ADIÓS AL DUEÑO DE UN FUTURO INMENSO
La sorpresa duele, pero mucho más cuando Fabián Bielinsky se fue sin ningún aviso. Es cierto: se las había ingeniado bien para sorprendernos a todos con el final imprevisto de Nueve reinas.
Pero esto no es lo mismo.
No tenía ningún antecedente grave de salud, más que hipertensión. Y hasta había dejado los cigarrillos, que de tanto encenderlos habrían puesto en peligro los bosques de Bariloche, cuando rodó El aura. El director de Nueve reinas falleció ayer a la madrugada, en el mejor momento de su carrera. Sus películas conciliaban el éxito popular con el aplauso unánime de la crítica, el lunes El aura acababa de ganar seis premios Cóndor de Plata —él mismo subió al escenario del Espacio INCAA Km 0 – Gaumont para recibirlos todos— y en su mente rondaban algo más que ideas para su tercer largometraje, con Ricardo Darín como protagonista.
Bielinsky estaba en San Pablo, Brasil, adonde había viajado el martes a realizar un casting para un comercial de televisión para la empresa Argentinacine. Fue allí con Alejandro Rey como asistente de dirección. El miércoles cenaron y Bielinsky fue a su habitación, se acostó y se durmió. Una vez realizado el trabajo con una empresa de casting brasileña, ayer por la mañana debían emprender el regreso en vuelo hacia Buenos Aires. Como tardaba en bajar, fueron a buscarlo, y debieron derribar la puerta, ya que estaba trabada por dentro. El parte del médico que se presentó en su habitación en el Hotel Marriot dice que su deceso fue por infarto agudo de miocardio.
Fabián Bielinsky tenía 47 años. Había nacido el 3 de febrero de 1959.
Bielinsky demostró cómo con pasión, pujanza y fundamentalmente talento, se podía crecer y hacer buen cine en la Argentina, que era lo que siempre deseó realizar. Sus películas, aunque de estructura clásica, obligan al espectador a no perder detalle, a estar atento, a terminar él mismo el filme en su cabeza.
La pregunta que 600.000 espectadores se hicieron tras ver El aura: ¿acaso toda la película no es un aura, un sueño en la cabeza del personaje de Ricardo Darín?
Había egresado de la escuela de cine del Instituto Nacional de Cinematografía, cuando ésta todavía funcionaba en la calle Salta.
De allí, comenzó su carrera cinematográfica desde abajo, como asistente de dirección. Así, fue la mano derecha de Carlos Sorín cuando éste rodó con Daniel Day-Lewis Eterna sonrisa de New Jersey, en 1989 en la Patagonia, película que nunca se estrenó comercialmente en nuestro país. También estuvo en el sur, asistiendo a Marco Bechis en su opera prima Alambrado (1990). Eliseo Subiela contó con él en No te mueras sin decirme adónde vas (1995), asistió a Mario Levin en Sotto voce (1996) y la última vez que trabajó “para otro” fue en Cohen vs. Rosi, de Daniel Barone, en 1998.
Fabián era un tipo afable y cinéfilo como pocos. Podía recordar de memoria, plano por plano, escenas del cine norteamericano de los años ’50, fuera un film noire o un clásico del Hollywood de buena cepa. Era un hombre que sabía apreciar el buen cine, proviniera de donde viniera. Y un obsesivo en la construcción del guión.
Hoy, la Argentina se ha quedado sin una de sus mayores esperanzas del cine de autor, comercial e industrial. Nueve reinas fue vista por poco más de 1.300.000 espectadores, obtuvo 30 premios internacionales y se estrenó en 22 países. Bielinsky estaba trabajando en el guión de la que iba a ser la película del regreso de Carlos Sorín (ver Testimonios…) que nunca se realizó, cuando ganó el concurso de proyectos de Patagonik, y filmó Nueve reinas. El éxito fue inmediato desde su estreno en agosto de 2000, contando la historia de dos ladrones que se desconfiaban mutuamente. Con el espíritu de El golpe y un final sorpresivo, no hubo quién se resistiera entre el público y la crítica.
Cuando llegó el momento de elegir la película que nos representara ante la Academia de Hollywood, finalmente fue Felicidades, de Lucho Bender —quien también falleció imprevistamente en un hotel en Barcelona, hace casi dos años, y a la misma edad: 47—, la que aspiró a una candidatura al Oscar.
A partir del éxito internacional de Nueve reinas, a Bielinsky literalmente le llovieron proyectos de todos lados, guiones principalmente de productoras hollywoodenses. E inclusive antes del estreno comercial de su opera prima en los EE.UU., tuvo un “minitour” por estudios en pleno Hollywood, que lo tentaron, pero no era lo que él soñaba.
Fabián solía contar con una sonrisa que, por primera vez en la historia, la remake de una película hecha en Hollywood (Criminal) recaudaba menos que la original (ver Un fenómeno…).
El lunes, cuando recibía el Cóndor al mejor guión original, recordaba que nadie podría decir de él que era una escritor rápido. Para su segundo largo, retomó un guión que había bocetado en la época de estudiante de cine, y lo transformó en El aura. El personaje —un taxidermista epiléptico que soñaba con el golpe perfecto, y al que las circunstancias lo llevan a una situación casi ideal— cambió desde su punto de vista moral . “Yo también crecí, maduré; veo las cosas desde otro lado”, advertía.
Bielinsky fue profesor de realización y análisis de filme, “que es la esencia de cualquier carrera de dirección. No hay otra forma de aprender. Yo no le puedo enseñar guión a nadie”, decía en Cannes, adonde había viajado a promover El aura aun antes de su estreno el año pasado. Y avisaba que le hubiese venido bien un socio “que pudiera trabajar con mayor amplitud el guión. La oxigenación del intercambio es básica. Y yo me trabo, es así. Esta nueva generación del cine argentino no hace hincapié en las historias, sino en climas. Donde menos se trabaja es en la narrativa, hay más laburo en la mirada, situaciones extendidas, sutilezas con personajes”, analizaba.
Este año integró el Jurado del Festival de Mar del Plata, y comentaba “qué jodido es esto de analizar las películas de los otros, estar del otro lado”. Y fiel a sus principios, expresó a viva voz su disconformidad en las reuniones para decidir los premios.
Qué difícil es despedirlo sin poder hacerlo a la cara, hablarle a quien era capaz de mostrar una corte no terminado de su nuevo filme, uno de sus bienes más queridos —Fabián deja a su mujer, Cristina, y al pequeño Martín, su hijo de once años—. Un hombre que invitaba a tomar un café semanas después del estreno de sus películas, para debatirlas. Un padre que fue capaz de apurar el rodaje de El aura el día que llegaba su hijo de visita a Bariloche, para llegar a tiempo antes de que cerrara un negocio y comprarle un par de antiparras.
Bielinsky tenía en su casa una colección de DVDs que realmente impresionaba. Su película favorita era Taxi Driver. Como Travis, el personaje de De Niro, Fabián emprendió un largo viaje, cuando lo más luminoso que tenía era el futuro. Un futuro que para el cine argentino, definitivamente, ya no será el mismo.
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