AIMAR Y D´ALESSANDRO: LA SOCIEDAD DE LA PELOTA
Cuando se complica un partido, nada mejor que agregar fútbol y más fútbol para destrabarlo. Así es la historia desde siempre. Y así será. No hay demasiados secretos. El tema pasa por juntar a los que saben jugar, sostenidos por supuesto por un esqueleto sólido. Un ejemplo más se encontró aquí, en este clásico del Río de la Plata mudado a Florencia. Lo aportó, por suerte, la Selección Argentina. Pablo Aimar, un talentoso indiscutido, había buscado un acompañante, un socio, por un lado y por otro. Arriba, a los costados, atrás. Pero no había caso: no aparecía ninguno. Entonces, resolvió apostar a la individual. Iban 15 minutos del segundo tiempo y Pablo parecía quedarse sin aire. Sin embargo, dos minutos más tarde, hubo un cambio que cambió todo. Adentro Andrés D’Alessandro, en lugar de Juan Sebastián Verón, y… Y Aimar empezó a correr, como si renaciera físicamente. Y Argentina jugó. Y Argentina presionó sobre la salida de Uruguay, como más le gusta a Marcelo Bielsa. Y el 1-2 se hizo 3-2. Y… Y fue un placer.
Fueron sólo 28 minutos los que compartieron Aimar y D’Alessandro. Fue la primera vez que se encontraron juntos en la Selección y la tercera en sus vidas de futbolistas. Las dos anteriores, en River, habían sido hace tres años, en 2000, 14 minutos el 28 de mayo en una caída por 2 a 1 ante Unión y 18 minutos el 24 de octubre en un 2 a 0 ante la Universidad de Chile, por la Copa Mercosur. Sin embargo, como para certificar que los futbolistas sabios y talentosos no necesitan demasiado tiempo para entenderse, el Payaso y el Cabezón jugaron como si fuesen socios de toda la vida.
De arranque, Aimar se había ubicado a la izquierda de Almeyda, mientras Verón estaba como “8”. Después, ya con D’Alessandro, y también con Saviola en el campo, en la versión menos vertiginosa y más técnica del equipo, Zanetti tuvo la chance de adelantarse al medio, Almeyda quedó como “5” y Cristian González a la izquierda. Así pudieron formar la dupla creativa Aimar (del medio a la derecha) y D’Alessandro (del medio a la izquierda), con Saviola y Crespo arriba.
En este contexto, el que más sorprendió a los italianos fue D’Alessandro. Lo habían ido a ver la semana pasada, cuando el Wolfsburgo visitó al Perugia, por la Copa Intertoto, pero no habían hallado demasiadas pistas. No habían podido contestar el interrogante ¿Quién es D’Alessandro? Ayer sí que lo respondieron. Como si se hubiera contagiado del gran domingo que vivió en la Bundelisga, del 5 a 1 al Hamburgo en el que convirtió su primer gol en la liga alemana, el Cabezón la rompió. Regaló una boba, un par de tacos y mucho fútbol efectivo. Sintonizó el mismo fútbol que intentaba jugar Aimar.
Así Argentina logró transformar la derrota en victoria con dos goles que tienen que ver con el juego de Aimar y de D’Alessandro. En el que significó el 2-2, pegado a la raya izquierda, D’Alessandro se la tocó a Cristian González, quien le devolvió la pared con un taco exquisito. El Cabezón, ya como wing, mandó un centro con el efecto justo, para que la pelota se aleje del arquero y le caiga justa en la cabeza a Walter Samuel, quien la clavó en un rincón.
El grito del triunfo fue todavía más colectivo, con más toques de varios jugadores. Arrancó la jugada Placente por la izquierda, muy cerca de la mitad de la cancha. Se la tocó al Kily, quien corrió unos metros y la mandó al medio, para D’Alessandro. El Cabezón abrió a la derecha, para Aimar. Y el Payaso avanzó en diagonal y se la devolvió atrás. D’Alessandro, de primera, la ubicó lejos del arquero.
¿Se animará Marcelo Bielsa a ubicar ante Chile a esta dupla desde el arranque? Por lo de ayer, no debiera tener dudas…
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