AFIRMAN QUE EL RELLENO SANITARIO DE LA CIUDAD TIENE CAPACIDAD PARA 6 AÑOS MÁS
Desde 1997 funciona en Altos del Valle la planta de disposición final de residuos de la ciudad de Santa Fe, en donde se utiliza el método de relleno sanitario.
Está situada en la parte norte de la ciudad, próximo al límite del municipio, sobre Callejón El Sable, entre avenida Peñaloza y Dr. Zavalla, y la tarea es responsabilidad conjunta de la Municipalidad y de la empresa Milicic SA a cargo de la concesión.
El contrato estipula un plazo inicial de siete años, por lo cual vencería en algunos meses, pero se prevé una prórroga de tres años más, siempre y cuando las condiciones del terreno así lo permitan.
La capacidad total del predio de disposición final es de 10 hectáreas y permite la recepción de 1.200.000 toneladas de basura. Hasta el momento se han arrojado 500 mil toneladas, un promedio de 70 mil por año.
No gestar otro impacto
A pesar de los reparos de los vecinos de la zona por los inconvenientes que la actividad de la planta les ocasiona, la opinión del Ing. Mauro Cabrero, verificador de la obra de relleno sanitario de la Dirección de Higiene y Control Ambiental de la Municipalidad, es que “si ya se ha impactado un lugar, conviene enfatizar el trabajo para disminuir los problemas allí y no generar impacto ambiental en otra zona, porque hay que reconocer que la basura acumulada genera malos olores, moscas, y el movimiento continuo de camiones”.
De todos modos, la decisión final de que continúe por tres años más la actividad en ese predio estará en manos del ejecutivo municipal. “Técnicamente, este relleno sanitario permite seguir trabajando por seis años más, no sólo tres como prevé el contrato. Hay que tener en cuenta que está situado lo más al norte que se puede -la ciudad termina 600 metros al norte- y no ofrece tantas alternativas, por lo que habría que convencer a otro municipio para que reciba la basura de Santa Fe. Mi opinión es que hay que terminar acá, trabajando sobre las debilidades para disminuir los impactos”, aseguró Cabrero.
Para el profesional, luego habría que concretar un relleno con características regionales, atendiendo las necesidades de Recreo, Monte Vera, Colastiné Norte, y Santa Fe: “No es razonable que teniendo una ciudad al lado de la otra haya dos volcaderos de residuos. Si hay un conjunto urbano hay que abordar el tema de residuos con una óptica regional porque el ambiente no termina por más que termine la jurisdicción”.
Corregir debilidades
Cabrero anunció que trabaja en un proyecto con especialistas de la Universidad Tecnológica Nacional para disminuir los olores nauseabundos que provoca el trabajo de la planta y la acumulación de residuos, el cual podría empezar a aplicarse este año.
Consiste en colocar quemadores en los venteos para quemar el metano que se va con el sulfuro. “No es costoso pero requiere trabajo. No garantiza que no habrá olor”, dijo.
Hasta ahora sólo se cubre cada capa de basura con polietileno y con tierra. “Si comparamos el olor que surge de esta planta con las de otras ciudades, aquí es mucho menor, no es algo permanente. Si los vecinos convivieran todos los días con el olor no podrían vivir, ya se hubieran ido de acá”, opinó.
También se combate la presencia de moscas fumigando con productos de baja toxicidad y de roedores, utilizando rodenticidas.
Para prevenir la filtración de líquidos, se hizo en la base una impermeabilización colocando un plástico negro, un polietileno de 1 mm de espesor. Esto contiene los líquidos. Cuando se produce alguna fugas se colectan y se regresan al sistema.
El sistema
El relleno sanitario es un sistema que se empezó a utilizar en California, EE.UU., a principios del siglo XX. Consiste en disponer en capas los residuos sobre depresiones naturales del terreno o excavadas con ese propósito. Luego se la compacta, se la cubre con tierra y se deja que los procesos naturales, es decir, las bacterias que están en el medio, trabajen y produzcan la degradación.
El cementerio de la inundación
La planta de relleno sanitario sepulta la basura que diariamente produce la ciudad. Desde que comenzó a funcionar, hace casi 7 años, la parva de desperdicios creció asombrosamente, escondiendo bajo tierra unas 500 mil toneladas.
Durante la inundación, cuando un tercio de la ciudad se vio obligada a sacar a la calle sus muebles, colchones y pertenencias más preciadas, el trabajo en la planta creció en forma alarmante.
Durante los tres meses siguientes a la catástrofe se generaron 35 mil toneladas extra de basura, aunque la mayor cantidad llegó durante el mes de mayo. Si en tiempos normales llegan al relleno 200 toneladas diarias -ésa es la media histórica-, por esos días caóticos se recibieron hasta 1.200 toneladas.
En 2002 se procesaron 67 mil toneladas, en tanto que en 2003, 100 mil.
Allí quedaron sepultadas las pertenencias destruidas y los recuerdos mojados de un tercio de la población santafesina.
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