Agua y sangre
Hace diez años, mientras Carlos Menem devastaba un país que se llamaba Argentina; Chile, un país no siempre buen vecino, pero vecino al fin, puso otra vez en la superficie una discusión: la de la Laguna del Desierto, un lugar fronterizo en la provincia de Santa Cruz que venía de un litigio de larga data y que alguna vez fue escenario de una muerte absurda.
En 1965 una patrulla de carabineros chilenos armó un campamento cerca de la Laguna del Desierto y enarboló la bandera roja, blanca y azul con la estrella en el ángulo superior izquierdo. Los gendarmes argentinos intercambiaron disparos con los acampantes y uno de los soldados trasandinos cayó víctima de una bala. Las tierras de la discordia pertenecían a una familia de apellido Arbilla, cuyos descendientes aún pueblan la zona.
Ahora ahí hay una placa. Pero, ¿qué es la Laguna del Desierto, el sitio de la muerte aquella que nadie recuerda? Es un espejo de agua en medio de la Cordillera, en una zona enmarañada y de difícil acceso, rodeado de una vegetación exuberante y con un puesto de gendarmería como toda señal de la presencia humana por la zona. Además, para certificar que efectivamente es nuestra, una agencia de turismo promociona paseos en lancha por la zona conflictiva.
Antes, cuando el conflicto no alcanzaba a mayores, ni siquiera era posible llegar por caminos hechos ruta. Ahora, siempre a nombre de la soberanía, han construido uno. Es una picada, con una laguna en el medio que hay que sortear encomendándose al ánima del soldado muerto y con un paisaje cuya hermosura ha sido retratada varias veces en cada uno de nuestros relatos cordilleranos.
Es curioso, pero mientras muchas veces los gobiernos de Argentina y Chile litigan por tierras desde sus escritorios en Santiago o en Buenos Aires, en el sur, argentinos y chilenos conviven desde tiempos ancestrales, sin trajes de gendarmes o carabineros, sino con el único uniforme que los mismos gobiernos que litigan por la tierra les confieren: el de obreros de la pobreza, sin que importe aquí ya si son chilenos o argentinos.
Carlos Menem salió airoso del litigio y la Laguna del Desierto –bonito, escondido lugar- quedó para los que vivimos de este lado de la cordillera. Al costado de la placa que recuerda al carabinero chileno muerto será preciso colocar otra que explique que este es el único lugar de un país que se llamaba Argentina que no fue vendido por Carlos Menem.
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