AFIRMAN QUE LOS HACKERS CONTRATADOS POR EMPRESAS NO SON BUENOS EMPLEADOS
Son jóvenes talentosos en el rubro de la informática. Se trata de los hackers que con sus fechorías (creación de virus informáticos, gusanos, introducirse ilegalmente en sistemas de empresas) representan un gran dolor de cabeza para los millones de usuarios de computadoras en todo el mundo. Sin embargo, gracias a esos conocimientos, muchas de estas personas son seducidas por grandes compañías para pasarse a sus filas y convertirse, así, en protectores en vez de atacantes.
Parecería una ecuación perfecta con el clásico “todos ganan”, sin embargo, para los expertos en seguridad informática, los piratas informáticos “arrepentidos” no son buenos empleados pese a sus excelentes conocimientos sobre los sistemas informáticos y su protección, ya que aunque estén arrepentidos tienen dificultades para someterse a las reglas de las empresas.
“Obviamente es muy interesante tener una persona capaz de detectar los fallos (de un sistema) y el conocimiento de un pirata informático es muy valioso”, explicó Louise Yngstroem, profesor de seguridad informática en la Universidad de Estocolmo, Suecia.
Los hackers “lanzan ataques cada vez más sofisticados con el objetivo de comprometer las informaciones relativas a las empresas o identidades privadas”, estimó recientemente el director adjunto del gigante estadounidense de la seguridad informática Symantec.
La filosofía de estas personas es muy diversa, algunos de ellos se ven a sí mismos como buenas personas que, con sus ataques, sólo quieren hacer saber a las empresas sobre sus fallas de seguridad y, de esta manera, esperan llamar la atención para ser contratados. Pero en general, esto no funciona.
Además, como explica Mikko Hyppoenen, director de investigación antivirus de la sociedad finlandesa F-Secure, que se ocupa de seguridad en Internet “contratar a piratas informáticos da una mala imagen a una empresa”.
Sin embargo, son varios y conocidos los casos de hackers que son contratados por las empresas que infectan. Uno de los casos conocidos es el del alemán Sven Jaschan, que con sólo 18 años creó, en mayo de 2004, el gusano Sasser que infectó a millones de ordenadores en todo el mundo, pero Jaschan tuvo suerte y logró se contratado por una empresa alemana de protección informática.
No corrió el mismo destino, un joven húngaro de 26 años que se introdujo ilegalmente en los sistemas del fabricante sueco de equipamiento en telecomunicaciones Ericsson y tuvo acceso a documentos clasificados como confidenciales.
El objetivo del hombre, como después declaró, era mostrarle a la empresa sobre sus fallas de seguridad y seducirlos con sus conocimientos para ser contratado. Pero el tiro le salió mal, y fue condenado a tres años de prisión por “espionaje industrial grave y uso ilegal de informaciones secretas”.
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