AGÓNICA VICTORIA DEL JUVENIL
Con sabor a angustia. Y a culpa, también. Porque Argentina ganó en tiempo de descuento y, para colmo, con un penal que no fue y que dejó a los jugadores de Uzbequistán. Argentina se encontró en desventaja casi sin darse cuenta. Porque recién se estaba armando el partido cuando el árbitro sancionó un tiro libre a tres metros del áres. De izquierda a derecha. Geynrikh, un nueve de lo más atrevido, le pegó con justeza, por encima de la barrera, y pese a que el arquero Eberto alcanzó a manotearla, la pelota se coló junto a un ángulo.
Sorpresa grande, a esa altura. Porque en la previa, aquí, allá y en todos lados, los cálculos eran por cuántos iba a ganar Argentina. Y de golpe estos muchachos de Uzbekistán le estaban ganando a los campeones del mundo. Y como si fuese poco, jugaron diez minutos posteriores a ese golazo en terreno argentino. ¿El mundo del revés? Sí, algo de eso parecía.
Para colmo, los de Tocalli mostraron en el arranque los mismos problemas que tuvieron en buena parte del partido con los españoles. Querían hacer todo a mil por hora, con una extrema aceleración que no conducía a otro lado que al error.
Cangele, por ejemplo, tardó en darse cuenta de que debía mostrarse y pedir siempre la pelota. Montillo se dejó absorver por la marca y entonces pasó a tener un protagonismo importante el pibe Ferreyra, que terminaba todas las jugadas igual: con un centro cruzado, de afuera hacia adentro. Uno bien, dos también. Pero en el tercero dejó de ser sorpresa y lo único que terminó haciendo fue simplificar los despejes de los centrales. ¿Cavenaghi? Tocó pocas pelotas. La más clara la mandó legítimamente adentro, pero el línea interpretó que hubo posición adelantada.
En los minutos finales del primer tiempo, parecía que el empate se caía de maduro. Pero siempre se apostó al centro salvador, en lugar de tocar corto y por abajo.
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