AGUA QUE HAS DE BEBER
La paleta sonora de Pedro Aznar contiene algunos de los colores más finos de la música argentina contemporánea. Con un prestigio cimentado en una trayectoria impecable, que comenzó en la adolescencia de este virtuoso bajista, cuando incursionó en los grupos de rock progresivo “Corazón de Madre Atómica” y “Alas”, y que dio un salto colosal cuando integró el mítico Seru Giran. Luego, deslumbró al prestigioso Pat Metheny quien lo sumo a su grupo y le dio estatura internacional. Y como si esto fuera poco, desde mediados de los años 80’ fascina a los melómanos con su carrera solista, donde se ha animado a musicalizar poemas de Borges, ha recreado piezas memorables del cancionero folclórico argentino y ha indagado en la crónica urbana, el tango, el jazz, el rock y los ritmos rioplatenses, sin caer nunca en los clishés de cada uno de los géneros.
Cuando uno recibe un trabajo musical de Pedro Aznar sabe de antemano que la seriedad del proyecto, el talento de los músicos que lo integran, la infatigable búsqueda estética y el buen gusto, son condimentos consustánciales de sus discos. “Aznar canta a brasil”, su nuevo CD, no escapa a estas premisas. Este disco doble, registrado en vivo en el teatro ND/Ateneo en el verano del 2005, que repasa casi íntegramente en castellano, obras de Chico Buarque, Caetano Veloso, Lenine, Cazuza, Antonio Carlos Jobim, Vinicius de Moraes, Milton Nacimiento y Egberto Gismonti, propone un particular viaje por la escena sonora de la música brasileña post Bossa nova. En entrevistas, Aznar reflexionaba de la siguiente manera: “Lo que me decidió a encarar este trabajo fue hacerlo desde mi identidad. Y por eso el puntapié inicial del proyecto son las versiones al castellano, eso fue lo primero que apareció. Me tomé la libertad de no hacer traducciones literales, las pasé a nuestro lenguaje y a nuestro sentir, como si hubieran sido historias escritas hoy y acá. Cuando Caetano habla de Pernambuco, por ejemplo, yo lo paso a La Boca”.
En aquel memorable recital que se transformó en disco lo acompañaron el tecladista Andrés Beeuwsaert, el percusionista Facundo Guevara, invocado por los entendidos como uno de los mejores de la música popular argentina y en algunos temas toca como músico invitado el prestigioso trompetista Juan Cruz Urquiza.
La selección musical trabajada con un espíritu nada contemplativo integra temas de Milton Nascimento como “Invento el mar”, de Lenine como “Alcira y la torre”, pasando por “Quereres” de Caetano, “Rosa de Hiroshima” de Vinicius, “Agua y vino” de Gismonti, “Ideología” de Cazuza, y “Mi gurí” de Chico Buarque.
Salvo un puñado de clásicos como “Dindi” de Tom Jobim, “La paz” de Gilberto Gil y “El faro de los ahogados” de Hervert Viana, los veinte temas restantes son canciones poco conocidas, que rompen con el repertorio de música brasileña que se popularizó en nuestro país. Lejos de elegir canciones efectistas, Pedro Aznar se jugó a realizar un disco que bucea en las profundidades del cálido mar de la música brasileña.
Cuando los periodistas lo consultaron por el criterio de selección del materia el ex seru giran explicaba: “La elección de los tema fue por autores favoritos y no por el éxito que hayan tenido en su momento. Es cierto, muchas de estas canciones no han tenido gran difusión, otras sí. Me gustó la idea de hacer algo que tenga más que ver con un recorrido emocional personal, temas que tienen que ver con mi historia y con la del descubrimiento de esos artistas a los que versiono. Además, éste es claramente un disco post bossa nova: a pesar de que hay un samba, una bossa nova preciosa de Jobim y una suerte de neo bossa de Caetano Veloso, el resto es una recorrida por lo que pasó en la música brasileña después de esa revolución que fue la bossa. Es un área que aún está poco explorada en la Argentina”.
Entre los temas “desconocidos” uno de los más inquietantes del disco se llama “La carne”, letra y música que denuncia con vehemencia y furia la explotación de los negros en brasil. Sus autores son Marcelo Yuca – Seu Jorge – W Capellette.
En este nuevo trabajo discográfico, Pedro Aznar, nos regala un disco precioso, nos permite conocer algunos compositores muy interesantes del brasil y nos ilusiona con sus próximas producciones, porque los amantes de la buena música sabemos que sus discos, entre tantos ríos contaminados de mediocridad son agua cristalina recomendable de beber.
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