ADOLECEN HASTA DE PIEDAD
Una anciana fue asesinada sin piedad ayer de madrugada en su casa del barrio Ludueña Sur, y la policía arrestó por el crimen a cinco adolescentes de entre 14 y 16 años. Estos chicos residen en la zona y algunos cayeron cuando se escabullían con enseres y electrodomésticos de la víctima, para lo cual se valieron de las persianas de la vivienda que arrancaron de cuajo.
De acuerdo a lo que la policía halló en la escena del crimen, se cree que a Susana Luján la mataron a golpes: con un sifón, con un caño y con un palo de escoba. El final que le dieron a esta pensionada de 77 años y reconocida en el barrio por su solidaridad indignó a sus vecinos más cercanos, en Navarro al 6000 (Eva Perón y Magallanes), que ayer de tarde se concentraron en asamblea pública.
Luján era viuda y residía sola en una casa modesta pero amplia, en Navarro 6028. Según los testimonios, había sido asaltada en siete oportunidades y transcurría sus días con temor. Alicia, que vive a media cuadra de esa casa y conocía a su dueña desde hace años, contó que una de las últimas veces Susana alumbró al ladrón con una linterna y éste le replicó que bajara la luz o la acuchillaba. “Ella le contestó: «Dejame acá quietita pero no me matés»”, recordó la vecina. Para ella, la de Susana fue “una muerte anunciada: seguro que reconoció a los ladrones y por eso la mataron”.
Lo hicieron brutalmente, pateándola y golpeándola con los puños y objetos contundentes que podrían ser un sifón de vidrio vacío, un palo de escoba de 1,20 metro y una barreta de hierro del mismo tamaño. Esos elementos aparecieron ensangrentados en la casa, explicó el jefe de la seccional 12ª, comisario Manuel Soria. El cuerpo, en una cama de una plaza, presentaba un profundo golpe en el lado izquierdo del cráneo, otro en el pómulo derecho que prácticamente desfiguró el rostro, y contusiones en el tórax y las extremidades. Había muchas manchas de sangre y pelos en las uñas del cadáver, que fueron cautelados para posteriores pericias. “Seguramente quiso defenderse”, comentó el jefe de la Brigada de Homicidios, comisario Daniel Corbellini. El juez de Menores en turno, al salir de la escena del crimen, declaró: “Fue algo siniestro”.
Los menores, cuatro de ellos arrestados ayer a la mañana, declararon en presencia de sus padres que fueron en grupo a asaltar la casa pero que sólo uno de ellos, de 16 años, se encerró con Luján en una habitación, luego de que la anciana se despertó. Este chico es hermano de una joven de 18 sospechada de participar del crimen del taxista Juan Carlos Aldana, en septiembre pasado. Conocida como la Caro, está prófuga desde que escapó del penal de menores en el que la habían recluido. El ataque habría comenzado a las tres, poco después de que Luján regresara de tomar un helado. “Ella tenía terror de estar sola en la casa y se iba a la heladería de enfrente hasta que cerraba”, reveló Alicia, de 51 años, que al salir para entornar su portón a las 23.30 de antenoche la vio de casualidad. “En la pared de al lado había unos chicos, como esperándola. Andan siempre por acá porque se juntan en el video de Navarro y Magallanes, Susana debía conocerlos”, se lamentó la mujer.Los agresores entraron por una ventana que da a la calle tras romper un barrote de la reja, que quedó tirado en el jardín delantero. Así accedieron a una habitación que era usada como depósito. “La señora que vive al lado, de la que era muy amiga, justo no estaba porque había ido a cuidar a un enfermo”, agregó Alicia, con pesar porque Luján pudo haber gritado sin que nadie la escuchara. Ella mismo oyó corridas en la calle a las tres de la madrugada y avisó al Comando Radioeléctrico. El comisario Soria acotó que también otro vecino percibió ruidos y se comunicó con la central casi a la misma hora. Lo cierto es que alrededor de las cuatro un patrullero detuvo a dos cuadras, en Magallanes y Casilda, a un menor de 16 años, según informó la oficina de Prensa de la UR II. El chico caminaba con otros dos que al ver el móvil huyeron hacia la villa que rodea las vías del ferrocarril, dejando algunas cosas que llevaban consigo. Sumariamente, una bicicleta playera, un lavarropas, un secarropas, dos ollas de aluminio, una plancha, dos radios, un mechero para garrafa, un juego de 12 piezas de cubiertos, cuatro vasos de licor, un juego de vajilla de cerámica, 6 platos playos, una bandeja de vidrio y mercaderías varias. Soria agregó que también le secuestraron comestibles no perecederos (azúcar, yerba, fideos, por ejemplo), cubrecamas y sábanas.
Como no pudo justificar qué hacía con todo eso, terminó en la comisaría. Todavía no se había descubierto que Luján estaba muerta.
El hallazgo
Aproximadamente a las ocho y media de ayer, un vecino notó que faltaba un barrote de la ventana de Luján, además de dos persianas de dos metros por 1.20. Empezó a llamarla pero nadie respondió. La puerta estaba entreabierta y un reguero de sangre salía desde el interior (aparentemente uno de los agresores se lastimó durante la golpiza, por lo que se recogieron muestras para una eventual prueba de ADN). El hombre llamó al Comando, que se encontró con la casa dada vuelta. “Había un gran desorden, sangre en todos lados, incluso en algunas aberturas y en la vivienda lindera”, describió Soria.
