Aguas provinciales
Para tomar contacto con esta simbólica anécdota histórica, vale la pena detenerse en los sitios que se elegían para fundar pueblos, después de la Conquista del Desierto. En ese sentido, uno de los aspectos principales era la cercanía de agua potable. También es conveniente considerar la situación geográfica de General Acha y la de Santa Rosa, llamada hasta 1958 Santa Rosa de Toay.
Los inmigrantes que llegaban como pioneros, bajaban de los barcos en Buenos Aires. De modo que el arribo a La Pampa se producía por lo que hoy es la Ruta Nacional 5. O sea, para acceder al oeste, a las tierras fértiles, primero había que pasar por Santa Rosa. En general, los carruajes tenían como destino final la ciudad de Acha, que era la capital, pero muchos quedaban en el camino.
Sucedía que don Tomas Mason, cuando las carretas paraban a abastecerse antes de proseguir la marcha, les daba de probar el agua “del lugar”, que no tenía parangón. En otro frasco, además, les “ofrecía” el agua que iban a tomar si iban hasta Acha, considerablemente de menor calidad. Cuentan que la mayoría de los gringos accedían a quedarse, en virtud de que el líquido elemento era vital para sus aspiraciones de desarrollarse en una zona todavía inhóspita.
Y dicen también que los frascos de la comparación viajaron a Buenos Aires y fueron importantes para la decisión del gobierno nacional de entregarle la capital a Santa Rosa. Sólo que don Tomas Mason hacía trampa. El agua que daba como buena no era de Santa Rosa sino de Acha. El que era de Santa Rosa era el otro frasco, el de líquido turbio.
Quizás con este hecho nació la viveza criolla.
Lo cierto es que pasaron muchos años, tantos que la comprobación llegó hace muy poco, hasta que un organismo nacional competente determinó que el agua que beben los habitantes de General Acha es “casi mineral”, muy superior al que consumen en Santa Rosa y uno de los mejores del país. Claro, en perjuicio de Acha, el primero que lo supo fue el pícaro de Tomas Mason.
Por estos días, las peleas por el agua dulce, ya no pretenden dirimir el pleito entre dos ciudades enfrentadas, sino que ocupan la agenda de los principales países del mundo. En toda la Argentina –ya no en La Pampa- hay gringos comprando lagos enteros, quizás calculando el día no muy lejano en el que nos vuelvan a cambiar el frasquito. Pero ahora no habrá retorno.
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