Ahora llamáme Cañadón
Nadie va a Gobernador Gregores de casualidad. No es de esos pueblos que quedan en el camino, a los que uno puede acudir porque tuvo un contratiempo o a descansar de las vicisitudes que propone una ruta complica. Gregores está ubicado en el centro geográfico de una provincia que fue edificada a la vera de la cordillera y a la vera del mar, de modo que ir a Gregores supone “querer ir”.
Tiempo atrás, los pobladores de Gregores –que no superan los 3500- se quejaban de que pocos querían llegarse hasta un lugar separado de sus vecinos por 200 difíciles kilómetros. Pero ahora llegó una compañía para la explotación minera y, aunque muchos han venido con ella a Gregores, la gente se queja porque duda de los provechos que el pueblo pueda sacar del arribo de estos forasteros.
Pero lo más jugoso es que en Gregores, pocas cosas se llaman Gregores. Los negocios, los recuerdos, las instituciones suelen llamarse Cañadón León, como se llamaba el pueblo antes de ser Gobernador Gregores. La historia parió cuando Santa Cruz estaba por dejar de ser “Territorio Nacional” para convertirse en “Provincia”. Cañadón León aspiraba a ocupar el lugar de “capital”, por su ubicación geográfica.
Entonces se dijo que no se podía ser capital de una provincia con semejante nombre, casi vulgar, y se buscó el de Gregores, un tipo inobjetable en la zona, pero que no había prestado su nombre desde el alumbramiento. Quizás por eso sucedió lo que sucede siempre con las cosas que se ocultan. Como las raíces de los árboles tapadas por las veredas que más temprano que tarde se sublevan, a este lugar le está pasando.
Será por eso que el pueblo fue al rescate de su nombre original, que lo utiliza por encima de lo que digan los papeles y que rememora viejas leyendas de pumas escondidos en lo alto de la montaña. Mientras, a paso felinesco, ahora acecha la minera Tritón, de la que quizás el tiempo haga hablar más que de Cañadón León o de Gregores. Es interesante ver cómo llegan con sus garras estas empresas a los lugares más remotos. Ante la experiencia fallida en Esquel, ahora están más precavidas.
Proponen una suerte de contrato social con las poblaciones, sus instituciones, su gente. Ofrecen empleo donde no abunda y ocupan la hotelería o compran productos regionales. Nada de este gasto se compara con lo que se llevan, con el impacto ambiental que pocas veces se mire o con los beneficiosos contratos que obtienen por anuentes leyes menemistas. Será porque nadie a Gobernadores Gregores de casualidad.
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