Luján yacía en la cama de una de las dos habitaciones, donde hay un placard repleto de sifones de soda. Llevaba sólo una camisa, al parecer su ropa de dormir. Le faltaban muchas pertenencias, por lo que los policías asociaron que el menor detenido horas antes podría tener vinculación con el hecho. Una vecina reconoció los elementos secuestrados como pertenecientes a la víctima. “El chico, agobiado, confesó que había ido a robar con otros cuatro, pero alegó que él se quedó afuera, como campana”, contó Corbellini.
Con los datos de los sospechosos, Homicidios, agentes del Comando y de la comisaría 12ª montaron un operativo cerrojo en la villa y detuvieron a cuatro menores en presencia de testigos, en su mayoría los propios padres. “No opusieron resistencia y hasta nos dieron las cosas sustraídas”, relató Sosa. En Campbell y la vía cayó El Bicho, de 14 años. En Pedro Lino Funes y Casilda un pibe de la misma edad y otro de 16 al que apodan El Toto. Finalmente, en pasaje Gandhi al 6000 fue atrapado el cuarto adolescente, de 16 años.
Todos viven a tres o cuatro cuadras de la casa saqueada y según la policía tienen antecedentes. Los padres contaron a los investigadores que sus chicos llegaron de madrugada con los pesados electrodomésticos (se calcula que usaron las persianas como medio de transporte, de hecho una de las hojas apareció tirada en la zona). Los adultos hicieron entrega de un alhajero con joyas de fantasía, ropa, dos palas y utensilios de cocina.
La investigación
Alrededor de las 10.30 llegó al lugar el juez de Menores en feria, Jorge Cartelle, su secretaria y la fiscal Alba Olmos. Inspeccionaron la escena en un marco de profunda desazón de vecinos y familiares. Susana Luján no tenía hijos pero sí sobrinos que solían visitarla y un hermano, Jorge. “Esto es algo inexplicable”, dijo el hombre compungido. “Espero que no entren y salgan, que queden adentro”, agregó al enterarse de que cinco menores estaban detenidos. Sobre el mediodía, el cadáver fue trasladado al Instituto Médico Legal para la correspondiente autopsia.
Por la tarde, los jóvenes coincidieron que uno de los pibes de 16 años se encerró con la mujer en su dormitorio. Otro lo comprometió diciendo que antes lo había visto amenazándola con el palo de escoba. Todos están imputados del delito de robo agravado (por actuar en banda) seguido de muerte.
De las tardes tranquilas al terror constante
A Susana Luján la recordaron ayer sentada en el tapialito de su casa, donde le gustaba quedarse por la tarde y conversar con los transeúntes. Últimamente pasaba mucho tiempo en la vivienda porque estaba algo intimidada a propósito de los robos reiterados y triste por perder a su compañera, una perrita a la que sacaba a pasear todas las mañanas a las siete. “Estaba bien de salud, con los achaques normales de la edad, pero siempre con ganas de ayudar a todo el mundo”, la evocó su vecina Alicia con pena. “Charlaba mucho con ella y una vez le pregunté por qué no se buscaba una señora que la acompañara por lo menos de noche, porque cada vez que le entraban le sacaban de todo”, siguió la mujer. “Me contestó: «No, querida, para qué, si me quieren robar me van a robar igual»”. Luján también había confesado que en caso de tener dinero se hubiera mudado a Funes o a otro barrio más seguro. “Pero esto es lo que me dejó mi papá, acá voy a vivir hasta el día que me muera”, se decidió. Y allí murió, de la peor manera.
“La destrozaron, la humillaron, sin necesidad. ¿Por qué no se llevaron las cosas y nadas más?”, se preguntó Alicia, haciendo una enumeración de los atracos y arrebatos en el barrio. Por esas calles en muchas ocasiones Luján deambuló para ir al centro de jubilados de Santa Fe y Fraga en el que colaboraba o para llevarle alimentos a las personas que no podían llegarse hasta allí a buscar bolsones.
“¿Qué tenemos que hacer, armarnos con escopetas”?
Alrededor de unas setenta personas se congregaron al atardecer en Navarro y Magallanes, a unos metros de la casa donde una anciana fue asesinada a palos por una banda de adolescentes. Además de deliberar sobre el crimen horrendo que se llevó la vida de Susana Luján, los habitantes de Ludueña Sur increparon al jefe del Comando Radioeléctrico, Hernán Brest, a quien habían convocado para exponerle los numerosos robos y hechos de violencia ocurridos en la zona. Además, reclamaron por “las políticas preventivas” y exigieron la presencia del Ministerio de Gobierno
El funcionario policial escuchó atentamente las demandas por más seguridad planteadas por los vecinos y prometió elevarlas a su superiores, aunque no llegó a calmar la encendida protesta. “¿Qué tenemos qué hacer? ¿Armarnos con escopetas”, le preguntó uno de los presentes al comisario quien le respondió en forma inmediata: “La decisión es de ustedes, yo no voy a decirle que no lo haga”. Los vecinos apuntaron a esa zona como “muy peligrosa” porque allí se dan cita “numerosos delincuentes para drogarse y planear robos constantes a la viviendas”. También manifestaron que cuando avisan a las autoridades sobre situaciones riesgosas no obtienen respuesta. Más allá de las actitudes de bronca que se dispararon con el asesinato de la anciana, muchos de los vecinos presentes pidieron mayor presencia policial en las calles del barrio. “Nosotros sabemos los nombres de los chorros que están allá y vienen a robar acá”, decía una mujer mientras señalaba la villa de Solís y Magallanes, ubicada a doscientos metros. De todas formas, muchos señalaron que “no se trata de una guerra de pobres contra pobres”, sino de que “la policía atienda los reclamos” cuando ellos señalan a los delincuentes.
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