Ahora, las voces
Al fin.
Es la única exclamación sincera que puede sintetizar el impacto que me causó la noticia. La Corte rechazó el candado impuesto por la Justicia mendocina- reprsentada en la figura de un Magistrado que es vecino de country del dueño de uno de los principales Grupos de Medios afectados por la nueva ley- y desde este mismo instante, comienza a regir la "nueva ley de medios".
Demasiado se dijo durante el debate en el Congreso. Mucho más durante las audiencias públicas que se convocaron al efecto, y aún más, mientras rigió la suspensión de la justicia mendocina. Ahora es la hora de los hechos… ¿ y cuales son los hechos?
Durante décadas hablamos de la concentración de medios en Argentina. Basta con repasar el mapa de propietarios de los grandes medios en Buenos Aires y en las principales ciudades del interior, para comprender cuanto se había agudizado el proceso de reducción de voces a merced de un puñado de patrones, que, mal que le pese a algunas oportunas oposiciones, son los que resolveiron y aún resuelven, que discutimos y que no en el Argentina..
Los alcances de la concentración del poder de la comunicación, bien podrian sintetizarse en un ejemplo político que vino a desentrañarse durante la sangría del debate: En el pais hay, entre otras cosas, apropiadores de primera y apropiadores de segunda, dependiendo el nombre del apropiador.
Lo mismo da que la prenda en robo sea una empresa de papel prensa o los hijos de desaparecidos- asesinados durante la dictadura. Los nombres tomarán o no conocimiento público, si los dueños de los medios así lo autorizan. O más, si los dueños de esos medios, oh casualidad, no terminan siendo los mismos apropiadores.
Se acaban algunos silencios, y sinceramente, me importa poco que el precio sea hacer olas a favor del gobierno nacional. Y más: si los argumentos que sostienen algunos "progresistas" para rechazar la vigencia de la ley pasa por acusar a la ley "solo" como una hija del despecho entre Nestor y Clarin, pues bienvenido sea ese despecho, y el fin de esa sociedad.
Mas temprano que tarde este gobierno mutará en otros, y ojalá entonces, la comunicación de los argentinos ya sea como en la gran mayoria de los paises serios: un negocio mucho mejor repartido, con muchos menores margenes para la operación económica y politica de la nación.
Basta recordar algunos hechos de la reciente vida política del país, para comprender que sencillo resultaba imponer presidentes o deponerlos, agigantar u ocultar conflictos; exagerar o reducir a lo invisible algunos acontecimientos, desde uno o dos despachos particulares.
Ahora es el tiempo de los hechos. La imperiosa necesidad de ocupar los espacios tal como los prevee la ley. El tiempo del resquebrajamiento de los imperios mutimedias. Es el tiempo de muchos dueños, de muchas lineas de pensamiento. De muchas voces, de todas las voces.
Al fin…
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