ADIÓS AL ROUTEMASTER EN LONDRES
Uno de los íconos londinenses más conocidos en el mundo atraviesa sus últimas horas. A partir de mañana, el mítico autobús de dos pisos rojo, conocido en el Reino Unido como routemaster, dejará de recorrer las calles de Londres.
Durante la jornada de hoy los londinenses se subieron por última vez a este colectivo para despedirse. Algunos, con confesada tristeza recordaron los 51 años de servicio que prestó este vehículo.
Desde mañana, serán reemplazados por una nueva flota de ómnibus mucho más altos, grandes y modernos que también tendrán dos pisos.
La gran ventaja que hizo súper populares a estos ómnibus es que tienen una pequeña puerta trasera –siempre abierta- por la que los pasajeros podía subir o bajar en cualquier momento del recorrido, incluso en medio de embotellamientos. En cambio, los reemplazantes de los routemaster tendrán ahora las puertas cerradas durante el trayecto y los pasajeros sólo podrán subir o bajar en las paradas reglamentarias.
Para despedir a este símbolo inglés, el ayuntamiento local organizó una emotiva despedida que incluye a una docena de routemasters originales que salieron a las calles por última vez y recogerán pasajeros como de costumbre. El dinero recaudado con el boleto de estos ómnibus será donado a una organización benéfica.
Mañana, está previsto que el último recorrido del 159, el último routemaster que sigue circulando, sea visto por miles de personas. Saldrá de Marble Arch, en el centro de Londres, cerca de la bulliciosa calle comercial Oxford Street, a las 12 del mediodía en punto.
Sólo 77 pasajeros serán los privilegiados que podrán subirse en él, pasar por Picadilly Circus y la Plaza Trafalgar, cruzar el puente de Westminster y llegar al garaje de Brixton, en el sur de la ciudad.
El alcalde de Londres, Ken Livingstone, justificó el retiro de estos ómnibus alegando que las personas en sillas de rueda no pueden subir en ellos, algo que no está permitido por la Unión Europea. Por su parte, la Oficina de Transporte de Londres, explicó que por su antiguo diseño, dos o tres personas morían cada año, bajo sus ruedas.
El último routemaster fue construido junto a un total de 2.800 ejemplares en 1968. Tenían una vida útil de unos 17 años. Hace dos años, 500 circulaban por las calles de Londres. Mañana, ninguno.
A pesar de que ya no podrán usarse, los negocios de souvenirs anunciaron que seguirán vendiendo remeras, gorras, tazas y tarjetas postales con su imagen.
La nostalgia entre los londinenses será atenuada. Podrán ver cómo algunos ejemplares sobrevivirán para pasear a turistas desde Royal Albert Hall, en South Kensington, y Tower Hill, al este de la capital británica. También podrán paliar su tristeza con un poco de inversión: la Oficina de Transporte los vende a 8.000 euros.
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