similar al tamaño de la provincia de Tucumán y obtiene buenas regalías. Pero quedó dicho, pronto acabará. Y entonces habrá que conocer esta otra Malargüe.
Este contenido no está abierto a comentarios

