AHORA TODOS CORREN POR BETA
La tormenta tropical Beta, la última que se formó en la peor temporada de ciclones del Caribe, avanzaba ayer hacia Nicaragua, en cuya frontera con Honduras se espera que toque tierra mañana ya convertida en huracán.
Beta provocaba ayer vientos de 100 kilómetros por hora, pero en las próximas horas se convertiría en el decimotercer ciclón de la temporada en el Atlántico Norte, si sus ráfagas superan los 118 kilómetros por hora, según informó el Centro Nacional de Huracanes (CNH) de Estados Unidos.
Esa región ya fue golpeada la semana pasada por la furia del Wilma, que dejó millonarios destrozos y varios muertos en México y, luego, en Estados Unidos.
Nervioso, el gobierno de Nicaragua inició ayer la evacuación de unos 12.000 habitantes de la costa norte, donde se espera el impacto de Beta, que además podría causar desbordes de ríos, deslaves e inundaciones en gran parte del país.
Se prevé que Beta afecte con intensas lluvias y vientos una amplia franja del litoral nicaragüense, desde Prinzapolka hasta el cabo Gracias a Dios, en la frontera con Honduras, castigando a numerosas comunidades indígenas situadas en las riberas del norteño río Coco.
“Venga lo que venga, estamos preparados para salvar vidas”, dijo el presidente Enrique Bolaños, al señalar que se mantiene la alerta amarilla en 117 municipios. Bolaños envió a la región a varios de sus ministros para coordinar la asistencia humanitaria para los refugiados. En este sentido, se están preparando 22 albergues para acoger a entre 12.000 y 18.000 personas. La operación se hacía por medios aéreos, acuáticos y terrestres aprovechando que aún no había lluvias en la zona, aunque sí oscuros nubarrones.
La costa de Nicaragua es una de las zonas más aisladas de la región, donde el transporte se realiza frecuentemente en lanchas por ríos lodosos. Está bordeada por pequeñas caletas de pescadores habitadas a su vez por tribus indígenas, como los miskitos y mayagnas, y descendientes de esclavos africanos, todos históricamente olvidados por los gobiernos “del Pacífico”, como ellos llaman al resto de Nicaragua.
En Honduras, en tanto, las autoridades declararon ayer alerta “amarilla” en la región nordeste del país, al tiempo que las autoridades de Costa Rica también mantenían un estado de alerta preventiva debido a la influencia indirecta del Beta.
Y si la tormenta sigue su curso actual, el lunes puede llegar a Guatemala, donde hace menos de un mes el huracán Stan, de categoría dos en la escala Saffir-Simpson, causó más de 1500 muertos al arrasar dos pueblos enteros. Por otro lado, Beta sufrió un ligero desvío en su curso, lo que minimizó su efecto sobre la isla colombiana de San Andrés.
“Ni un muerto”
El presidente cubano, Fidel Castro, en tanto, aclaró que su país no pidió ayuda internacional para paliar los desastres ocasionados por el huracán Wilma, pero que no objeta la visita de tres funcionarios estadounidenses con el fin de aunar fuerzas en la región ante las catástrofes naturales.
“No tenemos objeción alguna a que nos visiten los tres funcionarios para conocer sus valoraciones y sostener un intercambio sobre estos temas”, dijo Castro anteanoche en un programa de televisión cubana. Sin embargo, el líder cubano dejó en claro que su país no aceptó ni un dólar de su eterno enemigo, Estados Unidos, y aprovechó para criticar que allí “todavía no saben organizar una evacuación” mientras que, en la isla, Wilma no dejó “ni un muerto”.
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