AL HOSPITAL PROVINCIAL LLEGARON 148 MUJERES CON ABORTOS IMCOMPLETOS
En los últimos 17 años poco o nada se logró para mejorar las condiciones que eviten a las mujeres la recurrencia a los métodos abortivos que ponen en peligro sus vidas. Así se desprende de los datos que en 1986 se manejaban en el Hospital Provincial de Rosario y la comparación con los actuales -sólo una muestra de lo que sucede en otras instancias públicas de la ciudad- cuando el médico Héctor Delprato, jefe de Maternidad que sigue en ese cargo, explicaba al director de la institución en aquel año las dificultades que surgían en la atención de los casos y el estado de “disminución física en que llegaba un alto porcentaje de pacientes” con abortos incompletos. Los números se mantienen o han empeorado: mientras durante 2002 se atendieron 1500 partos en el hospital, llegaron 148 mujeres con abortos incompletos, de ellas el 24 por ciento presentaban infecciones y de ese porcentaje el 33 por ciento, es decir 10 mujeres, debieron ingresar a terapia intensiva por el estado de gravedad en el que estaban y 4 de ellas murieron, según informó el jefe del Servicio de Ginecología Alfonso Benítez Gil.
En julio de 1986 Héctor Delprato, ya era jefe de Maternidad del Hospital Provincial, envió una nota al entonces director del Provincial debido a cierto tenor de cuestionamiento porque se había asistido a 16 pacientes que llegaron con abortos incompletos en un mes. Después de 17 años ese número que fue tal vez mayor que la media habitual y que llamó la atención, es el “promedio” que hoy requiere de asistencia y llega hasta el Provincial de Rosario con hemorragias en las que se padecen distintos grados de compromiso de la salud y muchas infecciones, a veces mortales.
Durante el 2002 según los datos que menciona Delprato se registraron en el hospital 1500 partos y llegaron 150 pacientes con abortos en curso que casi en su totalidad no corresponden a las pacientes que se atienden y que se controlan en el hospital. El número que manejan los profesionales como parte de la realidad es que se presenta 1 caso de estos cada dos días.
Las mujeres que llegan con cuadros clínicos de abortos incompletos no pueden encasillarse en una única franja etárea, se trata “de mujeres fértiles de distintas edades” y la correspondencia no se da siempre en cuanto a los sectores más pobres. La modificación del núcleo poblacional que recurre al hospital y que incluye a la amplia franja que se quedó sin cobertura de obra social se traduce en la concurrencia.
De esas pacientes, como se decía hace 17 años, un porcentaje llega “en condiciones físicas disminuidas, con hemorragias abundantes o de regular intensidad, hipotensas, febriles, a veces con cuadros de varios días de evolución y con patologías agregadas al embarazo, puede ser sífilis, infección renal, hipertensión arterial y desnutrición que lo agravan aún más por lo que necesitan obligatoriamente tratamiento médico”.
Delprato señala que en 17 años nada se modificó y que en todo caso el número se mantuvo y aumentó. No se ven tantos casos de pacientes con restos de laminarias, una madera usada para dilatar el cuello del útero y producir el aborto, pero hay otro recursos para el conocimiento y también para la desesperación popular, ya que los procesos se consiguen con productos farmacológicos y por supuesto los testimonios indican que no hay mujeres que den respuesta a la pregunta acerca de qué usó.
El miedo estaba suficientemente instalado antes de los dichos del ingeniero a cargo del ministerio de Salud, Fernando Bondesío, en cuanto a que los médicos deben denunciar los casos de abortos que llegan a los hospitales públicos, por lo que es fácil imaginar que su prédica aumentará el temor y el tiempo que tarde una mujer enferma en recurrir a la asistencia médica. “Nadie lo dice, esto se oculta, se puede sospechar que sucedió pero nada más”, dice Delprato. Ese fármaco es una sustancia llamada protaglandina que aplicada provoca contracciones del útero, algo que ya está en la información popular.
-¿Por qué se concentran los casos en los fines de semana? -preguntó Rosario/12.
-En una ciudad como Nueva York donde está legalizado el aborto y según aparece en notas periodísticas, las mujeres que toman esa decisión se practican un aborto durante el fin de semana y el lunes continúan trabajando. Aquí está mal sembrado el manto de sospecha (se refiere al que planteó el ingeniero Bondesío) porque los casos se producen todos los días, puede que se presenten algunos más durante los fines de semana cuando la familia o quienes rodean a una mujer ven que se deteriora su salud y recurren al hospital de urgencia. Muchas veces llegan con fiebre y dolores y es cuando hay que practicar el ‘legrado hemostático evacuador de restos’ que si no se hiciera se pondría en riesgo la salud de la mujer.
Tanto Delprato como Benítez Gil declinan hacer comentarios sobre los sucesivos dichos del ingeniero en Salud para sembrar más pánico del que ya soportan las mujeres que deciden recurrir al aborto aún a riesgo de su propia vida. Ya no es importante polemizar cuando logró reunir en su contra las opiniones individuales de los profesionales de la salud, la de las instituciones que los representan y las de las organizaciones de género y políticas de variadas extracciones.
Por lo tanto la preocupación está centrada “en la atención que hay que dar a los pacientes del hospital”, en este caso a las mujeres. Benítez Gil corrobora el número: 148 pacientes con abortos incompletos llegaron al Provincial durante el 2002, de ese número el 24% lo hizo con infecciones y de ese porcentaje que representan 33 mujeres, 10 tuvieron que ingresar a terapia intensiva por el severo cuadro que soportaban. De ellas murieron cuatro.
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