ADVIRTIERON QUE DESCONGELAR EL PRECIO DE LA NAFTA PUEDE DESALENTAR LA INVERSIÓN
Por más que el precio internacional del barril de petróleo bate marcas históricas -en términos nominales-, el valor de los combustibles en la Argentina se mantiene inmóvil gracias a medidas políticas como las retenciones a las exportaciones, que el Gobierno amenazó con volver a subir si las petroleras aumentan el precio de sus productos.
No obstante, expertos de diversas corrientes ideológicas advierten que el congelamiento del valor de las naftas y de otros combustibles tiene un efecto de corto plazo que no podrá ser sostenido. Además, dentro de tres a siete años el país se convertirá en importador neto de crudo y sus derivados. En ese momento, el precio de los combustibles estará librado al vaivén del mercado internacional.
El ex secretario de Energía Daniel Montamat opinó que “técnicamente” las naftas y el gasoil deberían costar más en el mercado interno. Según sus cálculos, los valores actuales se corresponden con la cotización del petróleo de 2004, cuando el barril estaba a US$ 45 en el exterior y a US$ 21,45 en la Argentina por el efecto de la retención del 45% y del descuento por la menor calidad del líquido local, pero no se condice con un petróleo que hoy vale unos US$ 68 en el mundo y US$ 34,65 aquí. En términos reales, el precio del barril aún no alcanzó su récord de los 80, cuando superó los US$ 84.
Las compañías integradas, que producen petróleo, lo refinan y comercializan, como Repsol YPF y Petrobras, equilibran sus menores ingresos en la Argentina con la exportación de crudo, cuyo costo de producción local asciende a apenas a US$ 10 por barril. Las exclusivamente refinadoras y comercializadoras, como Esso y Shell, en cambio, enfrentan el mayor costo de su principal insumo, el petróleo, por lo que pierden en el mercado doméstico, según Montamat. Logran compensar sus cuentas con el siguiente negocio: compran aquí el crudo a un precio 45% inferior al internacional y exportan naftas con una retención de sólo el 5 por ciento.
“Pero al margen de los intereses de cada una, necesitamos que haya inversión porque si no este congelamiento es pan para hoy y hambre para mañana”, advirtió el ex secretario de Energía, en alusión a que las retenciones y el congelamiento de los precios locales vienen desalentando la exploración hidrocarburífera. Y recordó que el país ya compra en el exterior el fuel oil para sus centrales eléctricas y el gasoil para la cosecha gruesa, pero vaticinó que en tres años se convertirá en un “importador neto y los precios externos se meterán por la ventana o habrá que subsidiarlos”. Por eso recomendó que los valores se vayan poniendo a tono con los del extranjero.
Presión poselectoral
Otros analistas, en cambio, consideran que las petroleras no tienen motivo para elevar los precios, pero también advierten que la política del Gobierno es cortoplacista. “No podemos subir más la inflación cuando una economía está frágil, pero esta decisión tiene un costo”, observó el prosecretario del Instituto Argentino de la Energía General Mosconi, Gerardo Rabinovich.
“Mientras la Argentina siga como exportadora, pueden compensarse los precios internos, pero la inversión irá cayendo y en siete años podemos ser importadores netos. O nos desconectamos del mercado internacional, como hasta ahora, o nos conectamos en forma amortiguada y con una política de largo plazo”, asevera Rabinovich. El experto advirtió que el valor internacional promedio del barril en lo que va del año es de US$ 55 y aun en el caso de elevarse a 60, “las petroleras pueden mantener los precios ” en la Argentina, pero prevé que presionarán por alzas tras las elecciones.
“No hay motivo legal, político o económico para que suban los combustibles”, alegó el vicepresidente del Movimiento para la Recuperación de la Energía Nacional Orientadora (Moreno), Gustavo Calleja. El analista opinó que las petroleras “tienen margen de sobra por el excelente negocio exportador” y argumentó que un encarecimiento iría en contra de la ley de emergencia económica, que mantiene la prohibición de la indexación y de una estrategia de “independencia económica”.
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