AGENTE PROCESADO COMO PARTÍCIPE DE UN SANGRIENTO ROBO EN EMPALME GRANEROS
Un agente de la policía provincial fue procesado como partícipe primario y un vecino suyo como autor material de un sangriento asalto a una distribuidora de golosinas de Empalme Graneros en el que fue abatido un delincuente y heridos de gravedad un custodio y un empleado. El dictamen fue firmado por la jueza de instrucción Nº6, Raquel Cosgaya, pero no está firme ya que fue apelado por los defensores de los imputados.
El atraco ocurrió el sábado 12 de noviembre pasado en el local ubicado en Génova y Cullen, casi en el límite de los barrios Empalme Graneros y Larrea. A las 19.50, cuando los empleados de la distribuidora realizaban el arqueo de cajas y embalaban la mercadería tras cerrar un día de trabajo, dos delincuentes armados aprovecharon que Sergio Vivero, empleado del negocio, ingresaba por una puerta lateral.
El golpe fue cruento desde el inicio. Uno de los delincuentes, sin mediar advertencia alguna, le disparó a Vivero un tiro por la espalda. El estampido alertó al vigilador privado del lugar, José Orrego, quien salió a enfrentarse con los hampones. Fue literalmente un duelo a sangre y fuego. Tras el tiroteo, el vigilador terminó con un balazo en el tórax y otro en una mano. En tanto, uno de los maleantes, Cristian Ricardo Ayala, de 25 años, cayó muerto con un disparo en el rostro. El otro alcanzó a escapar, pero se entregó días después.
Esa misma noche, la policía llegó hasta el primer sospechoso de haber participado en el atraco. Ariel Martín Alejandro Nievas, un agente de 25 años quien hasta ese día trabajaba en la seccional 21ª, fue detenido por personal de Investigaciones cuando circulaba en su Ford Falcon verde con vidrios polarizados por Carrasco al 1900.
La policía llegó hasta él por testigos que declararon haber visto ese auto a pocos metros de la distribuidora, según informó en aquel momento la propia Brigada de Investigaciones. Nievas, al prestar declaración indagatoria ante la jueza Cosgaya, negó su participación en el hecho, aunque admitió haber llevado a los delincuentes hasta el lugar del hecho.
Nievas declaró que conocía a los ladrones porque eran vecinos del barrio y que, al menos con uno de ellos, jugó un par de veces al fútbol. Según su versión, aquella tardecita Ayala y Claudio Daniel Borelli le pidieron prestado el auto a Nievas. El agente se negó, pero en cambio ofreció llevarlos, supuestamente sin saber las verdaderas intenciones de sus conocidos.
De acuerdo a esa historia, Nievas se detuvo frente a un quiosco ubicado a media cuadra de la distribuidora. Allí Ayala y Borelli le pidieron que los esperara unos minutos dentro del auto. Luego de que los bajaran del coche, el policía se puso a escuchar música a un volumen tan alto que supuestamente no escuchó la balacera que se desató segundos después a pocos metros de donde estaba.
Nievas relató en Tribunales que se dio cuenta de lo que sucedía cuando vio salir corriendo a Borelli, quien gritaba “lo mataron, lo mataron”. Entonces bajó del auto y se dirigió hacia el lugar de donde vio salir a Borelli. Allí se encontró con dos hombres heridos y con Ayala bañado en sangre y ya muerto. Fue allí en que se habría identificado como policía y que supuestamente pidió que llamaran a un médico.
Pero más adelante su versión en este punto es endeble. El policía reconoció que en el lugar, junto al cuerpo del maleante muerto, encontró su pistola nueve milímetros reglamentaria. Que la recogió y que se marchó para buscar el ladrón. Pero su coartada no cerró para la jueza Cosgaya, quien al cabo de la instrucción del sumario lo acusó de ser partícipe necesario del golpe. Es decir que para la jueza, Nievas tuvo un rol fundamental para que Ayala y Borell pudieran cometer el asalto.
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